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Archive for the ‘El País’ Category

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Me cuesta un poco ver la parte positiva de algunos hechos, no soy como Violaine. Incluso me cuesta ver los propios hechos, de tan poco que los tratan los medios de comunicación. Como casi nadie sabe, se está celebrando en Doha, Qatar, la Convención sobre el comercio internacional de especies amenazadas de fauna y flora silvestres (CITES). Quizás alguien se haya enterado porque allí se discutía la conveniencia de prohibir el comercio de aún rojo. Finalmente, ganó la conveniencia de países como Japón y España, dos extremos de ese comercio, y perdió la conveniencia de la naturaleza, en general, y de los atunes, en concreto,  otra especie que se quedará para los documentales por la gula del personal.

Siendo mala esa noticia, lo peor es que no es la única. En lo que llevamos de Convención, ya tenemos una negativa a las restricciones del comercio de coral rojo (se ve que es el color de moda… hasta que lo acabemos) y un no muy grande a la protección del tiburón martillo. Vale, bien, es verdad que los países reunidos en CITES han decidido seguir con la prohibición del comercio de marfil y, por tanto, protegiendo a los elefantes. Mi parte positiva me dice que esa noticia no está mal pero mi parte negativa me acaba revelando la verdad: total, para el caso que se hace…

Con todo, lo más dramático no son las decisiones en sí sino lo poco que nos preocupan estas cosas. Aquí se debate prohibir las corridas de toros en Cataluña. Se anuncia y se moviliza para que se apague la luz una hora el próximo sábado. Se produce indignación sobre un documental pagado con dinero público que denuncia la corrupción urbanística y sus consecuencias medioambientales. Y se hace todo eso con un trozo de atún deshaciéndose entre los molares. Y choteándose del pesado que sugiere que pedir la comida en un restaurante puede ser un acto de responsabilidad o irresponsabilidad como detener u ordenar un vertido de productos tóxicos al mar.

Por eso, uno se acuerda del letrero que daba la malvenida a las puertas del infierno de Dante cuando ve este panorama. Insisto, lo malo no es que los gobiernos del mundo tomen este tipo de decisiones. Lo dramático es que nos la trae flojísima.

Suena Black Math Horseman, Torment Of The Metals.

La imagen es una de las ilustraciones de William Blake a La Divina Comedia, de Dante Alighieri. Y esta entrada aparece también en ¿Y por qué no…?

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Iba a escribir algo sobre  el curioso hecho de que El País haya publicado en dos meses sendos reportajes a doble página y en la misma sección sobre eso que disfruta llamando “climagate” en los que los titulares (“Incendio en la causa climática” y “Salvemos la libertad científica”) causan demasiada desazón para lo poco que rascan luego los textos. Me iba a preguntar si sería casualidad o quizás un redactor jefe un poco negacionista o puede que despiste o tal vez que después de haber entrevistado en la contra a toda la población reclusa de Greenpeace en Copenhague sin hablar casi nada de cambio climático siga perfilando su innovadora postura sobre el tema. Pero todas esas preguntas sin respuesta se han visto interrumpidas por unas mucho más urgentes. ¿No estaré dando demasiado la lata con El País? ¿Podría alguien pensar que estoy obsesionado? ¿No estaré, también, muy pesado con lo del calentamiento global? ¿Podrá alguno elucubrar que paso calor excesivo? ¿A alguien le importan mis obsesiones calenturientas o las contradicciones del periódico global (con o sin calentamiento) en español? ¿No debería terminar de hacer cajas en vez de preguntarme gilipolleces?

Suena un descubrimiento reciente, Black Math Horseman, Tyrant, qué alegría…

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Cuando El País acabe de entrevistar a todos los muchachos de Greenpeace que pasaron por la carcel con ventanas pequeñas en Conpenhague, ¿procederá a invitar a comer en la contra a  los presos de conciencia de Estocolmo y luego seguirá con los comunes de Oslo para acabar con los kíes de Helsinki? ¿No sería más responsable con el asunto del cambio climático, y con su propia condición de medio de comunicación, informar diaria y tenazmente sobre amenazas al entorno como la cagada urbanística que se quiere hacer en El Palmar y el ruido contrario que están generando los ciudadanos? (Y esto es sólo un ejemplo, que hay miles más donde elegir).

Suena San Quentin, de Johnny Cash desde San Quintín.

La foto la he sacado de la página de Facebook que está canalizando la reacción al proyecto de hotelaco.

