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Archive for 31 octubre 2008

Me importa un pito si Woody Allen le ha fusilado Vicky Cristina Barcelona a Alexis de Vilar, ese escritor y fotógrafo condal que jura que es un calco de su Goodbye Barcelona. No he tenido ganas de ver la peli así que no creo que me apetezca leer el libro. Pero me he quedado pillado con la biografía de este hombre que cuelga en su página web. El tío es un titán de la nueva era: cooperante concienciado, periodista de raza, fotógrafo sincero, escritor influyente, ecologista precoz, emprendedor incomprendido, luchador incansable… Si no existiera, habría que inventarlo. Y viceversa: si fuese inventado, debería existir.

Aquí van algunos retales copiapegados de su biografía:

Autor, fotógrafo y explorador, Alexis de Vilar ha pasado los últimos 30 años fotografiando culturas lejanas y luchando para salvar a esos pueblos mal llamados “primitivos” y los ecosistemas que conforman su hábitat natural del avance de la sociedad industrial.

1948. Alexis de Vilar nace en Barcelona.

1964. Abandona sus estudios para viajar. Visita una treintena de paises y se especializa en los problemas del Tercer Mundo, y particularmente en los de África y Asia.

1973. Es nombrado corresponsal en Los Angeles de la revista Fotogramas. Es el único periodista europeo invitado al Life Achievement Award que el American Film Institute concede a John Ford. Traba amistad con James Steward, Jack Lemon y Fred Astaire y entrevista a numerosas personalidades del Séptimo Arte.

1974. El autor se une a UNICEF en Sri Lanka, pero dimite al cabo de diez meses por divergencias de criterio entre el escritor y la organización.

1975. Tanto “Pronto será de Noche”, cuyo prefacio escribe el poeta Lawrence Ferlinghetti, director de la mítica editorial City Lights, y “Luz y Miseria”, son precursoras, con más de 20 años de antelación, del movimiento downshifting.

1979. En el mes de febrero el Tribal Life Fund, asociación que preside el autor, solicita respetuosa pero encarecidamente a S.M. el Rey Juan Carlos de Borbón, la creación urgente de un Ministerio del Medio Ambiente en España. En la carta propone al eminente zoólogo y naturalista Felix Rodriguez de la Fuente para el cargo.

1985-1992. El 16 de mayo el autor sufre un gravisimo intento de asesinato al ser acuchillado en la cabeza en pleno dia. Ello acontece tan solo unos días después de que al autor se negara a vender sus marcas “Ciudad del Cine” a la Paramount. […] A su llegada a España el autor descubre que hay una razón política detrás de todo ello ya que entretanto el propio gobierno socialista a través del Ministerio de Cultura y la Comunidad de Madrid han copiado el proyecto de la Ciudad del Cine en la Casa de Campo de Madrid utilizando impunemente las marcas registradas por el autor. Alexis de Vilar, decepcionado por el gobierno socialista se autoexilia en Paris donde permanecerá cinco años.

1992. Calificado por un célebre editor parisino (Robert Laffont) como “el Cousteau de la Tierra”, Alexis de Vilar prosigue en solitario su lucha en defensa de los últimos pueblos tradicionales y los ecosistemas que los sustentan.

2001. A fines del mes de octubre se crea un “pasillo verde” que se extenderá por 9 paises afin de proteger la selva endémica sudamericana. El proyecto retoma las ideas del autor esbozadas en 1993 a Butros Butros Gali para que los pueblos primitivos se conviertan en eficaces “guardianes de los ecosistemas”.

La biografía completa se encuentra pinchando aquí mismo. Y también páginas para comprar su libro que presentó ayer al tiempo que proclamaba la denuncia, por si alguien quiere comparar.

Yo ya digo que paso. Pero no sé si montarle un club de fans en Facebook.

