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Archive for the ‘Fotos’ Category

Instagrafías: café

Veo tu futuro en el fondo de esta taza. Vas a pedir otro café.

Esta Instagrafía y otras aparecen en una revista digital muy recomendable llamada Belly Button Mag que ha impulsado un hombre e ilustrador también recomendable, a pesar de haberse dedicado a la publi: Yissus.

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Instagrafías

Instagrafías: Pájaros

Y qué le vas a hacer, si los pájaros cantan en la jaula.

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Instagrafías: belleza interior

La belleza está en el interior. Huele a coliflor, suena reggaetón, las familias gritan. Ahora miramos y vemos más allá. Hacia fuera. Pero yo ya tengo claro que me quedo. Aquí dentro.

Esta Instagrafía y otras que vendrán después aparecen en una revista digital muy recomendable llamada Belly Button Mag que un hombre e ilustrador también recomendable, a pesar de haberse dedicado a la publi: Yissus.

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Hay días que te agarras a mi cuerpo como una enredadera. Otros, te separas violentamente como un cascote despidiéndose de su iceberg. Eres la tierra en el cielo y el hielo en la sopa. Podría vivir sin ti, pero no soy gilipollas. Ya no.

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El mundo se acaba cada día. Y luego vuelve a empezar. Dale recuerdos a tu profecía. Yo ya tengo la que me hace merezco.

El mundo se acaba cada día. Y luego vuelve a empezar. Dale recuerdos a tu profecía. Yo ya tengo la que me merezco.

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Me encantan este tipo de experiencias. Dar cámaras a la gente para que retrate su realidad. Es ver las cosas con sus ojos, con su encuadre, con su alma. En este caso, es parte de un taller en la prisión femenina de Trigsor, Rumanía. Les dieron 14 cámaras y cinco días para disparar. Salieron más de mil fotos y fueron seleccionadas casi 400. No he visto todas, pero sí muchas. Y son una maravilla. Digamos que nunca hubiera pensado que sería capaz de entrar en una cárcel de mujeres rumana. Digamos que ya he estado dentro. Y me ha encantado el viaje. Las fotos son buenas por lo que cuentan pero, también, por cómo lo cuentan. Que me perdonen mis amigos foteros, pero no hace falta ser un profesional para tener una visión artística y diferente. Sobre todo cuando tienes una buena historia delante. Sobre todo cuando esa historia es la tuya. Pasa lo mismo con la escritura y con casi todo (vale, quizás la cirugía y la arquitectura sean tareas que no puede hacer cualquiera sin formación, aunque algunos con formación hacen cagadas de las gordas; y pregunten a los dos cirujanos que hurgaron en mi rodilla, que callarán y otorgarán). Una vez cerrado el paréntesis, otra reflexión de andar por casa. Me parece también muy interesante la sensación de buen rollo que respiran las fotos. Los personajes no tienen aspecto de seres con vidas fáciles y, sin embargo, a uno le asoma una sonrisa muy vital al ver las fotos, una sonrisa que surge de la sensación de estar compartiendo buenos momentos. No lo son. Pero una cosa es cómo son las cosas y otra es cómo se viven.  En fin, que me perdonen también los herederos de Drácula si hay algún error en la información, pero no he encontrado referencias en español así que he tenido que usar un traductor web. El que quiera saber más, rumano incluido, aquí tiene el link.

Visto en el Twitter de la one and only Alia.

Suena Edie Brickell and the New Bohemians, What I Am.

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Juan Pelegrín cumple la norma bressoniana. Captura el instante decisivo y nos lo pone ante los ojos. Pero Juan hace algo más. Consigue lo que temían los indios, o casi. No llega a robar el alma de aquéllos a los que apunta con su objetivo pero sí la toma prestada. Agarra sus almas, sus historias, y nos las pone más allá de los ojos, allí donde nuestra mirada se sienta a entender la vida. Lo acojonante es que el muy cabrón -y aquí ya me dejo de mariconadas líricas, que luego se ríe de mí-, lo hace con personas, animales o cosas. Juan Pelegrín hace una foto a la cara de un toro y es como si escribiese un relato. Es más, es capaz de dibujar un relato encuadrando un dedo y un colgante.

