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Archive for the ‘Cambio’ Category

El mundo se acaba cada día. Y luego vuelve a empezar. Dale recuerdos a tu profecía. Yo ya tengo la que me hace merezco.

El mundo se acaba cada día. Y luego vuelve a empezar. Dale recuerdos a tu profecía. Yo ya tengo la que me merezco.

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… a protestar, a destruir, a construir, a gritar, a pelear, a saltar, a cuestionar, a apoyar, a promover, a proponer, a imaginar, a golpear, a defender, a colaborar, a parar, a iniciar, a disentir… Incluso a escribir.

Uno de los tipos que me enseñó todo esto viene mañana a pasear su palmito por aquí y voy a verlo, por fin. Jello Biafra, el que cantaba en los Dead Kennedys. Y viene con los Hard Ons, otros que tal bailan y a los que sí tengo vistos. Pues nada, que quería compartirlo por aquí, aunque no le importe un carajo a nadie.

Suena Let’s Lynch The Landlord, Dead Kennedys.

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Si el que lo lea ha salido a la calle en España en algún momento de los últimos tres años, lo habrá notado. Si ha sido últimamente, lo habrá notado mucho más. La gente no para de lamentarse, de quejarse, de echar pestes. Los políticos, los bancos, los mercados, la familia real, los negocietes, los rescates, la prima de riesgo, los precios, los recortes, los abusos, las subidas, los impuestos… La lista es interminable y sólo hay tregua cuando se habla de fútbol, que es el otro tema de conversación. Nadie está feliz con lo que está viviendo y se respira un clima de pesimismo que se alimenta a sí mismo. Después de un tiempo, el personal ha descubierto que esto a lo que dicen crisis no es un desastre natural sino que hay responsables. Quizá no todos hayamos asumido nuestra más o menos pequeña cuota de responsabilidad pero sí que tenemos claro quiénes son los que tienen la gran parte de la culpa. Los de izquierdas, los de derechas, los que no se definen, los que no admiten definiciones, casi todos estamos de acuerdo: esto tiene que cambiar y hay que cambiar a ésos.

Digo todo esto para recordar al que lo lea que salir a la calle mañana (y pasado y al otro y hasta que esto cambie) es, más que una opción, una cuestión de coherencia personal. Mañana es el día para que las personas que quieren cambiar y que quieren que esto cambie nos encontremos en las calles. Mañana no convoca ninguna organización, no hay ningún signo, sólo habrá gente de todo tipo que tiene algo en común: así no. A pesar de lo que muchos han querido contar y otros tantos han creído entender, el #15M no es una organización, no tiene un cuerpo teórico político, no quiere ser califa en lugar del califa. El #15M, porque de alguna forma hay que llamarlo, es la reunión de personas variopintas que están hasta las narices y que descubren que, juntándose para hacer cosas, forman un poder que puede hacer frente a esos otros poderes que cada vez quieren que seamos menos personas. Es evidente que nada cambiará por el ruido que hagan nuestras quejas en la barra del bar o en Twitter. Es un hecho que lo único que da miedo a los responsables es ver a todos unidos en una protesta común. Por eso, por cierto, amenazan con llenar las calles de policías armados y, seguramente, acabarán pegando palos, a ver si así criminalizan y reducen la protesta. No pasa nada: las calles son nuestras, los policías armados son nuestros y los responsables también son nuestros o, al menos, nosotros hemos dejado que se coloquen ahí. No es cosa de “los indigados”, es cosa nuestra. Y sólo nosotros podemos hacer que se muevan. Pero para eso hay que moverse. Mañana, por ejemplo.

Suena Move, de Miles Davis.

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Hacer cosas y tratar de hacerlas lo mejor posible aunque el tiempo y la autoridad traten de impedirlo. De eso trata la vida. De construir cada uno su realidad a pesar de todo. Esta paja mental viene a cuento de dos cosas. La primera, que hoy ha salido a la venta La opción B, el libro que da nombre a este blog.

Los que me conocen saben la historia de esta novela. No hablo de la que se cuenta en ella, sino la de su publicación. Tampoco eso importa mucho ahora. Lo que importa es que está, o irá estando, en las librerías y que así es no sólo porque en su momento le eché tiempo y ganas para acabarlo sino porque un montón de amigos apoyaron de muchas maneras. Para mí y para todos ellos, hoy es un gran día. El resultado de muchos días que también han sido buenos porque así lo quisimos.

