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Archive for 19 febrero 2017

no

No
Saïd El Kadaoui Moussaoui
Catedral, 2016

Mira tú qué bien: de repente en España tenemos una editorial juguetona con el diseño de las portadas y que arriesga con sus libros y escritores. De repente, también, tenemos un autor que nos mira desde allí aunque sea de aquí —en realidad, no tan de repente porque Saïd El Kadaoui Moussaoui, este autor, escribe en varios medios, sobre todo de Cataluña, donde vive desde pequeño, y tiene un par de libros publicados—. De repente o, más bien, por fin, tenemos a nuestro propio Hanif Kureishi, aunque un poco más coñón.

Igual este libro puede ser síntoma de que, justo cuando se va a pique, el negocio editorial local se normaliza. Lo que aquí hay es, sobre todo y como se manifiesta en las mismas páginas del libro, literatura del otro, de ésa que sirve para entender la diferencia pero también lo común, de la que logra que entendamos que ni ellos son tan iguales ni nosotros tan distintos.

Escrito, bien escrito, como monólogo hacia otro (un psiquiatra que es otro dentro del otro), estructurado a base de pensamientos fugaces sobre territorio, familia, relaciones, sexo y psicología, lo que hay aquí es, además, literatura del yo y, algo que empieza a ser quizás demasiado recurrente, la ambición por la escritura de un libro como subtrama de la escritura del libro.

El protagonista es duro con lo que llama “el submundo árabe”: “Una burbuja de miseria material e intelectual que cada vez aborrezco más”. Duro en general con todo, también consigo mismo, pero simpático y, ya lo he dicho, con mucha sorna. Y certero, con frases de ésas que se clavan como verdades aunque no necesariamente lo sean. “Viajar, hoy en día, esconde mucho más de lo que enseña”, “el converso no duda, cree saberlo todo” y así.

Pues muy bien, tú (lo dejo aquí que me tengo que ir al cine y no llego).

 

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dilema

El dilema del omnívoro
(En busca de la comida perfecta)
Michael Pollan
Debate, 2017

Me cae este libro en un viaje a Barcelona como un picoteo entre lecturasSapiens, de Harari, y Homo Deus, de… Harari— y resulta que marida muy bien con eso que estaba masticando. El dilema, aunque acaba de salir en Debate, está publicado en 2006 por Michael Pollan, periodista y escritor ya entonces conocido en Estados Unidos por sus obras en torno a la naturaleza, el humano y la manduca. Así que sigo leyendo sobre quiénes somos y qué hacemos.

Pollan escribe sobre la forma que tenemos de alimentarnos y, sobre todo, la manera que tenemos de producir esos alimentos. Divide el libro en tres partes para hablar de lo industrial, lo orgánico y lo cazador-recolector y escribe desde el yo, yendo a los lugares para ver, hablar e incluso trabajar y acabar zampando lo que ha ayudado a crecer y criar y lo que ha recogido y cazado.

Para el que tenga prisa y no pueda esperar a acabar las 500 páginas del libro ni los cinco puntos de esta entrada, un resumen: el sistema alimentario está diseñado y subvencionado para favorecer la comida industrial, la “caloría barata”, que finalmente es la que peor sienta. Supongo que lo mismo se podría decir de la moda, del transporte o de la música, pero ya he dicho que a Pollan le gusta escribir de comida. Aquí se refleja muy bien cómo el Capitalismo ha estropeado también nuestra cena.

El libro es interesante pero irregular. La parte industrial, la que habla de cómo y por qué el maíz es el alimento omnipresente en Estados Unidos y la proteína animal se saca de una cadena de montaje inaceptable, es dura pero está bien documentada y muy bien explicada. La orgánica es reveladora porque demuestra lo industriales que son también la mayoría de los alimentos etiquetados así y lo difícil que es salirse del sistema, aunque retrata una granja perfecta de las de sí se puede. Curiosamente, el libro se cae bastante, o se me cae a mí, en la tercera parte. Quizás porque pretender alimentarse en 2017 como cazador recolector es algo así como querer ganarse la vida montando un sello discográfico.

Una reflexión final. Harari y Pollan, cada uno con posiciones de partida muy distintas, me han dado una buena paliza de argumentos vegetarianos. Uno de los mejores momentos de este texto es cuando el autor convierte el dilema del omnívoro en el dilema del carnívoro. Un momento muy oportuno, aún escrito hace once años, porque tal dilema nos está rondando cada vez más a todos como especie.

 

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ravelo

Las flores no sangran
Alexis Ravelo
Alrevés, 2015

Vaya descubrimiento o, más bien, vaya soplo (gracias, Guille). Alexis Ravelo lleva publicando desde 2000 y ha conseguido saltarse el océano que separa Canarias de la, ejem, industria editorial y colarse en las cosas de la cosa negra. Que no me haya enterado, además de mi culpa, puede ser por la sobredosis black que nos han estado chutando este siglo, a veces, casi siempre últimamente, con mandanga adulterada. No es el caso, Ravelo tiene buena mierda.

Las flores no sangran es una novela negra canónica, de ésas que retrata un lugar (Las Palmas de Gran Canaria) en un momento (ahora, o sea, crisis y pelotazos), con personajes creíbles metidos en negocios turbios y posibles, una historia entretenida pero dura, tensa, no un thriller excesivo lleno de trucos y acción como acaban siendo la mayoría de los best selles presuntamente oscuros firmados por gringos y nórdicos.

Un hurra por los diálogos que, como me decía Guille (oye, gracias), parecen estar copiados al dictado de la vida misma. Y otro por el vocabulario, lleno de palabras endémicas de la isla. Muy bien, también, la definición de personajes y, mejor, que haya figuras femeninas fuertes y consistentes.

No sé por qué, cuando escribes un libro y alguien te lee, a veces oyes como elogio lo de que “es una peli”. No estoy yo muy seguro de que sea un valor pero, en este caso, es tal cual. La estructura, el ritmo, los diálogos, no hace falta nada de imaginación para creerse Las flores no sangran en pantalla grande aunque ésta no sería una peli, sería un peliculón (sí, con su tendencia a la justificación y sus soluciones morales incluidas).

Por si no lo había dicho: gracias, Guille.

 

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