Juan Pelegrín, más conocido en la Red como Manon, es fotógrafo de Las Ventas desde hace once años y por eso hay quien puede pensar que lo suyo es la fotografía taurina. Yo, que voy de disidente, estoy de acuerdo en algo: Juan hace las mejores fotos de toros (y alrededores) que he conocido. Pero no creo que sea un fotógrafo taurino. Juan es fotógrafo. Un fotógrafo cojonudo. Un fotoperiodista, en el mejor sentido de la palabra periodista. El que le dan tipos como Ryszard Kapuscinski o Enric González, excelentes relatores de las pequeñas historias de cada uno que conforman la gran historia de todos, tipos cuyo textos me recuerdan a las fotos de Juan por muchos motivos. Por lo que he explicado ya y por esa actitud relajada y un tanto irónica que no significa distancia ni desapasionamiento sino que demuestra inteligencia y coherencia.

Viene todo este rollo a cuento de que se presenta el día 4 su libro, “Un día en Las Ventas”. Las fotos son suyas, nos ha jodido mayo; los textos, de Luis Francisco Esplá, por cierto, una de las muchas cosas buenas de la vida en las que coincidimos. Pude ver el libraco antes de ayer y, aparte de llevarme una alegría por la alegría de Juan, me pareció estupendo. Por las fotos, claro, y por cómo estaban elegidas, editadas y compuestas en las páginas, con guiños juanpelegrinescos, fina ironía y coña marinera. Así que ya tengo claro un par de cosas para el martes que viene: que me voy a emborrachar a costa de Juan (y su editorial) y que me voy a dejar 50 euros en este libro del que, ay que joderse, me siento orgulloso.

Todas las fotos son de Juan Pelegrín, claro, salvo que haya birlado las imágenes de alguien y las haya firmado con su nombre, en cuyo caso el lector debería poner en este texto el nombre de ese alguien en lugar del de Juan y a mí me daría un poco igual porque, más allá de ser un buen fotógrafo, a mí lo que me parece es que Juan es un tío muy majo (en realidad todo esto lo digo por el balón de basket que le tengo secuestrado). Una última cosa: si alguien no puede ir al sarao, puede dejarse los euros comprando el libro online.

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Hoy se presenta en Madrí ‘Peajes’, el libro con el que Joséphine Douet ha retratado el camino hacia el ruedo de José Mari Manzanares y su cuadrilla. Este mes se puede leer en la revista GQ el texto que he hecho sobre la cosa. Aquí cuelgo la versión larga y sin ediciones. Y aclaro que Joséphine es mi amiga pero que, sobre todo, es una fotera de raza. Una muy buena fotera de raza brava, claro.

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El toreo es soledad, como recuerda el maestro Joaquín Vidal en su pequeña pero enorme escapada de la crónica taurina a la literatura pura. “Ningún diestro ha sabido definir qué le pasa por la cabeza y el corazón cuando presenta el engaño en el centro geométrico del redondel para iniciar la creación artística de un lance y el murmullo del graderío se viene abajo para convertirse en un expectante silencio”. En la plaza se encuentran la vida y la muerte, la gloria y la tragedia. Allí está el destino del viaje de unos hombres corrientes que eligieron un camino excepcional. En El toreo es grandeza, el maestro Vidal retrata en prosa ese camino, escribe sobre lo que sucede alrededor de una corrida cualquiera en una ciudad cualquiera. Lo mismo ha hecho Joséphine Douet en su libro Peajes. La fotógrafa francesa se ha embarcado con la cuadrilla de José Mari Manzanares y ha retratado lo que ocurre en ese entorno tan desconocido como el de las más profundas fosas marinas. No importa que el libro de Vidal hable de un modesto novillero y que Manzanares sea una de las figuras más esperadas del escalafón ni que hayan pasado 15 años entre una y otra obra. La vida, esta vida, sigue igual.