La realidad la construimos cada uno con ayuda de unos cuantos más. De eso va también el segundo motivo por el que hoy es un día estupendo, uno más. Hoy hemos firmado un papel que da inicio a un proyecto que merece la pena ser contado despacio. Será próximamente.

Ahora me voy a tomar unas cañas a la salud de todo esto.

Suena el Today is the Day, de Yo La Tengo.

Para comprar La opción B: aquí.

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Todo esto es una historia de miedo. Acaban de cargar en Madrid sin razón y de forma bien violenta (por lo que me cuentan, no he estado allí). Quieren meter miedo a los que protestan para que no protesten más. Se hace una reforma laboral que es muy posible, ellos mismos lo han admitido, que no sirva para crear empleo pero que muchos de los que la van a sufrir asumen porque se les ha metido miedo. Más miedo. Se habla de primas de riesgo, bajadas de la calificación, rescates, crisis, bancarrota… Se mete miedo para seguir legislando, gobernando y ganando como se hacía antes, para beneficio de unos pocos. Los que reparten el miedo. Se critica desde arriba y desde el medio al #15M porque, se dice, que eso de protestar es muy revolucionario y que, más que un cambio radical, lo que necesitamos es una mejora de la situación cuando en el fondo lo que pasa es que muchos tienen miedo de perder su tele de plasma y su abono para el fútbol. Se habla, por cierto, de fútbol y se indigna la gente mucho con las cosas de Mourinho o con la condena a Contador por miedo a hablar y a indignarse de lo que de verdad importa. Ay, el miedo. Se dice que la gente tiene miedo cuando tiene algo que perder y que cuando lo perdamos todo, todos perderemos el miedo y saldremos juntos a la calle. No sé yo. Yo lo que creo es que no tenemos nada que perder más que una cosa: la forma en que las cosas se han hecho. No tenemos nada que perder salvo lo que no funciona. Una vez nos quitemos ese enorme peso de encima, lo demás es todo beneficio. Por eso, los que tienen que tener miedo son ellos.

Suena Replica, de Fear Factory.

La foto la he hecho hoy en la calle Espíritu Santo. Sin miedo. Yo me entiendo… Y ya me entenderéis.

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Una empresa que, según hemos podido leer hace unos días, trata a sus empleados chinos como esclavos, que paga los impuestos que le da la gana y no los que debería y que, entre otras cosas por esto mismo, tiene beneficios record es, también y recurrentemente, una de las empresas con mayor reputación del mundo, con un fundador recién muerto y ya santificado y unos productos que generan tanta expectación que hasta los mismos esclavos chinos se pegan por ellos. Esta empresa es Apple, claro. Y todo lo que acabo de contar, más que retratar a la marca en cuestión (que cosas así les pasan a casi todas), nos retrata a nosotros como consumidores, como personas. Porque puede que nos conmueva cinco minutos enterarnos de cómo viven los curritos de la fábrica, incluso puede que nos indignemos un rato con lo de los impuestos, pero la satisfacción que nos da la pantalla táctil de nuestro iPhone o la rapidez de nuestro Mac hacen que nos olvidemos de esos pequeños detalles sin importancia en nuestra vida mecánica. Y es que, en el fondo, que no en la forma, somos unos auténticos hijos de la reputa.

Suena New Noise, de Refused, porque ya son Primavera (Sound).

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Por cierto, y sigo con la excusa de lo de Megaupload para hablar de cosas que van más allá, después de ver todo lo que se está escribiendo por ahí y lo que se ha escrito en los comentarios de por aquí, echo algo de menos en casi todos los casos. Muchos siguen en lo de siempre, defendiendo el blanco o el negro y atacando la opinión contraria, hablando sin escuchar. Tratando de resolver un problema sólo a base de llevar razón.

