Ni es ya fácil aceptar, en plenas webs sociales, que un político se apalanque cuatro años al frente de un ministerio o una presidencia haciéndolo rematadamente mal, ni puede aceptarse que un intermediario se lucre sin tasa. Nunca como ahora las innovaciones técnicas tuvieron tanto que ver con la comunicación, la información y la reunión interpersonal. La banca omnímoda, el político apalancado, el comerciante abusivo, aparecen hoy ante el cliente, el ciudadano o el consumidor, que lo mismo es, como figuras tan insoportables como mostrencas. ¿No sería ya hora de mandarlos al desván, desacreditarlos y, en efecto, dejarles sin el crédito insoportable que ahora contribuye perniciosamente a la indigencia y el deterioro de las vidas? Muerte, pues, a la muerte que imparte el sistema. Y vida más allá de esta Gran Crisis tan fatídica como irreversible del capitalismo funeral».
¿Se puede publicar un artículo titulado «África se abre poco a poco a los transgénicos» en el periódico presuntamente más prestigioso de España sin incluir en el texto ni un sólo punto de vista contrario a los cultivos genéticamente modificados? Sí se puede porque El País lo ha hecho hoy. ¿Se debe hacer? Pues yo creo que no. A la autora del texto, Lali Cambra, y a los responsables de editarlo les ha importado un carajo esa máxima periodística de tratar por igual las dos caras de una moneda. Incluso se han hecho poco caso a sí mismos, puesto que en el texto sí se admite que «el debate sobre los GM (alimentos genéticamente modificados), como el nuclear, está polarizado». La cosa habla de un congreso sobre los beneficios de los transgénicos celebrado en Uganada el mes pasado (¿?) y las únicas matizaciones a la propaganda pura son las de Kanayo Nwanze, presidente del Fondo Internacional para el Desarrollo Afrícola (IFAD). «Los GM no son la solución a todo», se atreve a decir el hombre y se digna a publicar el periódico.
Así, en el texto se dan como buenas afirmaciones que provocarían infartos a ecologistas, comprometidos varios y hasta algún que otro Premio Nobel. Se dice, por ejemplo, que los transgénicos son estupendos contra el cambio climático, que benefician a los pequeños agricultores y que van a ayudar un huevo al desarrollo de África. Justo lo contrario que piensa la gente que piensa lo contrario. Incluso aparece en el texto la corporación Monsanto (para muchos, uno de los grandes demonios del mundo actual) como un benefactor social sin el Mon delante, junto a otra multinacional, BASF, y la familia Gates. Con un par.
Hace poco, en el mismo El País -¿se nota que es el periódico que leo y en el que a veces hasta escribo?, ¿se entiende, por eso, que le dé tanta cera?-, publicaba una columna Miguel Ángel Aguilar que ahora no encuentro en la Red pero que venía a decir que un diario no debe ser abanderado de ningún movimiento, que simplemente debía dar información contrastada, diversa y tal. Pues eso. No creo que lo de hoy sea un maniobra orquestal en la oscuridad de Monsanto. Creo que es un ejercicio de incompetencia. Y eso es lo grave. Los periodistas y los medios cada vez nos lo curramos peor y así no van a mejorar las ventas ni el prestigio ni la inversión publicitaria. Cada vez más, los que formamos la audiencia nos sentimos insultados por los que hacemos la información. Y con este ejemplo de mi esquizofrenia de cada día, me retiro a mis aposentos.
Suena Fela Kuti, Teacher Don’t Teach Me No Nonsense.
