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Adbusters sigue a lo suyo: denunciar la sociedad de consumo y revolucionar actitudes individuales para lograr un cambio colectivo. Este anuncio de arriba es un subvert, que dicen ellos, algo así como un anuncio subversivo. Los muchachos y muchachas de Adbusters están dispuestos a mostrarlo, pagando, en las cadenas de Norteamerica pero parece que las cadenas no están en la misma disposición. MTV ha pasado hasta de contestar y la Fox lo ha rechazado. Ellos quieren colar su Commercial Breakers en las grandes networks gringas y van a pelearlo legalmente como ya hicieron con las canadienses. Para eso, piden donaciones y activismo 2.0. Para el que quiera pensárselo, y con el debido respeto a mi padre que tan bien y tanto me ha dado de comer gracias a la publi, dejo una traducción del porqué de la cosa:

El típico anuncio de TV presenta al consumidor en plena crisis, ya sea de identidad, por hambre, por un suelo sucio o una disfunción eréctil. La crisis es siempre una crisis de elección pero sólo hay una elección: el producto que se anuncia. Cada anuncio expresa la visión de la utopía de cada marca, un mundo perfecto construido alrededor de un mensaje singular: si compras el producto anunciado serás feliz… aunque sea un rato. Esta utopía consumista, metida en nuestra consciencia constantemente, es una distracción de nuestra crisis real, ya sea existencial, espiritual, económica, política o medioambiental. Y, así, más que interpretar los anuncios como una elección entre marcas, buscamos reinterpretarlos como una elección entre lo real y lo artificial. No es Pepsi contra Coca, es Cool Diet Cola contra desastre climático».

Suena Institutionalized, de Suicidal Tendencies.

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… lo que hace falta es más papel para la investigación. Más inversión en innovación para que la sociedad se construya pensando en el futuro sostenible (el único posible). Hace falta eso y una piedra para los políticos.

Suena el Changes de Seu Jorge.

Esta entrada responde con ganas a una iniciativa que surgió de La aldea irreductible y que tiene uno de sus puntos de encuentro en este grupo de Facebook.

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El otro día, después de una conversación sobre el toro de Tordesillas, los toros en general y la probable próxima prohibición de la cosa en Cataluña, me vino a la cabeza un pensamiento que se convirtió en reflexión con el paso del fin de semana. Todo un acontecimiento, sí. Y es que se puede encontrar una relación entre lo que la gente piensa sobre las corridas de toros y lo que mucha de esa gente (y la gente, en general) hace con su propia vida. Hay un montón de personas, puede que la mayoría, que sufren (o sufrirían, si fuesen) viendo lo que pasa en una plaza de toros. Les parece que es una forma cruel de matar a un animal y consideran que convertirlo en un espectáculo está muy mal y debería guardarse en el baúl de las costumbres olvidadas. Esas mismas personas, en su mayoría encantadoras y buenas, no sufren ni un poco mientras se comen un filete o apuran un muslo de pollo. A muchas de esas personas que piensan que dar muerte a un animal en una plaza es una barbaridad, les parece el colmo del progreso que la carne y el pescado florezcan en los mercados. Y cuando uno les dice que también es una barbaridad cómo viven los animales de los que vienen esas carnes y esos pescados, se encogen de hombros como admitiendo que tales horrores son efectos secundarios del progreso. Y siguen masticando.

No estoy hablando aquí de toros. A mí me gustan. Y respeto al que no. No quiero convencer a nadie. Pero se me ocurre que esa forma de ver las cosas de los animales es la misma forma que tiene el personal de ver, de vivir, su propia vida. Cada vez nos preocupamos más del dolor, de evitarlo, de alejarlo, de esquivarlo. Cada vez nos acercamos más a la muerte plácida, al colocón final. Hay unidades médicas dedicadas al asunto y un montón de laboratorios haciendo caja. La muerte, además, está escondida, se aleja de las conversaciones, de las noticias, de nosotros. Es obvio que, salvo en las películas y los videojuegos, no hacemos un espectáculo de la muerte sino todo lo contrario. Por centrar la metáfora: nuestra muerte es más la muerte de un pollo frito que la de un toro bravo. Muy bien. No tengo nada que decir al respecto. El problema está en cómo vivimos.