Pero no sólo. Mi entrada del viernes, por ejemplo, ha dado lugar a un debate bastante majo en el que incluso hay quien ha querido subirse a una silla para proclamar discursos como “somos una generación que aún no ha luchado por nada, con el cuello dolorido de mirar al suelo. Ésta debe ser nuestra lucha, nuestro legado a generaciones venideras”. En cualquier caso, después de tragar saliva y ponerme la mano en el pecho al leer esta arenga en favor de la cultura libre y de una revolución tecnológica en la que en el fondo estoy de acuerdo, creo que quizá a veces se confunda cultura con entretenimiento y, como Iago, que puede que también haya un lío entre el significado de “libre” y de “gratis”; pero, sobre todo, creo que para que esta revolución sea efectivamente revolucionaria y pueda triunfar hace falta conocer la visión sobre ella de alguien. Incluir a los otros que, en realidad, somos todos.

Pues sí, los creadores pero también los curritos de las industrias correspondientes deberían tener el derecho a decidir si la cultura/entretenimiento que ellos producen quieren que sea difundida gratuitamente. Cierto, el modelo de las industrias culturales y del entretenimiento está viejuno y hay que cambiarlo aunque esas industrias no quieran. Ese modelo, además, está basado en gran parte en explotar tanto a autores como a trabajadores y, cómo no, a consumidores por medio de royalties y salarios escasos para unos y precios abusivos para otros. Los primeros interesados en el cambio de modelo deberían ser esos creadores y trabajadores, aunque muchas veces no lo sean. Son muy pocos los escritores que viven de sus libros, la mayoría de los músicos sobreviven, la gente del cine, en fin… Seguramente, una nueva forma más justa y moderna de distribuir su trabajo no les cambiaría la vida económica pero quizás les diese algo más de dignidad al recuperar el control sobre su propio trabajo. Eso no es moco de pavo y debería ser el camino a seguir. Pero, ¿tienen que ir obligados? ¿El gratis total por imperativo social afecta sólo a la industria o ataca, también, a sus currantes? ¿Puede una revolución popular prescindir del pueblo? (ejem, la última pregunta tiene respuestas varias, unas enterradas en Moscú, otras en Pyongyang…). Porque, y esto es lo paradójico del caso, todos somos creadores. Parte de todo este cambio es que todos aportamos contenidos propios. Todos podemos acabar haciendo algo que genere interés y que se transmita por la Red, por las redes. Y, digo yo, todos deberíamos tener el derecho a decidir cómo queremos que se transmita, gratis, barato, caro, aunque nos podamos equivocar.

Viva la cultura libre y tal. Pero viva también la libertad de cada uno de decidir sobre su obra. No se pueden poner puertas al campo, no, pero sí se puede intentar respetar las lindes de los campos de los vecinos. De eso se trata, como casi siempre, de respeto. O eso creo yo.

Suena Libertad, Kase O Jazz Magnetism.

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Pues yo no lo tengo tan claro. Con todo esto de Megaupload, digo. La gente se ha colocado a un lado y al otro de la raya y (casi) todo el mundo tiene una opinión solidísima al respecto, a favor o en contra del cierre y la detención. Claro que ahora todo el mundo tiene opiniones solidísimas sobre todo todo el rato. Al menos todo el mundo que tiene Twitter, que de eso se trata. Volviendo al tema, yo no lo veo ni blanco ni negro. Y entiendo que no estamos hablando del cierre concreto de esa “megaconspiración”, como parece que se calificaba a la cosa desde la fiscalía, lo cual lo hace, junto con la pinta de malo de tebeo que tiene Kim Schmitz, mucho más chanante. Así que como no me aclaro, me voy a hacer una lista con cosas que pienso:

· Sí creo que las leyes SOPA, Sinde y otras que están siendo regadas y están a punto de florecer por todo el mundo son ataques a Internet tal y como lo conocemos y que de ser aplicadas al pie de la letra (que para eso se hacen las leyes), este blog, por ejemplo, estaría denunciado de oficio sólo por los vídeos de YouTube. Y sí me da la sensación de que lo que se nos viene encima es eso, una guerra para acabar con deslices como Wikileaks, las revoluciones árabes, el #15M y #OWS y, en general, con eso de hablar y hacer libremente, a ver qué nos hemos creído (pasen y lean la opinión de uno que sabe más). Los profesores, que se han hartado de que hagamos ruido en clase.