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¿Por qué es noticia en todos los medios que un periódico se meta con la política de un Gobierno?

Suena Del Tha Funkee Homosapiens, Mistadobalina.

La ilustración está sacada de aquí.

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Me da la sensación de que la mayoría de la gente que compra periódicos no lo hace para adquirir una visión del mundo, sino para reafirmar la que ya tiene. Es una de las pocas elecciones ideológicas en estos tiempos sin ideologías y, por eso, los lectores hacen bandera de su diario y atacan al de enfrente. Para los de ABC, El Mundo y La Razón, El País es el órgano oficial del PSOE (con permiso de Público), una herramienta progre para desgastar con infamias a la oposición y tal. Para los que son de El País, esos otros diarios son el colmo de lo tendencioso y, en concreto El Mundo, la cosa más amarilla desde el submarino de Los Beatles. También, muchos de los currantes defienden su medio como si lo dirigiesen y desprecian a los otros como si fuesen redactados por los muchachos y muchachas de Gran Hermano. Yo he trabajado o colaborado en todos ellos, soy lector habitual de El País y un poco menos de El Mundo y, más allá de mis costumbres lectoras y los amigos y enemigos que tengo aún en alguno, no tengo ningún lazo emocional con ninguno. Y pienso que son todos tendenciosos, cada uno a su modo y en su tendencia, eso sí. ¿Y amarillos? Pues, atención, frase hecha, depende del cristal con que se miren.

Cuando El País empezó a publicar el asunto de las velinas de Berlusconi, hubo un debate en mi entorno sobre si era apropiado sacar las fotos robadas de la vida privada del hombre éste. Unos defendían el derecho de Silvio a meterla donde y como pudiese y otros creían que, si eso involucraba tráfico de influencias, abuso de poder y demás, era noticia. En cualquier caso, un tipo de la calaña de Berlusconi no debería caer por irse de putas sino por las muchas putadas que ha hecho y hace.

Hoy, todos los periódicos ponen en portada la misma foto, más o menos. Y, más o menos, titulan con otra bobada berlusconita sobre las mujeres como el “mejor regalo de Dios”. Sólo uno da la noticia (o lo que sea) a cuatro columnas y con un titular distinto: “Nunca he pagado por sexo. Amo conquistar”. Ese uno es El País. Y yo, al verlo después de comer, me he llevado a la siesta varias preguntas sobre esta portada. ¿No había ninguna noticia más importante? ¿Si llega a confesar que toma Viagra le dan tres columnas y si dimite, portada y contra? ¿Es una batalla de la guerra entre El País y el primer ministro italiano o una escaramuza en su lucha contra la prostitución? ¿Es amarilla la portada o yo soy daltónico? ¿Me pillo las tazas de los Beatles?

Suenan Los Mustang y su Submarino amarillo.

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El barrio entero es un burdel y el Ayuntamiento nuestro proxeneta”.

Lo escribe Javier Calvo en El País, en un estupendo artículo llamado El Raval, un barrio prostituido, que cuenta de primera mano (él vive allí) cómo los intentos del Ayuntamiento de Barcelona por (re)convertir aquello en otra atracción para turistas se han encontrado con la realidad. Que a veces es muy puta.

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Ya sé que eres periodista pero no tienes que creerte lo que dice la prensa”.

Se lo dice Oliver Stone a Toni García, periodista de El País, en Venecia durante la presentación de South Of The Border. Se refiere al tratamiento que el periódico da a Hugo Chávez. Al tratamiento de choque, en concreto.

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Cualquiera que frecuente los canales History y National Geographic puede considerarse experto en nazis y tiburones. A veces emiten documentales sobre otras cosas, pero intentan incluir en ellos algún nazi o algún tiburón. Si algún día se descubre que los tiburones simpatizan con el nazismo, o que Hitler adoraba secretamente a los tiburones, ambos canales habrán resuelto su programación para siempre”.

Otra columna con puntería de Enric González sobre la serie Apocalipsis, de National Geographic. Acaba analizando las causas originales de la Segunda Guerra Mundial y haciendo con ellas una analogía preocupante: “Cinismo, resentimiento y buenismo: suena actual, ¿no?”.

Suenan Los Chichos, Ni más ni menos.

Las imagenes están sacadas de aquí, aquí y aquí. Hay días que da gusto leer el periódico, aunque no haya que creérselo todo.

