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Archive for 30 junio 2009

mandela

La historia se sabe. Sudáfrica era un país dividido en el que la división la había hecho la minoría blanca. Un anacronismo vergonzoso que pudo ser porque el mundo andaba preocupado por telones de acero, guerras frías y esas cosas que nos entretuvieron la (larga) posguerra. La historia cambió, también se sabe, gracias a un hombre que supo transformar su rencor en visión de futuro y optó por la reconciliación frente a la venganza. Ese hombre es Nelson Mandela, claro.

Lo que no se conocía tanto es la importancia que tuvo, porque el propio Mandela se la quiso dar, el rugby en todo eso. Lo explica muy bien John Carlin en su libro, El factor humano, que cuenta desde la estancia de Mandela en Robben Island y sus posteriores traslados a otras prisiones hasta su salida, su llegada a la presidencia y la final del Campeonato del Mundo de rugby de 1995 en Johanesburgo. Pero el libro no se titula como se titula por capricho.

Todo este relato real está lleno de ejemplos para guardar. Y todos están protagonizados por el factor humano, por el hombre (y la mujer, aunque aquí hay pocas). Mandela es el principal. El líder inteligente, visionario y tranquilo que guió la evolución. Pero también hay muchos otros. De Botha, el presidente racista que no pudo negarse a aceptar lo inevitable y supo admitir la mejor manera de hacerlo, a Costand Viljoen, estandarte de los afrikaner radicales que reconoció que la paz era mejor para los suyos que la guerra, pasando por Justice Bekebeke, el negro que mató a un policía (negro) pero que acabó libre y celebrando, para su propio asombro, la victoria de sus odiados Springboks ante los All Blacks.

Ahi está. Un hombre que sabe cómo cambiar las cosas y que impulsa a otros a hacerlo. Y esos otros, que son capaces de rectificar y ponerse manos a la obra. Un montón de pequeños cambios individuales que se convierten en un enorme cambio común y que terminan por transformar un país entero de forma pacífica y admirable. No sé, llevo unos meses escuchando a todo tipo de gente que dice que no se puede hacer nada, que no podemos transformar las cosas, que la batalla está perdida. Igual deberían hacer este libro (y otros que cuenten historias similares) obligatorio en las escuelas. O igual sólo haya que esperar a que Clint Eastwood estrene Invictus, la película sobre el libro de Carlin, para que la gente se entere. Se puede.

Ojo: este texto también se puede leer en ¿Y por qué no…?

Suena Free Nalson Mandela, de The Special AKA.

La imagen es la usada en la portada del libro, en la que Mandela felicita al capitán springbok, Francois Pienaar, ante un Ellis Park lleno con miles de blancos que una hora antes eran tan racistas como un batallón de las Waffen SS y que en ese momento estaban gritando “¡Nelson! ¡Nelson!”. Gracias, Paloma.

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Ni es ya fácil aceptar, en plenas webs sociales, que un político se apalanque cuatro años al frente de un ministerio o una presidencia haciéndolo rematadamente mal, ni puede aceptarse que un intermediario se lucre sin tasa. Nunca como ahora las innovaciones técnicas tuvieron tanto que ver con la comunicación, la información y la reunión interpersonal. La banca omnímoda, el político apalancado, el comerciante abusivo, aparecen hoy ante el cliente, el ciudadano o el consumidor, que lo mismo es, como figuras tan insoportables como mostrencas. ¿No sería ya hora de mandarlos al desván, desacreditarlos y, en efecto, dejarles sin el crédito insoportable que ahora contribuye perniciosamente a la indigencia y el deterioro de las vidas? Muerte, pues, a la muerte que imparte el sistema. Y vida más allá de esta Gran Crisis tan fatídica como irreversible del capitalismo funeral”.

Último párrafo de lo de Vicente Verdú en el EPS, hoy.

Suena Motörhead, Killed By Death. Pedazo de vídeo, tú.

La imagen es de Goya, El entierro de la sardina y tal.

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Muerto el rey del pop, supongo que llegará la República. Yo, que no soy nada monárquico, me arrodillo ante este rey palmado que, aunque era sólo un poco más rarito que nuestro Juan Carlos, siempre fue muchísimo mejor músico. Un monstruo, el tío, en el amplio sentido. Aquí van algunas originales y sus correspondientes versiones. Faltan de la época que más me pone, con sus hermanitos, todos pintados de negro, pero no he encontrado nada y me tengo que ir corriendo, que he quedado con una cerveza. Blame it on the boogie.

Billie Jean, Michael Jackson.

Billie Jean, Shinehead.