· Pero también me parece atroz que, mientras un montón de gente habla de la cultura libre y el fin del copyright, personajes como el dueño de Megaupload, el tal Kim Schmitz (retratado muy bien por Espada aquí), o los de SeriesYonkis, que han sido más listos vendiendo lo suyo un día antes del Megauploadazo, se hayan forrado a costa del trabajo de unos y del esfuerzo de otros por eso de defender a base de descargas la cultura libre y gratuita.

· Tengo clarísimo que el modelo ha sido cambiado por la tecnología y su uso, aunque las industrias culturales no se quieran dar cuenta. Hace años que se veía venir lo de los discos y yo, que estaba por allí como periodista y como discográfica minúscula, tuve mi oportunidad de escribirlo. Hoy está pasando con los libros y a mí, que me pilla como escritor a punto de publicar, me sorprende la pasividad de las editoriales ante el tsunami que tienen encima.

· Creo, además, que ese cambio es bueno. Ejemplo: en España siempre se ha tenido una cultura musical… o ninguna. Desde que la música es gratis, hay muchísima más, los conciertos estuvieron llenos (ya no), los chavales escucharon otras músicas y nunca ha habido tanta variedad y calidad como hay ahora. Ni tan pocas pretensiones de tener un adosado. Lo mismo en audiovisual. Es evidente que tener más fácil acceso a la cultura o al entretenimiento nos hace más cultos, con perdón, además de que nos entretiene. Y eso hace que seamos mejores personas y mejores sociedades. Lo que no quiere decir que todo tenga que ser gratis por imperativo social, supongo.

· Pero también veo mucho argumento barato del otro lado y mucha, muchísima gente que se ha acostumbrado a ver series y películas sin poner un florín y que, cuando toca ponerlo, no lo ponen. Sí, hay mucho y mucha con mucho tiempo libre para verse todos los capítulos de todas las series existentes y encima pensar que por eso es un tío o una tía cultivada. Y mucha gente que se permite poner a caer de un burro a todos los músicos, cienastas y demás diciendo barbaridades como “que vivan de los conciertos”. También hay mucho progre 2.0, mucho indignazi que no tiene ni puta idea de lo que siginifica la palabra libertad de expresión aunque la usa a boca llena. Porque muchos de los que defienden Megaupload como parte de su defensa de la libertad de expresión organizaron un boicot contra El Corte Inglés porque vendía un libro que decía cómo curar la homosexualidad. Es decir, se puede cerrar El Corte Inglés si el contenido no nos gusta, pero que a nadie se le ocurra siquiera criticar a Megaupload.

· Claro que argumentos pobres en este tema hay como para colapsar el servidor de Rapidshare. Los de la industria y los autores son hasta divertidos, sobre todo por ver cómo los esclavos defienden al amo y a su modelo de negocio. Sorprende, por el otro lado, que gente con criterio resbale tanto. Wu Ming 2, por ejemplo, en una entrevista en Jot Down sostiene que ellos venden sus libros físicos precisamente por eso, porque son objetos (publicados, por cierto, por un gigante editorial) pero que los dan gratis online porque son narraciones creadas a partir del colectivo, de las experiencias comunes. Una teoría muy bonita si no dijese a continuación que su (estupendo) colectivo de escritores está pensando en formatos que aprovechen todas las posibilidades digitales y que cuando tengan eso listo, sí lo cobrarían; porque el trabajo del programador tiene su precio. Como si fuese distinto el trabajo del programador, como si su conocimiento no viniese de una experiencia colectiva común.

· Creo que el modelo ha cambiado pero lo mismo que la industria no ha sabido acostumbrarse a ello tampoco hemos sido capaces los que consumimos productos culturales, o sea, todos. Porque siempre se dice que lo del pirateo es inevitable porque no hay manera de ver pelis y series pagando. Y si la hay, desde AppleTv a Filmin. Lo mismo con la música. Spotify es el sueño del usuario y resulta que el usuario no está dispuesto a pagar diez miserables euros al mes por tener casi toda la música del mundo.

· Aunque, ¿está cambiando el modelo de verdad? Spotify son los mismos perros con distinto collar, las disqueras al poder y un porcentaje misreable de los beneficios de cada escuha al autor. La misma mierda. Pero eso, al que defiende la cultura libre, la cultura que generalmente producen otros, le tira del nabo.