Porque la soledad de los toreros no es únicamente la que viven en el ruedo. El mismo viaje del matador y su cuadrilla a cada una de las plazas es un trayecto solitario, alejado de la realidad. De hecho, más que un viaje en el espacio, es un viaje en el tiempo. “El mundo de los toros es el mundo más real que existe –explica Joséphine– y, sin embargo, es un anacronismo. Si hubiese hecho el mismo trabajo en los 40, dentro de la cuadrilla de Manolete, estoy segura de que no cambiarían muchas cosas más allá de las que demuestran el progreso del país. Bueno, y que entonces no habrían dejado a una mujer hacer esto”.

Tampoco es algo fácil de conseguir en estos tiempos, da igual que seas hombre que mujer. Joséphine, nacida normanda y decidida madrileña, publica reportajes, retratos y editoriales de moda en medios de postín como Libération, Paris Match, GQ, ELLE, Vanity Fair o Rolling Stone. Joséphine, aficionada cabal gracias a la pasión de su abuela por Curro Romero, comparte meriendas en la grada del 5 de Las Ventas, donde tiene su abono, y recorre habitualmente España para ver toros. Joséphine, que tiene la costumbre de realizar sus sueños, quería formar parte del viaje de este torero alicantino al que ha retratado varias veces y con el que mantiene una relación de confianza. “Creo que su concepto del toro está muy cercano al que yo tengo de la fotografía. Le gustan la sencillez, va al grano, sin florituras, pero con todo el arte que sea posible”. Quizás por esa conexión, Manzanares dijo sí a la primera y la fotógrafa ha entrado a formar parte del equipo del torero. “He sido una más de la cuadrilla. Uno más, en realidad”.

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Ha cruzado con ellos España y Francia, ha compartido la tensión y el cansancio y ha formado parte de las bromas y las conversaciones sobre coches, mujeres y toros, siempre toros. Trece personas viajando en tres vehículos: la furgoneta de la cuadrilla, el coche del apoderado y otro para el torero, el jefe de prensa y Joséphine. José Mari era el único que dormía tumbado, tratando de trazar el sueño a través de las curvas hasta la próxima parada. La vida de los toreros en temporada es dura. Casi cada día, una corrida en una plaza sin que la gira esté definida por la lógica del mapa sino por la de los contratos y las ferias. Habitaciones de hoteles de todo tipo a las que se llega tarde, después de torear, atender a la prensa y cenar, y de las que se sale pronto para volver a empezar sin haber descansado casi nada por eso de la adrenalina. Concentración absoluta y aislamiento de esos alrededores taurinos que fuman puro, beben whisky y escupen alabanzas a cambio de otra ronda.

Al terminar la corrida, el matador y su cuadrilla comentan lo sucedido. A veces, Manzanares felicita a los suyos por el trabajo bien hecho. A veces, ellos opinan sobre la condición del toro y algunos lances. Siempre, se pasa página en seguida. Como dice Jacques Durand, crítico taurino de Libération, en el texto que acompaña las fotos de Peajes, “cada toro es un palimpsesto”.

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José Mari Manzanares es uno de ésos toreros en busca de la faena perfecta. Un hombre de 27 años que, según la fotógrafa, no piensa en su carrera sino en cada toro. “Es muy torero, tiene una educación exquisita, siempre está pendiente de su cuadrilla y siempre con una sonrisa”. También es una persona seria y discreta, que habla poco en general y menos ante una grabadora (por eso su ausencia en este texto). Cuando logra una faena que considera cercana a esa perfección, “se le ve feliz, como si hubiese encontrado su sitio”.

Joséphine, como cualquier fotógrafo desde Cartier-Bresson, también persigue el instante decisivo y, en este caso, no lo buscaba dentro de la plaza, sino fuera. No es la primera vez que Douet se empotra en una gira para retratarla; ya estuvo, por ejemplo, de tour con Rufus Wainwright. “Me gustan las giras por la libertad y el mundo paralelo que se crea”. Pero nada tienen que ver unas con otras. En los toros no está sólo en juego en éxito o el fracaso, aquí se juega algo mucho más importante: la vida. “Es algo que ronda todo el rato; lo sientes en el ritmo, no hay momentos de verdadera relajación. O es tensión o es nada”. Y esa nada, explica Joséphine, es lo peor. Es la nada que se crea tras la frugal comida, la del silencio de la siesta, la de la furgoneta de camino a la plaza. La nada que atrona hasta que suenan clarines y timbales.