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transgenicos

¿Se puede publicar un artículo titulado “África se abre poco a poco a los transgénicos” en el periódico presuntamente más prestigioso de España sin incluir en el texto ni un sólo punto de vista contrario a los cultivos genéticamente modificados? Sí se puede porque El País lo ha hecho hoy. ¿Se debe hacer? Pues yo creo que no. A la autora del texto, Lali Cambra, y a los responsables de editarlo les ha importado un carajo esa máxima periodística de tratar por igual las dos caras de una moneda. Incluso se han hecho poco caso a sí mismos, puesto que en el texto sí se admite que “el debate sobre los GM (alimentos genéticamente modificados), como el nuclear, está polarizado”. La cosa habla de un congreso sobre los beneficios de los transgénicos celebrado en Uganada el mes pasado (¿?) y las únicas matizaciones a la propaganda pura son las de Kanayo Nwanze, presidente del Fondo Internacional para el Desarrollo Afrícola (IFAD). “Los GM no son la solución a todo”, se atreve a decir el hombre y se digna a publicar el periódico.

Si uno teclea la palabra “transgénicos” en Google, se encuentra con 855.000 páginas de referencia. Comprendo que son demasiadas para consultarlas todas. Pero es que la primera es la de Greenpeace, que, obviamente, no está a favor del asunto. La segunda es la de la Wikipedia, que sí lo está pero que incluye parte de la polémica. Y la novena es una noticia de este mes que cuenta que la organización Biowatch logró en Sudáfrica “una victoria judicial que asegura la gratuidad del acceso a la información sobre cultivos transgénicos, aun en contra de la opinión de los organismos públicos y grandes corporaciones”. Por cierto, Sudáfrica es el lugar desde donde firma la información de El País la tal Lali Cambra. Pero, ya digo, o no ha googleado o no ha leído entre muchas líneas.

Así, en el texto se dan como buenas afirmaciones que provocarían infartos a ecologistas, comprometidos varios y hasta algún que otro Premio Nobel. Se dice, por ejemplo, que los transgénicos son estupendos contra el cambio climático, que benefician a los pequeños agricultores y que van a ayudar un huevo al desarrollo de África. Justo lo contrario que piensa la gente que piensa lo contrario. Incluso aparece en el texto la corporación Monsanto (para muchos, uno de los grandes demonios del mundo actual) como un benefactor social sin el Mon delante, junto a otra multinacional, BASF, y la familia Gates. Con un par.

Yo no tengo una opinión clara con respecto a los transgénicos -bueno, sí la tengo, pero no viene al caso- pero sí poseo un concepto meridiano de lo que debe ser el periodismo responsable. Y ni de coña se parece a lo que sale hoy en la página 41 del periódico que me ha costado 1,20 euros y cuyos autores y muchos de sus lectores aún consideran el colmo de la ecuanimidad, la veracidad y, uf, qué pereza, el progresismo. Es más, lo de hoy no sólo es contradictorio con su propio Libro de Estilo, sino que se da de morros con noticias recientes del periódico en cuestión. Resulta que ayer mismo, su defensora, Milagros Pérez Oliva, tenía que justificar una información sobre eutanasia en la que se había metido la pata por no consultar otra fuente. Resulta que hoy, en la misma sección de Sociedad donde aparece la noticia transgénica, se recoge (tarde) eso del código ético contra la propaganda ecológica de las marcas de lo que ya se habló por aquí (también con retraso) la semana pasada. Resulta que el viernes pasado sí se publicaba un artículo como es debido sobre lo nuclear, con sus puntos de vista diversos expuestos y discutidos.

Hace poco, en el mismo El País -¿se nota que es el periódico que leo y en el que a veces hasta escribo?, ¿se entiende, por eso, que le dé tanta cera?-, publicaba una columna Miguel Ángel Aguilar que ahora no encuentro en la Red pero que venía a decir que un diario no debe ser abanderado de ningún movimiento, que simplemente debía dar información contrastada, diversa y tal. Pues eso. No creo que lo de hoy sea un maniobra orquestal en la oscuridad de Monsanto. Creo que es un ejercicio de incompetencia. Y eso es lo grave. Los periodistas y los medios cada vez nos lo curramos peor y así no van a mejorar las ventas ni el prestigio ni la inversión publicitaria. Cada vez más, los que formamos la audiencia nos sentimos insultados por los que hacemos la información. Y con este ejemplo de mi esquizofrenia de cada día, me retiro a mis aposentos.

Suena Fela Kuti, Teacher Don’t Teach Me No Nonsense.

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