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Haciendo tiempo el otro día en el quiosco de un aeropuerto me topé con la revista inglesa Q. Pasé de comprarla (¿más de siete euros por un especial de 50 páginas dedicado a Oasis?) pero descubrí un grupo con mucha guasa. Se llama MP4 y está formado por parlamentarios británicos. Pete Wishart toca los teclados y es del SNP, el partido nacionalista escocés; Ian Cawsey le da al bajo, canta y es laborista; Greg Knight aporrea la batería y es conservador; y Kevin Brennan es laborista y guitarrista. Su nombre es una gracieta que juega con su número y condición, Members of Parliament, el formato de archivos audiovisuales MP4 y, digo yo, un grupo mítico como MC5, los cinco de Motor City, Detroit. Pero su sonido no se parece a esos macarras, claro. Los chicos de MP4 tienen un disco con cuatro canciones, tres versiones (Beatles, Wilson Pickett y… ¡Steve Earle!) y una propia. Dedican lo que ganan a obras de caridad. Han tocado, emulando a los Fab Four, en el techo de la Casa de los Comunes de Westminster. Y, flipo, han sido la banda elegida por Feargal Sharkey, mítico cantante de los enormes Undertones, para acompañarle en su vuelta a los escenarios, 15 años después, cantando Teenage Kicks. Ah, y uno de ellos, Pete el teclista, puede presumir y presume de ser el único parlamentario que ha aparecido en el programa Top of the Pops (tocó con unos tales Runrig y Big Country). Ya me callo. Dejo que la música hable por sí misma… Juas, juas.

¿Qué miembros de nuestro parlamento podrían formar un grupete? Recuerdo que Hernández Mancha tuvo uno en su juventud, pero el hombre está retirado… ¿Quién se anima a tocar con los Putos Diputados?

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Los muchachos del Wassup, ocho años después…

Gracias, sister.

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La verdad es que a mí me la trae al pairo el mundo del motor. Tengo un Lupo ya casi adolescente que se lava lo justito y que pasa de ir a pasar la ITV porque me ha salido respondón. Yo paso de él tanto como él de mí y sólo le doy pasta para que se la gaste en aceite, a ver si acelera de una vez y se emancipa. Por lo demás, mientras mis amigos del cole leían Automóvil y Motociclismo, yo miraba Víboras, Cómix y Címocs. Si me gustarán poco los coches que he estrellado un AX, he hundido un Tipo y he malvendido un Clío. Dicho lo cual, recomiendo un blog recién parido por dos motivos la mar de importantes: porque me da la gana y porque es de un amigo. Aquí está:

The Motor Lobby

Y eso.

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Está Al Gore de gira ibérica. Ayer pasó por Bilbao a cobrar una conferencia y hoy llega a Sevilla a repartir doctrina a lo que alguien ha tenido la mala idea de llamar “su ejército verde”. No pienso contaminar aquí el mérito del marido de la censora Tipper Gore. Ni tampoco meterme en si se ha forrado o no con su discurso ecologista. Estoy convencido de que el que fue el próximo presidente de los Estados Unidos ha hecho un curro la mar de valioso poniendo en primera plana el asunto del cambio climático. Los gringos (y muchos otros) parecen necesitar de prescriptores no sólo para el consumo, sino también para el pensamiento. Tienen el síndrome Troy McClure. Necesitan que entre un tío en plano y les diga eso de “hola, soy Troy McClure, me conocerán de documentales sobre lo chungo que lo tenemos como…”. Lo que hace en dibujos animados ese secundario de Los Simpson lo hace en serio gente como Michael Moore. Y Al Gore. Y si el tío gana pasta con ello, pues muy bien. Mejor que se forre así que fabricando minas. No me voy a meter con él por eso.

Lo que trae a Al Gore a estos párrafos son los Reyes Magos. Sí. Este hombre es como un padre que sostiene la existencia de Melchor y compañía ante un chaval con pelos en el bigote. Desde Una verdad incómoda, Al Gore no se cansa de repetir que es posible frenar el cambio climático sin frenar el desarrollo. Es decir, que los países de chaqueta y corbata pueden seguir teniendo sus crecimientos de entre el 3 y el 5% sin afectar al medio ambiente. Venga ya. Sería preocupante que Al Gore aún creyese en los Reyes Magos. Pero sería peor que no creyese y que pensase que nos puede convencer a los demás de su existencia. Lo mismo con su tesis de sostenibilidad y desarrollo. Si Al Gore piensa de verdad que el Capitalismo es sostenible, malo. Y si no lo piensa pero lo dice y cree que nos vamos a comer la tostada, pues malo también.