Encerrados en un coche que nos lleva a encerrarnos en un trabajo de ocho horas. Encerrados en una semana laboral por la que cobramos las migajas de la plusvalía que nos sirven para encerrarnos en el consumo inútil. Encerrados en una urna con pocas opciones de voto y ninguna siquiera medio decente. Encerrados en una hipoteca y encerrados en unas letras que no expresan nada que no sean deudas. Encerrados en una forma de vida que confunde cada vez más libertad con libre mercado y encerrados en una forma de pensar que nos impide encontrarnos a nosotros mismos y atrevernos a ser quienes de verdad queremos ser. No, nuestra muerte no es la del toro bravo y eso puede que sea bueno pero nuestra vida es cada vez más como la de las vacas esclavizadas en las granjas y eso es terrible. Tememos el dolor a la hora de morir y lo evitamos. Pero, ¿por qué tenemos miedo a vivir? ¿Por qué no hacemos lo que de verdad nos apetece y nos llena? ¿Por qué no aprovechamos el viaje? ¿Por qué, ya que nos da miedo morir, no somos valientes para vivir?

Suena, por segunda vez y qué, Cerebros destruidos, de Eskorbuto.

Apostillo: Los demenciales chicos acelerados de Eskorbuto cantaban en esta canción: «prefiero morir como un cobarde a vivir cobardemente». Procuro recordármelo siempre que debo. Es más, tengo claro que, si fuese de raza bovina y pudiese elegir, me gustaría ser un toro de lidia, vivir la vida que de verdad me corresponde y morir con lo que yo considero es dignidad. Tengo un amigo que seguro está de acuerdo conmigo. Da la casualidad, o no, de que Tom Kallene hoy me ha mencionado en su blog. El sábado tuvimos una de nuestras conversaciones. Hablamos de maneras de vivir. La suya, para mí, es todo un ejemplo. Después de miles de aventuras, ahora se va a meter en otra. Siempre con pasión, siempre con valentía. Siempre admirable.

La foto retrata la muerte de Bastonito a manos de César Rincón. Ese toro de Baltasar Ibán es otro ejemplo. La imagen, por cierto, la he encontrado en Campos y Ruedos.

Sigo manteniendo costumbres de otro siglo. Sigo yendo a comprar discos. Sigo pensando que la buena música, como el buen jamón o la buena zarpa, hay que consumirla en lonchas. Y lo suyo es que te las corte y ofrezca alguien de confianza. Soy más de tendero que de centro comercial y siempre he tenido disquerías amigas. Se dispersaron los gallegos de Discorder, Ama se acabo difuminando. Por suerte, nació Radio City. Como leí en algún sitio, en esta pequeña tienda parece que cada disco haya sido seleccionado a mano. No hay ni uno que desentone. Te los llevarías todos. Como eso es imposible, Jesús, el seleccionador, se ocupa de dar a cada uno lo que le cuadra más. Como debe ser. Gracias a Jesús he conocido mucha música que no habría llegado a conocer por mucho que me metiera en MySpace, Spotify o cualquier otra cosa digital (que molan, ojo, que no me meto). Jesús en un crack que vende discos y que celebra los cumpleaños de su tienda con conciertos cojonudos. El último, de Geraint Watkins, fue glorioso. Y el anterior debió de serlo también, pero me lo perdí porque me fui a una bodega de gañote. Fue de Eilen Jewell. Ayer tuve oportunidad de quitarme la espina porque Radio City volvió a traer a la muchacha. Fue tremendo. Jesús también es un crack como promotor, aunque no le guste.

