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Archive for the ‘Política’ Category

¿Será un viral del grupo Prisa para presentar a su nuevo colaborador estrella?

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20090923elpepiint_5

Contemplando esta foto -de Reuters y publicada hoy por El País– de la reunión montada por Obama en Nueva York con el jefe del Gobierno israelí, Benjamin Netanyahu, y el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, ¿cómo diría usted que ha ido la cosa?

a) De puta madre, nada más terminar se fueron a tomar unos falafels y unas Taibes y acabaron de fiesta en un garito de Williamsburg, que había una batalla de gallos entre b-boys hasidim y mc’s cisjordanos.

b) En tablas. Estaban jugando a eso de aguantar la mirada. Llevaban 12 horas sin moverse y Obama decidió que ya estaba bien, que él tenía Cumbres del Clima a las que asistir y cartas al COI que escribir.

c) Como siempre.

Suena Chantez Chantez, de Amadou&Mariam.

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hombreyperro

¿Por qué es noticia en todos los medios que un periódico se meta con la política de un Gobierno?

Suena Del Tha Funkee Homosapiens, Mistadobalina.

La ilustración está sacada de aquí.

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elpais.750

Me da la sensación de que la mayoría de la gente que compra periódicos no lo hace para adquirir una visión del mundo, sino para reafirmar la que ya tiene. Es una de las pocas elecciones ideológicas en estos tiempos sin ideologías y, por eso, los lectores hacen bandera de su diario y atacan al de enfrente. Para los de ABC, El Mundo y La Razón, El País es el órgano oficial del PSOE (con permiso de Público), una herramienta progre para desgastar con infamias a la oposición y tal. Para los que son de El País, esos otros diarios son el colmo de lo tendencioso y, en concreto El Mundo, la cosa más amarilla desde el submarino de Los Beatles. También, muchos de los currantes defienden su medio como si lo dirigiesen y desprecian a los otros como si fuesen redactados por los muchachos y muchachas de Gran Hermano. Yo he trabajado o colaborado en todos ellos, soy lector habitual de El País y un poco menos de El Mundo y, más allá de mis costumbres lectoras y los amigos y enemigos que tengo aún en alguno, no tengo ningún lazo emocional con ninguno. Y pienso que son todos tendenciosos, cada uno a su modo y en su tendencia, eso sí. ¿Y amarillos? Pues, atención, frase hecha, depende del cristal con que se miren.

Cuando El País empezó a publicar el asunto de las velinas de Berlusconi, hubo un debate en mi entorno sobre si era apropiado sacar las fotos robadas de la vida privada del hombre éste. Unos defendían el derecho de Silvio a meterla donde y como pudiese y otros creían que, si eso involucraba tráfico de influencias, abuso de poder y demás, era noticia. En cualquier caso, un tipo de la calaña de Berlusconi no debería caer por irse de putas sino por las muchas putadas que ha hecho y hace.

Hoy, todos los periódicos ponen en portada la misma foto, más o menos. Y, más o menos, titulan con otra bobada berlusconita sobre las mujeres como el «mejor regalo de Dios». Sólo uno da la noticia (o lo que sea) a cuatro columnas y con un titular distinto: «Nunca he pagado por sexo. Amo conquistar». Ese uno es El País. Y yo, al verlo después de comer, me he llevado a la siesta varias preguntas sobre esta portada. ¿No había ninguna noticia más importante? ¿Si llega a confesar que toma Viagra le dan tres columnas y si dimite, portada y contra? ¿Es una batalla de la guerra entre El País y el primer ministro italiano o una escaramuza en su lucha contra la prostitución? ¿Es amarilla la portada o yo soy daltónico? ¿Me pillo las tazas de los Beatles?

Suenan Los Mustang y su Submarino amarillo.

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El barrio entero es un burdel y el Ayuntamiento nuestro proxeneta».

Lo escribe Javier Calvo en El País, en un estupendo artículo llamado El Raval, un barrio prostituido, que cuenta de primera mano (él vive allí) cómo los intentos del Ayuntamiento de Barcelona por (re)convertir aquello en otra atracción para turistas se han encontrado con la realidad. Que a veces es muy puta.