Human Nature, Michael Jackson.

Human Nature, Miles Davis.

Smooth Criminal, Michael Jackson.

Smooth Criminal, Allien Ant Farm.

Thriller, Michael Jackson.

Exorcismo, Luixy Toledo.

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¿Quién coño llega aquí buscando en Google “desvirgando bebes”?

Suena todo un experto en el asunto, Gary Glitter y su Leader Of The Gang.

La imagen es de la Wikimedia.

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En los debates sobre energía se suele hablar mucho de costes. Los de la esquina de lo nuclear y los combustibles fósiles se escudan detrás de un argumento que era imbatible en los tiempos que acaban de cambiar pero que ya no cuela: son más baratos. Se olvidan de mencionar los costes medioambientales y sociales y lo hacen porque, de momento, ningún Gobierno se los ha añadido (los impuestos son otra cosa). Los de la esquina renovable, quizás un poco acomplejados por su color verde, también se olvidan muchas veces de esos costes que la eólica y la solar no tienen y sólo se defienden de las acusaciones de ser unas energías subvencionadas y, por eso, de coste irreal. Más allá de señalar que lo que sí es irreal es el precio del petróleo (lo es porque responde a un mercado que ahora lo tiene bajo porque no hay más cojones pero que ya está pensando en cuando esté tres veces más caro) y de las centrales (¿quién asume los costes de mantenimiento de la mierda nuclear generada?), hay que decir que la cosa limpia también tiene beneficios económicos.

Leo en Soitu.es un estupendo artículo sobre el impacto de las renovables en la economía. Escrito a partir de un informe de la Comisión Europea, The impact of renewable energy policy on economic growth and employment, y con el objetivo de la Unión de tener el 20% de renovables para 2020 como punto de partida argumental, la cosa explica cómo la inversión en renovables puede aumentar la creación de empleo y activar la economía. No voy a copiar lo que dice el texto porque lo dice muy bien, así que lo linkeo de nuevo: se lee todo aquí. Supongo que Zapatero, Merkel, Brown, Sarkozy, todos lectores habituales de este blog, me harán caso (se harán caso a sí mismos, puesto que es un documento europeo), lo leerán y darán un volantazo a sus políticas económicas y energéticas.

De todos modos, el debate está mal enfocado. Hay que dejar de hablar de lo que cuesta hacer las cosas que hay que hacer y empezar a tener claro que hay que hacer las cosas que hay que hacer cueste lo que cueste.

Ojo: este texto y otros del estilo se pueden leer en ¿Y por qué no…?

Suena Como el agua, de Camarón.

La foto ha sido encontrada en la Wikimedia.

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transgenicos

¿Se puede publicar un artículo titulado “África se abre poco a poco a los transgénicos” en el periódico presuntamente más prestigioso de España sin incluir en el texto ni un sólo punto de vista contrario a los cultivos genéticamente modificados? Sí se puede porque El País lo ha hecho hoy. ¿Se debe hacer? Pues yo creo que no. A la autora del texto, Lali Cambra, y a los responsables de editarlo les ha importado un carajo esa máxima periodística de tratar por igual las dos caras de una moneda. Incluso se han hecho poco caso a sí mismos, puesto que en el texto sí se admite que “el debate sobre los GM (alimentos genéticamente modificados), como el nuclear, está polarizado”. La cosa habla de un congreso sobre los beneficios de los transgénicos celebrado en Uganada el mes pasado (¿?) y las únicas matizaciones a la propaganda pura son las de Kanayo Nwanze, presidente del Fondo Internacional para el Desarrollo Afrícola (IFAD). “Los GM no son la solución a todo”, se atreve a decir el hombre y se digna a publicar el periódico.

Si uno teclea la palabra “transgénicos” en Google, se encuentra con 855.000 páginas de referencia. Comprendo que son demasiadas para consultarlas todas. Pero es que la primera es la de Greenpeace, que, obviamente, no está a favor del asunto. La segunda es la de la Wikipedia, que sí lo está pero que incluye parte de la polémica. Y la novena es una noticia de este mes que cuenta que la organización Biowatch logró en Sudáfrica “una victoria judicial que asegura la gratuidad del acceso a la información sobre cultivos transgénicos, aun en contra de la opinión de los organismos públicos y grandes corporaciones”. Por cierto, Sudáfrica es el lugar desde donde firma la información de El País la tal Lali Cambra. Pero, ya digo, o no ha googleado o no ha leído entre muchas líneas.