No tengo ni idea de lo que pasa realmente en Irán. No me fío un pelo de la imagen que se ofrece de ese país por parte de los medios de comunicación del lado del mundo sin turbante, éste. Me pasa lo mismo con Venezuela, donde sí he estado y sé que lo que pasa no es lo mismo que lo que nos dicen que pasa. Volviendo a Persia, hoy he leído un parde cosas que enfocan algo mejor, pero, ya digo, sigo sin enterarme del todo. Lo que sí veo clarinete es la actitud con la que observamos aquello desde nuestro sofá occidental. Orgullosos de estar en un grado evolutivo superior, con la condescendencia del que piensa «venga, muchachos, un par de manifestaciones más y llegaréis a tener nuestra preciosa libertad y nuestro bonito comportamiento democrático».
Y aquí es donde flipo en colorines. Yo vivía en Miami cuando Bush hijo ganó de forma bastante chunga las elecciones a Al Gore y no recuerdo manifestaciones multitudinarias para protestar por semejante tongo. También vivía en Madrid cuando Tamayo y Sáez se escondieron nosecuántos días en un picadero para robar unas elecciones que, al repetirse, pusieron a Esperanza Aguirre en la poltrona en la que sigue plantando su ilustre culo. Tampoco recuerdo manifestaciones masivas en aquéllos tiempos no tan lejanos.
Ojalá se arregle lo de Irán. Ojalá salgan de la cárcel los disidentes, dejen de disparar los basiyís y se repitan las elecciones si es que se tienen que repetir. Pero ojalá, también, nosotros aprendamos de ellos a salir a la calle para protestar por todas las tropelías que se cometen (nos cometen) al ámparo de la presunta democracia. Joder, que los de la cinta y las pulseras verdes se están enfrentando a una autoridad divina y por aquí el único ser superior que se ha visto últimamente es Florentino Pérez.
Puede que todas estas letras no fueran más que una excusa para poner la banda sonora de estos días, así que suena otra vez Siniestro Total y su Ayatolah (más una entrevista risible).
Al Gobierno de Zapatero le han puesto las notas de fin de curso y ha vuelto a suspender. Esta vez no han sido las organizaciones ecologistas, que ya se sabe que son examinadores exigentes. No. Esta vez ha sido el Observatorio de la Sostenibilidad en España (OSE) el que, después de ver hacia dónde vamos en este tema, ha dicho que si es que vamos a algún sitio, vamos muy despacio. Demasiado. Copiopego el artículo de El Mundo: «Ni en consumo energético, ni en transporte ni en residuos ni en preservación de los espacios naturales nuestro país alcanza la media comunitaria, según el IV informe del Observatorio de la Sostenibilidad de España (OSE)». Más: «Así es cuando analiza el uso del agua y su regeneración. España sólo se consigue depurar el 78% de sus aguas residuales, aunque hay proyectos para llegar a una cifra de hasta el 93%, más en consonancia con los datos de los países vecinos. En energía seguimos siendo un país altamente dependiente. Importamos un 81% de la energía que consumimos. «Tenemos un consumo energético insostenible», señaló Luis Jiménez. Según los datos aportados, se sigue incrementando el consumo, pese a los avances realizados en eficiencia energética». Por resumir, que la cosa está toda mal salvo en renovables, por eso de la eólica.
Curiosamente, hace unos días mi padre me sopló otra noticia que dice: El Gobierno impulsa un código de buenas prácticas en la publicidad ecológica. Se trata de un código de autorregulación de buenas prácticas en eso de la propaganda con motivos medioambientales. Es un trabajo del Ministerio de Medio Ambiente con la Asociación para la Autorregulación de la Comunicación Comercial (Autocontrol) y ya hay empresas como Cepsa, Repsol, Acciona, Endesa, Kia, Chrysler, Citroën, Peugeot y Renault que se han apuntado al asunto. La cuestión es: ¿se apuntará el propio Gobierno al código en cuestión? ¿Dejará de vendernos la burra de su preocupación por la sostenibilidad medioambiental mientras la preocupación no sea real o, por fin, se preocupará de la cosa?
Preguntas que de momento son retóricas. Digo de momento porque en el pasado festival Emisión Cero, Fernando Moraleda dijo en un aparte que Zapatero y sus muchachos preparaban un plan de economía sostenible. Fumando espero.
