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Archive for 30 abril 2010

Juan Pelegrín cumple la norma bressoniana. Captura el instante decisivo y nos lo pone ante los ojos. Pero Juan hace algo más. Consigue lo que temían los indios, o casi. No llega a robar el alma de aquéllos a los que apunta con su objetivo pero sí la toma prestada. Agarra sus almas, sus historias, y nos las pone más allá de los ojos, allí donde nuestra mirada se sienta a entender la vida. Lo acojonante es que el muy cabrón -y aquí ya me dejo de mariconadas líricas, que luego se ríe de mí-, lo hace con personas, animales o cosas. Juan Pelegrín hace una foto a la cara de un toro y es como si escribiese un relato. Es más, es capaz de dibujar un relato encuadrando un dedo y un colgante.

Juan Pelegrín, más conocido en la Red como Manon, es fotógrafo de Las Ventas desde hace once años y por eso hay quien puede pensar que lo suyo es la fotografía taurina. Yo, que voy de disidente, estoy de acuerdo en algo: Juan hace las mejores fotos de toros (y alrededores) que he conocido. Pero no creo que sea un fotógrafo taurino. Juan es fotógrafo. Un fotógrafo cojonudo. Un fotoperiodista, en el mejor sentido de la palabra periodista. El que le dan tipos como Ryszard Kapuscinski o Enric González, excelentes relatores de las pequeñas historias de cada uno que conforman la gran historia de todos, tipos cuyo textos me recuerdan a las fotos de Juan por muchos motivos. Por lo que he explicado ya y por esa actitud relajada y un tanto irónica que no significa distancia ni desapasionamiento sino que demuestra inteligencia y coherencia.

Viene todo este rollo a cuento de que se presenta el día 4 su libro, “Un día en Las Ventas”. Las fotos son suyas, nos ha jodido mayo; los textos, de Luis Francisco Esplá, por cierto, una de las muchas cosas buenas de la vida en las que coincidimos. Pude ver el libraco antes de ayer y, aparte de llevarme una alegría por la alegría de Juan, me pareció estupendo. Por las fotos, claro, y por cómo estaban elegidas, editadas y compuestas en las páginas, con guiños juanpelegrinescos, fina ironía y coña marinera. Así que ya tengo claro un par de cosas para el martes que viene: que me voy a emborrachar a costa de Juan (y su editorial) y que me voy a dejar 50 euros en este libro del que, ay que joderse, me siento orgulloso.

Todas las fotos son de Juan Pelegrín, claro, salvo que haya birlado las imágenes de alguien y las haya firmado con su nombre, en cuyo caso el lector debería poner en este texto el nombre de ese alguien en lugar del de Juan y a mí me daría un poco igual porque, más allá de ser un buen fotógrafo, a mí lo que me parece es que Juan es un tío muy majo (en realidad todo esto lo digo por el balón de basket que le tengo secuestrado). Una última cosa: si alguien no puede ir al sarao, puede dejarse los euros comprando el libro online.

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Antes era rara la semana en que alguien no me preguntaba por un garito al que ir cuando todo había cerrado, me pedía papel de fumar o me ofrecía o reclamaba algún tipo de drogas o todas a la vez. Esta semana me han preguntado por una oficina de Gas Natural, una estación de Metro, los mostradores de Air Europa en la T2 y, lo más así al filo, una farmacia de guardia un domingo. Fue un mendigo polaco al que su compañero de puerta eclesiástica le había abierto la ceja por algún motivo. Yo, por cierto, acompañé al hombre a la farmacia. Antes no lo hubiera hecho: habría estado durmiendo.

Suena Tiempos nuevos, tiempos salvajes, de Ilegales (gran concierto de despedida en Madrí).

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Y devolviéndolo. Un poco.

Los enemigos, Desde el jergón.

Barricada, No sé qué hacer contigo.

Rosendo, Agradecido.

Ilegales, Stick de hockey.

Le punk, He vuelto a amanecer.

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… y muerto de cáncer de garganta.

Raf Pulido, batera de La banda trapera del río y autor de letras como la que da título a esta entrada o Curriqui de barrio. Como sus colegas de banda Tío Modes y Rockhita, ha muerto de cáncer, que se ve que es la enfermedad más punk. Porque estos tíos, los traperos, vomitaron el punk aquí los primeros. O eso dice gente de la que me fío, que yo no estaba en Cornellá para analizar los tropezones. Eso sí, en cuanto pude me compré una milagrosa reedición de su primer LP y puse a rascar las agujas. Hay que leer a los clásicos.

Suena Curriqui de barrio, La banda trapera del río.

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Una amiga, ayer, al enterarse de que su aparato de tele era digital y, por tanto, no necesitaba los dos decodificadores que se había comprado: “¿Por qué no me lo habían explicado antes?”. La misma amiga, recordando lo que le dijo a sus amigas cuando se enteró de que su aparato tenía clítoris y, por tanto, disfrutaba de la estimulación (digital, entre otras): “¿Por qué no me lo habíais explicado antes?”.

Suena Orgasm Addict, Buzzcocks.

La imagen es de aquí.

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Antes, para llamar la atención de los dioses cuando la cosa iba mal, sacrificábamos vírgenes. Ahora quemamos coches*.

* Dice Adbusters que en Berlín se producen sacrificios nocturnos -más de 500 carros en llamas en tres años- en protesta contra la gentrificación y la conquista de zonas alternativas por parte del capitalismo de rapiña. El autor del artículo relaciona estas acciones con las protestas en los suburbios de París y Atenas y con el situacionismo y habla del poder simbólico del coche quemado por encima del incoveniente producido al propietario del buga. El que tenga curiosidad, puede ver un Google Map con los sacrificios actualizados al día en esta web.

Suena Light It Up, Blood Red Shoes.

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O puede que no. O puede que nunca llegase a existir. Vaya usted a saber, que el punk es muy suyo. El que sí parece haber palmado es Malcolm McLaren, uno de los que llevaba la medalla de inventor colgada de un imperdible. McLaren siempre fue el malo de la película de los Sex Pistols, como en general todos los managers -el que haya sido manager alguna vez, como un servidor, sabe de la culpa que se carga-, pero la verdad es que el tío tuvo mucha parte, y bastante arte, en todo el follón sexpistolero. No sólo eso; antes, por ejemplo, estuvo detrás de los New York Dolls. Poco, pero suficiente para vestirles protosoviéticamente. Y es que en realidad el hombre era un cazador e impulsor de tendencias estéticas, sobre todo junto con Vivienne Westwood, de las que aún se alimenta el personal que diseña modas. Era eso y un humorista refinado, como demostró en The Great Rock’n’Roll Swindle, la peli postpistolera sobre los pistolos sexuales, toda una obra de arte. De surrealismo chorra, en concreto. Requetepunk.

Los (que quedaban) Sex Pistols, The Great Rock’n’Roll Swindle. O Anybody Can Be a Sex Pistol. O Me río de Johnny Rotten. O Si el punk es de todos, queremos un cacho.

La imagen es de aquí y muestra a McLaren en plan teddy boy, una estética clave en el punk británico primigenio en la que mucho tuvo que ver, como en casi todas.

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