Así, en el texto se dan como buenas afirmaciones que provocarían infartos a ecologistas, comprometidos varios y hasta algún que otro Premio Nobel. Se dice, por ejemplo, que los transgénicos son estupendos contra el cambio climático, que benefician a los pequeños agricultores y que van a ayudar un huevo al desarrollo de África. Justo lo contrario que piensa la gente que piensa lo contrario. Incluso aparece en el texto la corporación Monsanto (para muchos, uno de los grandes demonios del mundo actual) como un benefactor social sin el Mon delante, junto a otra multinacional, BASF, y la familia Gates. Con un par.

Yo no tengo una opinión clara con respecto a los transgénicos -bueno, sí la tengo, pero no viene al caso- pero sí poseo un concepto meridiano de lo que debe ser el periodismo responsable. Y ni de coña se parece a lo que sale hoy en la página 41 del periódico que me ha costado 1,20 euros y cuyos autores y muchos de sus lectores aún consideran el colmo de la ecuanimidad, la veracidad y, uf, qué pereza, el progresismo. Es más, lo de hoy no sólo es contradictorio con su propio Libro de Estilo, sino que se da de morros con noticias recientes del periódico en cuestión. Resulta que ayer mismo, su defensora, Milagros Pérez Oliva, tenía que justificar una información sobre eutanasia en la que se había metido la pata por no consultar otra fuente. Resulta que hoy, en la misma sección de Sociedad donde aparece la noticia transgénica, se recoge (tarde) eso del código ético contra la propaganda ecológica de las marcas de lo que ya se habló por aquí (también con retraso) la semana pasada. Resulta que el viernes pasado sí se publicaba un artículo como es debido sobre lo nuclear, con sus puntos de vista diversos expuestos y discutidos.

Hace poco, en el mismo El País -¿se nota que es el periódico que leo y en el que a veces hasta escribo?, ¿se entiende, por eso, que le dé tanta cera?-, publicaba una columna Miguel Ángel Aguilar que ahora no encuentro en la Red pero que venía a decir que un diario no debe ser abanderado de ningún movimiento, que simplemente debía dar información contrastada, diversa y tal. Pues eso. No creo que lo de hoy sea un maniobra orquestal en la oscuridad de Monsanto. Creo que es un ejercicio de incompetencia. Y eso es lo grave. Los periodistas y los medios cada vez nos lo curramos peor y así no van a mejorar las ventas ni el prestigio ni la inversión publicitaria. Cada vez más, los que formamos la audiencia nos sentimos insultados por los que hacemos la información. Y con este ejemplo de mi esquizofrenia de cada día, me retiro a mis aposentos.

Suena Fela Kuti, Teacher Don’t Teach Me No Nonsense.

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No tengo ni idea de lo que pasa realmente en Irán. No me fío un pelo de la imagen que se ofrece de ese país por parte de los medios de comunicación del lado del mundo sin turbante, éste. Me pasa lo mismo con Venezuela, donde sí he estado y sé que lo que pasa no es lo mismo que lo que nos dicen que pasa. Volviendo a Persia, hoy he leído un par de cosas que enfocan algo mejor, pero, ya digo, sigo sin enterarme del todo. Lo que sí veo clarinete es la actitud con la que observamos aquello desde nuestro sofá occidental. Orgullosos de estar en un grado evolutivo superior, con la condescendencia del que piensa “venga, muchachos, un par de manifestaciones más y llegaréis a tener nuestra preciosa libertad y nuestro bonito comportamiento democrático”.

Y aquí es donde flipo en colorines. Yo vivía en Miami cuando Bush hijo ganó de forma bastante chunga las elecciones a Al Gore y no recuerdo manifestaciones multitudinarias para protestar por semejante tongo. También vivía en Madrid cuando Tamayo y Sáez se escondieron nosecuántos días en un picadero para robar unas elecciones que, al repetirse, pusieron a Esperanza Aguirre en la poltrona en la que sigue plantando su ilustre culo. Tampoco recuerdo manifestaciones masivas en aquéllos tiempos no tan lejanos.

Ojalá se arregle lo de Irán. Ojalá salgan de la cárcel los disidentes, dejen de disparar los basiyís y se repitan las elecciones si es que se tienen que repetir. Pero ojalá, también, nosotros aprendamos de ellos a salir a la calle para protestar por todas las tropelías que se cometen (nos cometen) al ámparo de la presunta democracia. Joder, que los de la cinta y las pulseras verdes se están enfrentando a una autoridad divina y por aquí el único ser superior que se ha visto últimamente es Florentino Pérez.

Puede que todas estas letras no fueran más que una excusa para poner la banda sonora de estos días, así que suena otra vez Siniestro Total y su Ayatolah (más una entrevista risible).

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