Ojo: este texto y otros del estilo se pueden leer también en ¿Y por qué no…?
Salir del armario es difícil. La verdad es que yo aún no lo he hecho, así que esta vez no puedo hablar en primera persona. Pero sí por lo que veo por ahí. Barack Obama, por ejemplo. Dicen que el tío acaba de emprender la mayor reforma financiera desde la Gran Depresión. Uh. O sea, que se ha dado cuenta de lo que ha pasado con esto que llaman crisis cuando deberían decir realidad y ha decidido crear consejos reguladores por doquier, dar más poder a la Reserva Federal, fundar una cosa llamada Supervisor Bancario, meter nuevas reglas para las agencias de rating y hasta proteger a los consumidores. Pues muy bien. Lo curioso es que el bueno de Barack se sigue declarando «un firme creyente en el poder del libre mercado como motor de la prosperidad». Ya.
Quiere esto decir que a Obama le siguen gustando las tías pero se ha puesto a vigilar el culito de los mozos, incluso a regularlo. A mí me parece muy bien lo que cada uno haga con su identidad sexual, incluso con la económica. No voy a ser yo el que se dedique al outing financiero. Pero tengo la sensación de que Obama se ha quedado a medio camino de lo que le pedía el cuerpo hacer con la economía por eso del qué dirán. Y eso es una pena, hombre.
Es verdad que declararse en contra del libre mercado está peor visto que decirse heterosexual en el Black&White o gay en la Conferencia Episcopal, pero digo yo que a estas cosas hay que echarles valor; por eso de no engañarse a uno mismo, no confundir a los demás y, sobre todo, cambiar el rumbo de la historia. Que parece que es el momento. Y, por eso, voy y me decido. Salgo del armario. Madre, padre, tío el cura, yo no soy un firme creyente del poder del libre mercado. Creo que el libre mercado se ha confundido con el libertinaje y que, puesto que los que mercadean no han demostrado lo contrario, hay que ponerle puertas y castigar al que las abra sin llave. Nada de comunismo, claro, pero sí bastante de ética, de decencia y de lógica.
Y, ojo, que esto no tiene nada que ver con la libertad. De eso sí que soy un firme creyente, de ese armario sí que no salgo. Pero, puesto que se dice que la libertad de uno termina donde empieza la de los demás, la libertad de los que quieren el libre mercado termina donde empiezan los derechos de los consumidores, de sus trabajadores, de los que pagan impuestos, de los que quieren un medio ambiente entero, de los que exigen no ser pobres a costa de los beneficios de los ricos y muchos etcéteras más. Hala, ya podéis llamarme mariquita.
Suena uno de los clásicos absurdos de Siniestro Total, ¿Qué tal, homosexual?
Cada vez que hay unas elecciones me suele tocar responder a la misma pregunta. Éstas ya han pasado y ya tuve mi ración de razones que dar a los que me preguntaron por qué no fui a votar. Una pena que haya descubierto tarde estas líneas de Vicente Verdú en su blog (va el texto entero, tal cual):
Si la opinión que tienen los europeos de los políticos (sondeo de mayo de 2009) es la de considerarlos el grupo social más corrupto ¿cómo escandalizarse que en las elecciones europeas de unos días después no acuda ni la mitad a votar? ¿Votar al corrupto, apoyar su previsible corrupción?
Votar, votar, votar a todo trance, dice la moral democrática, directamente vertida de la religión esquinada en el siglo de las Luces. Pero la religión, bajo otro aspecto, vuelve al mundo del poder. El voto es sagrado, el comicio es la comunión, la urna nuestra voluntad ciudadana, la papeleta nuestra legitimación individual.
Toda esta secuencia, heredada de los tiempos en que se debatía entre democracia y absolutismo, entre salvación y muerte, entre progreso y esclavitud, hace tiempo que funciona como un artefacto mostrenco.