Este sistema voraz en el que vivimos, éste que nos empuja a comer sin apetito, comprar sin necesidad y gastar lo que no tenemos, es insostenible por definición. El Capitalismo necesita de consumidores que sigan moviendo los billetes. El consumo se genera a partir de materias primas. Y como las materias primas están en peligro de extinción, la Tierra necesita que le den un descanso para regenerarse un poquito. Pero ese descanso es imposible si se pretende seguir creciendo. Ya somos más de 6.000 millones pisoteando el planeta. Cada vez más hay más gente con cierta capacidad de consumo. Y cada vez habrá menos que consumir. Malas noticias para la Tierra. Malas noticias para el aire. El Capitalismo va a morir de éxito.

Para colmo, la realidad insiste en chafar el discurso de Al Gore. Ahora estamos en crisis camino de recesión. Por una parte, está bien para el Planeta: el consumo se frenará y el crecimiento será una quimera. Por otra, es una putada. ¿Quién coño va a pensar en el carbono cuando está preocupado por su trabajo y su hipoteca? El Gore ha sido rápido en adaptar su charla a la situación y ayer dijo en Bilbao que ambas crisis, la financiera y la climática, son globales y requieren soluciones globales. Y antes de ayer mismo, la UE le dio una bofetada sin querer diciendo que cada país debe arreglárselas y decidir en su lucha contra el cambio climático. O sea, que pasando del tema climático.

Repito: olé los cojones de Al Gore por dedicarse a lo que se dedica. Pero ya va siendo hora de que alguien nos cuente la verdad incómoda de verdad. Así no. Así no llegamos a viejos. Así se acaba la historia. El problema es que eso no lo va a hacer un tío tan metido en el sistema como Gore. Ni ningún otro político de los que dan dinero a los bancos. Ni ningún medio de comunicación de los que viven de la publicidad. Ni ninguna empresa, claro. Eso lo deberíamos decir nosotros pero tampoco. De momento, vivimos demasiado cómodos para verdades incómodas. Y por eso preferimos creer en los Reyes Magos.

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Este tío ha sido hoy galardonado con el Premio Nacional de Ensayo por De provincia a nación. Historia do Galeguismo Político. Este tío se llama Justo Beramendi y es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Santiago de Compostela, cofundador del Museo do Pobo Galego y, además de muchas otras cosas pero sobre todo, un tío estupendo. Este tío es tío mío y yo hoy soy un tío orgulloso. Enhorabuena.

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Hace cosa de una semana, el alcalde de aquí de Madrí se sacó una ordenanza de la chistera (que debe venir de chiste) por la que prohibía los hombres anuncio en las calles. Y lo justificaba explicando que tal actividad “ataca la dignidad de la persona”. Y un montón de gente se llevó las manos a la cabeza. Le sorprendía a esa gente que Alberto Ruiz Gallardón no preguntase a las personas afectadas si ser un sandwich publicitario les quitaba más dignidad que dinero les aportaba.

Vaya novedad. Que yo sepa, el legislador, Gallardón o no, nunca pregunta al legislado por la ley que le afecta directamente. Simplemente, decide por él. Decide por el hombre anuncio que es más digno quedarse sin curro que llevar dos tablas colgadas de los hombros. Decide por un huevo de gente que fumarse un porro o meterse una raya es tan malo para su salud que merece un arresto y una multa. Decide por todo el mundo el destino de sus impuestos, ya sea para educación, gastos militares o salvar algún banco de la quema. Y últimamente está debatiendo si decidir por un montón de putas que han elegido libremente su actividad que su trabajo es esclavitud, violencia y nosequemás y que por eso hay que perseguirlo.