Eilen, entre otras cosas estupendas, hace una muy maja versión del Shakin All Over, una canción que escuché por primera vez a Los Enemigos (que la tocaban como Chicken All Over) en un split con Sex Museum, Surfin’ Lungs y, creo, Spacemen 3 que regalé a mi hermano Carlos hace la torta de años. Pero hay más.

La original… Jhonny Kidd and The Pirates.

Adivina… The Guess Who.

Quién… The Who.

La cañí… Los Enemigos (Chicken All Over).

La de ayer… Eilen Jewell.

Tudo bem

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No tenemos Olimpiadas. Pero tenemos muchas otras cosas. Tenemos cuatro millones de parados, menos presupuesto en innovación, más impuestos, ayuntamientos en quiebra, bancos que reciben dinero del Estado para repartírselo entre sus directivos, Plan E, unos índices de CO2 que asustan, un millón de pisos vacíos, las SICAV casi sin fiscalizar, el mileurismo como aspiración de bienestar, un Gobierno torpe, una oposición frustrante, ninguna alternativa, una vida política que es un chiste malo repetido muchas veces, una sociedad que sólo reacciona para meterse con las hijas del presidente… Seguro que hubiese disfrutado viendo el atletismo olímpico en mi ciudad, incluso pagando a un reventa, pero hoy no me apetecía que el país se metiese en un sueño de siete años cuando la realidad está demostrando que a 2016 sólo vamos a llegar de milagro. Y los milagros no existen. Que se lo digan a Gallardón.

Suena Tudo bem, del Trío Mocotó.

Es un feicazo de The Onion que yo he encontrado en el (estupendo) blog de la agencia JWT Delvico.

España, arriba

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Suelen ser curiosos son los cuadros estadísticos semanales que publica The Economist pero el de esta semana tiene guasa. Se trata de medir la confianza, admiración, respeto y orgullo de los ciudadanos por sus naciones. Son 33 países y una valoración sobre 100. Australia es la primera con cerca de 90. Vale. Canadá, no se sabe cuál de las dos, va inmediatamente después. Bueno. Singapur, tan chiquitín, es quinto. Mira. Pero es que España está bien arriba, la novena, casi como Francia y dos puestos por delante de Estados Unidos. Anda. No sabía yo que íbamos tan bien de confianza, admiración, respeto y orgullo por nuestro país. ¿O es que la encuesta era sólo sobre gastronomía?

Suena una canción llena de confianza, admiración, respeto y orgullo por España: Maldito país, de Eskorbuto.

Fuera de foco: Diana Aller

Fuera de foco es la serie de entrevistas que (ya no) hago cada mes para la revista Calle 20. Se trata de presentar y retratar a personajes importantes para la culturilla joven en España. Importantes pero no famosos. Es enfocar a los que suelen estar fuera de los focos. Porque se lo merecen, qué coño. Salvo que se diga lo contrario, las estupendas fotos son siempre de la estupenda fotera Belén Cerviño.

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“La gente que no tiene criterio debería ver más la tele”

Tuvo un fanzine (Yoyó),  un sello (Yoyó Industrias), un grupo que Wikipedia define como tontipop (Meteosat) y ha trabajado para multis (RCA). Ahora hace guiones para la tele, realiza videoclips, mantiene un blog de éxito (lo-dice-diana-aller.blogspot.com), pincha, cría dos niños y un perro en custodia compartida y escribe una novela. No, la mujer 10 no era Bo Derek.

Estudiaste filosofía, te especializaste en estética y acabas de dirigir un vídeo de Medina Azahara, ¿eres darwinista o creacionista?

Soy involucionista. La revolución de la evolución pasa por dinamitar la cultura y crear una plácida anarquía… Y Medina Azahara, molan ¿no?

Puesto que es invisible, ¿es el vídeoclip español más de culto que el cine iraní?

Ja, ja… Sí, y deben tener parecidos presupuestos, en vista del truño que son unos y otros.

De Metesoat salió  un director de diario nacional, un capo de MySpace, tú misma… ¿Lo vuestro era finalmente tontipop inteligente?