La creciente mala calidad de los políticos se corresponde con la mala calidad de la democracia que ellos manipulan y deterioran. A la mala calidad de esos políticos no puede ofrecérseles nuestra cándida adhesión. Ni tampoco a la baja calidad de la democracia se le debe el culto a toda costa. Votar sin rechistar, votar religiosamente, es igual a aceptar ofuscadamente un sistema que ya ha demostrado de sobra su anacronismo, su ineficacia y su mofa de la población. Votar como se votaba en el siglo XIX cuando la mayor parte de la población era analfabeta y casi todos siervos coincidía con un progresivo ejercicio de afirmación de los derechos del nuevo ciudadano. Hoy, alfabetizados todos, liberados de oscurantismos, capaces de crítica y con más que justificadas aspiraciones a algo mejor, (auténtico y no simulado, eficaz y no ritual) votar y votar, sin más, es apoyar la reiteración del crimen, contribuir a la perdurabilidad de la justicia injusta, el abuso municipal, la demagogia electoralista, la incuria, la crónica endogamia de los equipos políticos que sin sorpresa volverán a mentir y a defraudar. Votar ¿otra vez a esta caterva?
¿No votar sería incumplir un deber ciudadano? ¿Cómo no advertir que ahora, cuando depositamos otra vez la papeleta (con tanta mansedumbre con tanta candidez, con tanta inercia irresponsable) volvemos a dar nuestro respaldo a esta degradada especie política, el grupo considerado popularmente, «electoralmente», como el más corrupto de la organización social?
Ayer fue investido Florentino Pérez faraón del Madrí. No es que importe ni medio carajo lo que suceda en semejante organización pero sí me preocupa bastante la actitud de los medios hacia el personaje, su vuelta, su proyecto, su trayectoria anterior. Ya, todos sabemos cómo se las gasta la prensa deportiva, su (ausencia absoluta de) credibilidad y todas sus carencias. Pero es que resulta que la prensa deportiva es propiedad de empresas periodísticas que cuentan con medios presuntamente serios y que presumen de credibilidad e independencia y que, además, esos otros medios «serios» también han usado azúcar y jabón para elaborar la información florentiniana.
La cosa ha sido un asco. Desde las informaciones filtradas por el ratoncito Pérez para derrocar al desastroso Calderón hasta los ataques furibundos a las risibles candidaturas contrarias pasando por lo peor, el alzheimer interesado. La ciencia debería estudiar esta modalidad de desmemoria que afecta a los periodistas deportivos y a sus jefes. A pesar de todo lo que bebo y fumo y de lo poco que duermo, incluso a pesar que no me importa ni un carajo lo que suceda en el Madrí (no sé si esto lo he dicho ya, es que tengo mala memoria), me acuerdo de que Florentino Pérez es el tío que echó a Del Bosque después de ganar nosecuántos titulacos, que contrató a ilustres del banquillo como Queiroz, que dio los mandos del futbolín a los jugadores y no al entrenador de turno, que por eso forzó la dimisión de Camacho, que él mismo, un ser superior, dimitió a mitad de temporada… Vamos, que es el causante de lo que pasa ahora en el equipo de sus amores. Y todo eso lo leí yo en los medios que hoy se han olvidado de ello. Ahora podría hablar de lo que no leí. De las cosas que se saben pero no se publican, de los chanchullos de la ciudad deportiva, de los que se benefició ACS durante su anterior reinado o de que, hablando de reyes, qué coño hacia Juan Carlos en el palco del Bernabéu en esos cuartos de Champions… Pero mejor me callo que viene el inspector.