Así es la democracia. El legislador sólo se interesa por la opinión del legislado una vez cada cuatro años. Y el legislado, entonces, pone la ley en manos y al servicio del legislador. Con dos cojones. No sé, yo creo que así no. Que no cuesta nada intentar hacer las cosas bien: preguntar a los hombres anuncio, a los porreros y a las putas. Informarse y tal. Y creo, además, que a estas alturas tecnológicas se podría lograr fácilmente un sistema en que los ciudadanos pudiésemos participar más en las decisiones. Ser legislados pero un poco legisladores de nosotros mismos (y de los legisladores, tan impunes casi siempre). Pero es que también estoy convencido de que a ellos no les interesa hacer las cosas como es debido ni, desde luego, que participemos más. Los legisladores están bien como están. Y se deben echar una risas muy sonoras cuando oyen ese tópico que dice que “la democracia es el menos malo de los sistemas políticos” (¿Churchill?). La verdad es que yo también me parto. Me río tanto como me reiría, por ejemplo, si alguien dijese que “Operación Triunfo es el menos malo de los programas de búsqueda de talentos”. Me descojono y me acuerdo de una canción.

La Polla Records: El congreso de ratones.

(La foto del madelman anuncio la he pillado un curioso blog dedicado a esos muñecos).

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Me entero paseando por la playa de Neil del nacimiento del Hartismo y de su manifiesto hartista. Por contarlo rápido: una gente que está hasta las narices de la chorrada considerada obra de arte y del arte como negocio especulativo y que lo dice alto y claro. Y con bastante gracia. La iniciativa es de tres pintores gallegos pero pretende convertirse en punto de encuentro de todos aquéllos a los que el (moderno) arte moderno les huele peor que el meadero de Marcel Duchamp. El 17 de octubre se va a presentar en el asunto y su revista. Pero ya hay una maja web y un salao blog. Y allí, en la web, se encuentra un test para reconocerse, o no, como hartista. Y el test es todo un descojono. Paso a reproducir algunas de las preguntas:

1. Te acercas a ver un exposición de Joseph Beuys llena de sus clásicos, botes de parafina por el suelo, cajitas con cosas , trapos, etc. Tú piensas…

a- esto es una puta mierda
b- estas cosas ya me parece haberlas visto antes. qué mal huele aquí
c- hay que respetar todas las sensibilidades, entiendo que haya quien diga que es un genio
d- una exposición magnífica y muy recomendable. Hierofánica.

2. En la boda de tu primo van a servir un novedoso plato: tiburón. Tú puedes elegir cómo quieres que te lo preparen:

a- en caldeirada
b- en ajada
c- en espuma
d- en formol


3. El pueblo de tu madre, a 120 kilómetros a la redonda de cualquier forma de vida conocida, está en fiestas. Te han nombrado concejal de cultura interino porque el titular tiene una hernia ya que intentó cambiar la rueda de su camión sin usar el gato, levantándolo a pulso. Por presiones ajenas a tí, en las que no vamos a entrar ahora, te instan a “modernizar” las fiestas, que siempre suelen consistir en masivas ingestas de chorizo y aguardiente, y en una charanga donde tocan unos tíos con trajes de charol todavía más borrachos que el resto de la gente.
Te dicen que debes acabar con esta tradición prehomínida y que organices en su lugar un festival de videinstalaciones. Ante esto, tú:

a- te suicidas
b- les presentas a los paisanos el festival, pidiendo disculpas de antemano por si alguien echa de menos su fiesta anual. En la presentación procuras que beban muchísimo para que luego no puedan seguirte.
c- les exiges respeto y silencio ante la colección de obras de arte procesual que van a contemplar, y les dices que ya iba siendo hora de que su puto pueblo fuera moderno y vanguardista. Mientras dices esto, a tres metros de tí tienes el coche en punto muerto, listo para meterte en él y abandonar el lugar a 150 por hora en cuanto empiece el show.
d- lo mismo que en la respuesta anterior, pero sin el coche esperándote”.