No sé, me parece todo la mar de complicado y, como se ve, estoy confundido. Me podría tirar un par de horas más expresando mis dudas a todos los respectos pero me apetece irme al cine con la chica que me hace sonreír. Lo único que tengo claro es que, como en la mayoría de los casos, la razón no está ni en uno ni en otro extremo sino en alguna parte entre ambos. El copyright tal y como lo conocemos tiene que cambiar, y mucho. Pero también hay que valorar, volver a valorar, la creación y a los creadores al menos lo mismo que valoramos la tecnología y a los que la programan.

Dicho lo cual, sólo me quedan dos buenos deseos para acabar el texto: al FBI que le den mucho por el culo. Y a Kim Schmitz también.

Suena Walkin’ With Jesus, de Spacemen 3 (buena entrevista con Sonic Boom en el Ruta66).

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No te quedes con las ganas.

De protestar, de cambiar, de querer, de que te quieran, de pensar, de crear, de hacer, de dejar de hacer, de moverte, de mover, de emprender, de aprender, de apostar, de jugar, de arriesgar, de ganar, de perder, de besar, de follar, de montar, de gritar, de callar, de analizar, de comprender, de entender, de sentir, de escribir, de leer, de que te lean, de pintar, de que te pinten. De vivir.

En eso estamos

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“¿Cuánto te ha costado? (…) Uf, qué cara”. Las cuitas habituales del asombrado no ciclista -¿no es muy peligroso?, ¡pero con las cuestas que hay!, si es que Madrid no está preparado para ir en bici…- tienen también su sección económica. Es normal que te pregunten por el precio de tu bici y es muy raro que el que lo ha hecho no suspire después y luego diga que le parece carilla. No soy yo nadie para meterme en las economías del personal ni en qué se gasta el dinero pero sí para pararme a hacer un cálculo muy sencillo.

Hay bicis de todo tipo de precios. Uno se puede gastar dos mil euros en un velocípedo que sea lo muy muy y lo más más o puede buscar en el mercado de segunda mano y encontrar un vehículo de dos ruedas en condiciones decentes por 50. Pero pongamos una media de 400 euros. Sumemos a eso unos buenos candados, luces, una puesta a punto: 100 euros más tirando por lo alto. Estamos en 500 euros por bici.

Por lo que veo, un abono anual para la zona A de Madrid sale por 523,60. O sea, que en un año de uso de la bici ganas 23,60 euros. Vale, bien, es cierto que la bici no se usa siempre, que a veces llueve o te da pereza, pero aún así, incluso a corto plazo, el precio es muy conveniente. Claro que hay quien usa el Bonometro, que está a 9.30 eurazos hasta que suba ahora en enero. Eso deja el viaje en transporte público a 0,93 el trayecto y quiere decir que, para llegar a los 500 euros de precio de la bici hay que hacer 537,63 en un año. Nos es descabellado. Dos trayectos al día durante un año cuestan 678,9. Otra vez gana el sillín. Podría hacer los cálculo de usar el coche o los taxis pero mejor me lo ahorro, ¿no?

Luego están todos los rollos de los beneficios para la salud, el medioambiente y el índice de felicidad personal, intangibles que no lo son tanto pero hoy paso de ellos porque estoy más de cifras que de letras.

A mí, insisto, me la sopla en lo que se quiera gastar el dinero la gente y tampoco es mi intención montar una iglesia ciclista ni convencer a nadie -si hablo aquí del asunto es porque soy un tío aburrido y no tengo otros temas de conversación- pero me resulta curioso cómo nos agarramos al precio de las cosas para conformarnos con nuestra pereza. Como individuos y como colectivo. Miren el ejemplo del servicio de alquiler de bicis, que se dice siempre que también es muy caro de implantar. Y va Clemente Álvarez y saca en su blog de El País una estupenda entrada sobre el coste de los sitemas de bici públicos. Y resulta que todo lo contrario.

Pues eso, que ahora tendría que acabar con una conclusión y tal pero me apetece tanto como la mudanza que tengo que hacer, así que lo dejo aquí y me pongo a hacer cajas… O cualquier otra cosa.

Suena Greed, de Fugazi.

 

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