Ha habido muy pocas, poquísimas voces disidentes. El que más ha dado la cara ha sido un buen amigo: David Gistau. David ha dicho y ha escrito lo que algunos pensamos al respecto y lo que todos los demás deberían pararse a pensar. Puede parecer una tontería, un asunto menor. No lo es. Decir las verdades del nuevo barquero blanco le puede costar a uno el puesto. Escribir lo que Florentino no quiere leer puede ser más peligroso que cuestionar a la propia empresa. No es coña. Y sí es para echarse a temblar. Sigo usando mi marchita memoria y recuerdo que este tío es capo de una empresa a la que también los medios deberían juzgar como se merece y no como le apetece a él, que es ya presidente de un club deportivo que no es de su propiedad ni de sus medios chupópteros sino de sus socios, incluso recuerdo que hace años estuvo en un proyecto político y pienso en lo que pasaría si se metiera otra vez en algo así. Y, repito, me pongo a temblar.
Por suerte, el tal Florentino es el nuevo presidente de un equipo que me la refanfinfla (¿no lo había escrito, verdad?). Por desgracia, la prensa que le baila el agua está últimamente preocupada por su preocupante situación, exigiendo nosequé priviliegios porque se dice garante de la libertad y la independencia y jurando que es imposible la información veraz con otro modelo que no sea el existente. Ya. Pues convendría que predicasen con el ejemplo, que demostrasen el movimiento andando. Vamos, digo yo… Compañeros.
Como el calor del verano acaba condensando el vapor de agua y dando lugar a tormentas, esto de la crisis está produciendo un fenómeno curioso según el cual las teorías conspiranoicas están ascendiendo por doquier para bajar en forma de chaparrones. Zeitgeist, Amero, 11-S, Chemtrails, Club Bilderberg, Illuminati y un montón más salpican cada día las meninges de la gente más o menos crítica y resulta que algunos acaban mojados. Bueno, cada uno es muy libre de hacer con sus creencias lo que le de la gana. Los hay que creen en un dios cristiano, otros prefieren creer en Alá, en Buda o en todo un panteón de dioses hindúes, los hay que tienen fe en la reencarnación y otros que apuestan por el ratoncito Pérez (y hasta por Florentino). Pero todo ello es irracional e indemostrable, asunto del departamento religioso de cada uno. Creencia y no ciencia.
Nada bueno, en cualquier caso, para cambiar las cosas. Si uno insiste en creer que hay poderes ocultos detrás de cada hecho que sucede en el mundo, poca fe le va a quedar para su propia capacidad de intervención, por pequeña que pueda ser. O sea, que pensando que todo responde a un poder superior y oculta, uno acaba sin mojarse. Si todo este follón económico es porque nos van a poner una moneda única mundial como primer paso para un Gran Hermano global, qué coño pintamos esforzándonos en gritar las cagadas del capitalismo y sus abanderados. Si, hagas lo que hagas, todo va a suceder porque hace la torta de años dijeron los mayas que sucedería en 2012, para qué coño vas a hacer nada. Bueno, sí. Puedes montar una web, un blog o ponere a escribir libros sobre cualquiera de las teorías o sobre todas a la vez. O editar un periódico.
Hace unas semanas llegó a mis manos El Jaque Mate, un periódico (¿?) maquetado tal que El País de antaño, fechado en el «año cero después de la censura» y subtitulado «informaciones para materializar un mundo nuevo». La cosa es como una especie de readers digest de teorías conspiranóicas pero escrito por una sola persona, Rafael Palacios. La cosa es algo así como de qué se trata que me pongo conspiranoico. La cosa es descacharrante. Del 11-s al fraude del sistema monetario pasando por la teoría de la evolución (esto ha sido un hallazgo: Darwin era de la conpsiración) y pasándose seis pueblos al entrar en terrenos negacionistas y dudar de lo de los seis millones de judíos. Pasen y lean: El Jaque Mate. O vean los minutos publicitarios (a ver si lo pilla Yoko y lanza a sus abogados):
El caso es que ahora yo iba a concluir con la típica homilía contra la superchería y a favor de la acción, pero como estoy resacoso y no tengo ganas de dar la chapa a nadie, propongo una encuesta.