Pues eso. Que estará uno más o menos de acuerdo, pero hay que reconocer que los tíos tienen arte, como dicen en Cádiz. Y que es verdad que todo el rollo del (moderno) arte moderno es muy hartible, como siguen diciendo en Cádiz. Y que Damien Hirst se merece un cuplecito de alguna chirigota. Y dos bofetadas.

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Sé que que es como mezclar la velocidad con el tocino. O las anfetas con las chuletas de cordero, en este caso. Pero desde que conozco a Lambchop hay algo que me suena familiar en la voz de Kurt Wagner, su capo cantante. Al principio creía que era ese recitado a lo Leonard Cohen. Pero no. La voz del muchacho de las gafas de pasta y la gorra de camionero a mí me parece la misma que la del tío de las muletas y la pinta de bitter. Sí, a quien pueda interesar, a mí el sonido de las tripas de Kurt Wagner me suena al de los huevos de Ian Dury. Y, para demostrarlo, he aquí dos botones. Un clásico de Lambchop y el segundo más escuchado de Ian Dury and the Blockheads (pasando, en este caso, del Sex & Drug & Rock&Roll).

Lambchop: Is A Woman.

Ian Dury and the Blockheads: Hit Me With Your Rythm Stick.

Claro, no tiene nada que ver una música con la otra. Pero, ¿qué pasaría si hiciésemos un ejercicio de música ficción? ¿Y si sacásemos a Ian Dury de su tumba y lo metiésemos, en un universo paralelo, a cantar con Spain? No, no con todo el país, sino con el grupo que armó en los 90 el hijo del gran Charlie Haden: Josh Haden. Pues que sonaría bastante como Lambchop. Bueno, igual es sólo mi opinión. Pero me gusta.

Spain: Untitled#1

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Madrid, octubre de 2005:

En 1977, Gran Bretaña puso en el mercado el punk. Una música estrepitosa y una estética afilada más que inspiradas en las salvajadas que cometieron a finales de los 70 grupos como MC5 e Iggy Pop y sus Stooges desde Detroit y, más tarde, los New York Dolls y los Ramones en Nueva York. El punk, ese punk, convirtió el desparrame en una forma de vida y hasta en una manera de hacer política y sacudió los cimientos de la cosa musical para luego dejarla más o menos como estaba.

En 1979, un adolescente volvió de California a su ciudad, Washington DC. Trastocado por el rabioso sonido que carcomía el planeta, montó su primer grupo, The Teen Idles, y, un año después, se juntó con otros amigos bajo el nombre de Minor Threat. Ian MacKaye inició de esa forma una carrera que igual no ha cambiado el curso de la música pero que seguro ha transformado las vidas de muchos músicos y, lo que es más importante, de numerosas personas. Ian se hizo punk pero decidió hacerlo a su manera. Frente al abuso politoxicómano y la revolución de barra de bar, MacKaye fundó sin querer un movimiento poco conocido pero muy influyente. El straight edge proponía olvidarse del alcohol y las drogas y centrar toda la energía en la acción: música, movimiento asociativo, revolución. Por eso, quizás, Ian MacKaye ha tenido tiempo para tener su propio sello, Dischord, aún hoy activo y con una coherencia a prueba de súper ventas, y de militar en bandas como Embrace, Pailhead y, sobre todo, Fugazi. Este último nombre es el que ha hecho famoso a Ian en todo el mundo. Un nombre y un grupo asociados a música intensa pero abstracta, a ruido furioso pero intelectual, a éxito de ventas pero manteniendo los principios: discos a diez dólares, conciertos a cinco y entrevistas sólo para fanzines.