Uf… Era lo mejor que podíamos hacer: pasarlo bien sin plantearnos más. Ninguno estábamos dotados para la música; eso, seguro.

Tú que conoces la industria del disco, ¿la culpa de la crisis el del chachachá?

Tienden a suprimirse los intermediarios de la cultura y, sin embargo, se considera un bien de consumo. Está ocurriendo lo mismo con la prensa, la televisión y el ocio en general y nos agarramos a lo que conocemos, aunque no funcione, en lugar de plantear nuevas estrategias.

¿Cuántas de Paulina has pinchado antes y después de pinchar en su boda?

Paulina tiene “jitazos”, le fallan los arreglos y la promo, poco adecuada a lo que es ella… pero todo es pinchable y hay quitarse muchos prejuicios ante los platos.

En tu caso, ¿la televisión es nutritiva o vocacional?

Las dos cosas. He crecido viendo la tele y creo que, gracias a ella, he desarrollado cierta capacidad de juicio. La gente que no tiene criterio debería ver más la tele.

Un blog como el tuyo es un imán para fans fatales, ¿cuál es tu preferido?

Recibo emails de muchos suicidas indecisos. Creé un listado de métodos de suicidio y muchos me preguntan como si fuera una experta. Como me plantea un debate moral extraordinario, he optado por no contestar.

Te consideras “insultantemente feminista”. ¿Insultante a quién?

A mí misma. Lo tengo tan claro, me siento tan orgullosa de ser mujer… que me doy asco (risas).

Las novelas no son autobiográficas pero, ¿es verdad que la prota de la tuya tuvo un fanzine, un sello, un grupo…?

Nada de eso, la novela habla de destrucción, revolución y religión… una cosa sencillita y superficial, como a mí me gusta…

Minutos musicales:…

Stephen Malkmus and the Jicks, Ramp Of Death.

Badly Drawn Boy, The Shining.

Micah P. Hinson, Don’t You.

Lenine, Paciência.

Hard Ons, All Set To Go.

Qué puto asco

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Hoy sólo se habla de una foto. Pero las que salen retratadas en esa foto no son las hijas de Zapatero. Los que se han retratado en esa foto son todos los que han abierto el teclado para llamarlas gordas y feas, los que se están choteando de que vayan vestidas de góticas. A Zapatero hay que darle leña por muchos motivos. Incluso es muy discutible que haya llevado a las niñas a ver a Obama. Todo lo demás da mucho asquito. Una cosa es hacer un comentario en un bar y otra es escribirlo por ahí. Las descripciones faltonas de las chicas sólo describen a los que las firman. Y no hablo de la prensa (no tengo ni idea de cómo ha tratado el asunto, he llegado tarde a él porque he estado metido en una burbuja poco recomendable), me refiero a los que han llenado sus Facebooks y demás espacios 2.0 de saliva venenosa.

Yo, en el colegio, puteé a bastante gente por su diferencia. Cambié, me hice amigo suyo. Conservo su amistad. Yo, entonces, era un crío. Hoy he leído, de pasada, un montón de gracietas baratas de gente que hace años tiene derecho a votar. No soy defensor de la corrección política. No se trata de eso. Se trata de respeto, sobre todo a uno mismo (a ver si todos somos altos y guapos; por cierto, ¿qué es ser guapo? ¿Por qué hay que ir vestido como los demás?). Esas niñas van a pasar lo que les queda de adolescencia hechas una mierda gracias a todo lo colgado en la Red. Todo lo colgado en la Red por esa gente que luego presume de progresista, de liberal, de demócrata. Gente a la que se le llena la boca protestando contra el acoso escolar o declarándose a favor de los derechos de los homosexuales. Usar la libertad de expresión para esto es como usar un Ferrari para atropellar a un cachorro. Qué puto asco.

Suena, porque se lo merece alguien que no es como los demás, The Seed, de The Roots.

Ilustra esto Cronos devorando a sus hijos, de Goya.