Acabo con la frase que cierra el librito del maestro Joaquín Vidal: “La corrida es sólo la parte visible, mínima parte, del mundo exclusivo e irrepetible de la tauromaquia”. Joséphine Douet ha conseguido retratar algunas de esas otras partes. Gracias a ella, los aficionados, y los que no lo son tanto, seguiremos teniendo al menos una cosa clara en esta vida: el toreo es grandeza.

Las fotos que aparecen aquí son del libro y tienen su copyright, así que a ver lo que haces con ellas. Que pillas.

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La fotografía estereoscópica (stereoviews, en bárbaro) fue una cosa de finales del XIX y principios del XX que ahora se recupera un poco. Dos fotos casi idénticas que formaban una imagen como en 3D al ser vistas en un estereoscopio y que también se ven así gracias a GIF animados como éste. La imagen -unos luchadores de sumo anteriores a las nuevas exigencias estéticas- es una de las muchas capturadas por el fotógrafo T. Enami y recuperadas para el mundo de Internet por Okinawa Soba. Más allá del efectito, la colección es bastante potente como retrato de un país exótico en un momento aún más exótico. Por eso recomiendo leer tanto los textos de la web del fotero como del Flickr de Soba. Eso, para el que tenga tiempo; el que no, ya tiene suficiente para quedar como un tío listo en la barra de cualquier bar.

Suena Turning Japanese, de The Vapors.

Y, como vamos de estéreo, suenan también los chalados The Boredoms y parte de su concierto 77 Boadrum (vaya dos conciertos de estos tíos que he vivido, por cierto, en momentos tan distintos de mi vida… y de la suya).

Vía un soplo de mi hermano Carlos (el link ha desaparecido misteriosamente). Gracias, pues.

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saturno_devorando_a_sus_hijos

Hoy sólo se habla de una foto. Pero las que salen retratadas en esa foto no son las hijas de Zapatero. Los que se han retratado en esa foto son todos los que han abierto el teclado para llamarlas gordas y feas, los que se están choteando de que vayan vestidas de góticas. A Zapatero hay que darle leña por muchos motivos. Incluso es muy discutible que haya llevado a las niñas a ver a Obama. Todo lo demás da mucho asquito. Una cosa es hacer un comentario en un bar y otra es escribirlo por ahí. Las descripciones faltonas de las chicas sólo describen a los que las firman. Y no hablo de la prensa (no tengo ni idea de cómo ha tratado el asunto, he llegado tarde a él porque he estado metido en una burbuja poco recomendable), me refiero a los que han llenado sus Facebooks y demás espacios 2.0 de saliva venenosa.

Yo, en el colegio, puteé a bastante gente por su diferencia. Cambié, me hice amigo suyo. Conservo su amistad. Yo, entonces, era un crío. Hoy he leído, de pasada, un montón de gracietas baratas de gente que hace años tiene derecho a votar. No soy defensor de la corrección política. No se trata de eso. Se trata de respeto, sobre todo a uno mismo (a ver si todos somos altos y guapos; por cierto, ¿qué es ser guapo? ¿Por qué hay que ir vestido como los demás?). Esas niñas van a pasar lo que les queda de adolescencia hechas una mierda gracias a todo lo colgado en la Red. Todo lo colgado en la Red por esa gente que luego presume de progresista, de liberal, de demócrata. Gente a la que se le llena la boca protestando contra el acoso escolar o declarándose a favor de los derechos de los homosexuales. Usar la libertad de expresión para esto es como usar un Ferrari para atropellar a un cachorro. Qué puto asco.

Suena, porque se lo merece alguien que no es como los demás, The Seed, de The Roots.

Ilustra esto Cronos devorando a sus hijos, de Goya.

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