En 2005, en la sala Moby Dick de Madrid, Ian MacKaye  presenta Mt. Pleasant Isn’t, la siguiente canción del concierto de su nuevo proyecto, The Evens. “Para mí punk es que estemos todos aquí juntos, punk es poder hacer música y venir a España a compartirla, punk es estar en comunidad”. Y, efectivamente, fue punk haber estado allí, aunque pudiera no parecerlo. The Evens son un grupo de dos, Ian tocando una guitarra barítono, de sonido más grave que una semiacústica normal, y Amy Farina, que estuvo en un grupo llamado The Warmers, a las baquetas de una batería casi sin elementos de la que saca ritmos primitivos pero capaces de llenar un anfiteatro romano. Suenan sin pasar por la mesa de mezclas, sólo el ruido que sale del ampli de Ian y de la batería de Amy. Por eso piden a la gente silencio. Y en silencio disfrutamos de un concierto único: punk acústico, canciones que recuerdan a las últimas de Minor Threat y a las primeras de Fugazi, simples y a la vez muy complejas. Intensas. Al acabar, ellos mismos recogen sus cosas, venden discos a pie de escenario y se van. Nosotros también. Salimos de un concierto punk, pero no tenemos ganas de destrozar papeleras, sino de reciclar papel. Ya ves.

El mundo, hoy:

Obviamente, este texto es antiguo. Tiene tres años y pico. Los que hacen del concierto de The Evens en Moby Dick. Fue escrito para una revistita que editaba la librería Mairea. Pero nunca fue publicado. Quizás por eso lo saco del cajón. O, más bien, porque me apetece. Porque creo que es el momento. Porque ayer, hablando con Ángel, un amigo metido en lo más profundo de lo financiero, le escuché decir que era el fin. Que el capitalismo, este capitalismo, se había acabado. Y que ojalá fuese para bien y que hubiese un cambio de valores.

El asunto es serio y da para mucho. No sé si me apetece ponerme a pensar y escribir sobre él un sábado lluvioso como hoy. Sólo diré que siento hace tiempo que la sociedad de consumo es un asco. Que vivimos engañados por el brillo de la satisfacción inmediata. Y que nuestra continua búsqueda del placer (o beneficio) a corto plazo sin mirar al largo o el medio no sólo acelera nuestra muerte, sino que hace nuestra vida más vacía. Yo, que no soy muy viejo, aún recuerdo tiempos en los que no todo estaba en venta, la honradez era una virtud y no una estupidez y a la gente se la valoraba por lo que era y no porque lo que cobraba. O quizás no son recuerdos sino enseñanzas de mis padres. Da igual. El caso es que ojalá lleve Ángel razón y vuelvan esos tiempos. O incluso unos mejores. No sé. No lo creo. No parece que los codiciosos hayan aprendido ninguna lección.

Claro que ésos cabrones nunca han escuchado a Minor Threat, ni a Fugazi, ni a The Evens. Si no, seguramente no harían lo que hacen ni se dedicarían a lo que se dedican. Este verano conocí en Jordania a Angelo, un romano romanista que me contó que la izquierda, la verdadera izquierda italiana, ya pasaba de las elecciones y de la gran política. Que ellos en Italia se dedicaban al trabajo comunitario. A ayudar, proteger y desarrollar sus barrios. Eso es lo que lleva años haciendo y cantando Ian MacKaye. Y eso es lo que deberíamos ponernos a hacer todos si queremos sobrevivir con dignidad.

No soy yo de adorar ídolos ni de pedir autógrafos. Pero hay que reconocer la coherencia y el compromiso cuando se ven. Y, últimamente, no son cosas que hayan asomado mucho. Por eso creo que hay que tragarse el orgullo, dejar de ser los más listos y señalar a tipos como Ian MacKaye (o como Angelo). La que hemos liado sólo se soluciona cambiando. Empezando a construir las cosas para que se sostengan; sin pensar en ventas ni rentabilidades; considerando como único beneficio el que hacemos a la comunidad y, por tanto, a nosotros mismos. Repito, ojalá lleve razón mi amigo Ángel y estemos ante un cambio de valores. Tampoco es tan difícil. Basta con observar lo que lleva tiempo haciendo gente como Ian MacKaye y dejar de tener en portada a Pete Doherty.

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