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Ya sé que eres periodista pero no tienes que creerte lo que dice la prensa».

Se lo dice Oliver Stone a Toni García, periodista de El País, en Venecia durante la presentación de South Of The Border. Se refiere al tratamiento que el periódico da a Hugo Chávez. Al tratamiento de choque, en concreto.

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Cualquiera que frecuente los canales History y National Geographic puede considerarse experto en nazis y tiburones. A veces emiten documentales sobre otras cosas, pero intentan incluir en ellos algún nazi o algún tiburón. Si algún día se descubre que los tiburones simpatizan con el nazismo, o que Hitler adoraba secretamente a los tiburones, ambos canales habrán resuelto su programación para siempre».

Otra columna con puntería de Enric González sobre la serie Apocalipsis, de National Geographic. Acaba analizando las causas originales de la Segunda Guerra Mundial y haciendo con ellas una analogía preocupante: «Cinismo, resentimiento y buenismo: suena actual, ¿no?».

Suenan Los Chichos, Ni más ni menos.

Las imagenes están sacadas de aquí, aquí y aquí. Hay días que da gusto leer el periódico, aunque no haya que creérselo todo.

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España anda revolucionada (vale, ya será menos) con lo de las bolsas de plástico. Carrefour ha decidido retirarlas poco a poco de sus mercados mientras que el Gobierno sigue haciéndose el sueco en el asunto (por cierto, que el Gobierno sueco no las elimina pero estudia otras alternativas). Curiosamente, ciudades como Madrid están empapeladas con una campaña sin firmar que proclama un lema sonoro: «Bolsas caca» (que recuerda a aquel primer ataque publicitario contra la droga de la FAD, «Coca caca», que viví en familia). En realidad, no tan curiosamente. La campaña es de Carrefour, como se ve en  la web de referencia, www.echaleunamanoalmedioambiente.com. Lo que se llama una táctica envolvente.

No tengo ni idea de lo más o menos apropiadas que son las políticas medioambientales de la cadena de distribución gabacha, pero está claro que se han marcado un punto o dos. Mientras Zapatero aún se está planteando eliminar las bolsas para 2010 pero no tiene nada aprobado, Carrefour se adelanta y se queda con toda la atención mediática. Su decisión se ha llevado espacios informativos en todos los medios toda la semana y, además, ha generado el debate público que no han sido capaces de generar ni las administraciones ni las ONG ni los medios. Manda huevos, pero por primera vez se oye hablar en mercados y bares de los plásticos y eso es gracias a una iniciativa de una empresa privada.

Eso sí, en ese debate se aprecia el mal de nuestro tiempo. El andeyocaliente. A la gente parece que le jode la incomodidad o el precio de renunciar al plástico. Porque es mucho más fácil llevar la pasta de dientes en una bolsa que saber que esa bolsa no se desahará en más de 400 años, que la bolsa en cuestión puede matar a una tortuga que la confunda con una medusa o que la bolsa de las narices está hecha con derivados del petróleo y todas las consecuencias que detalles como éstos generan (por ejemplo, y por seguir con lo cómodo y lo incómodo: bañarse entre medusas, tener cada vez menos pescados que llevarse a la mandíbula, seguir dependiendo de una materia prima con más pegas).

Lo fácil, está claro, es que la información nos resbale cuando (creemos) que nos conviene. Como esa noticia que lleva circulando por los medios unos cuantos años y que volvió a salir a flote hace unos días (yo la vi en La Vanguardia el domingo pero no encuentro el link): una isla de residuos plásticos dos veces más grande que Francia que flota en el Pacífico. La sopa de mierda en cuestión fue descubierta en el 97 y, como está lejos de rutas marítimas y en aguas internacionales, nadie se hace responsable de ella. La cosa no es sólo repugnante desde el punto de vista estético, es tóxica de narices para la salud del planeta, que no es otra cosa de nuestra casa. Esto es como barrer y meter lo barrido debajo de la alfombra. No se ve aunque se padezca. Por cierto, no es la única sopa de residuos plásticos que flota por nuestros mares. Y, más por cierto, no es sólo cosa de las bolsas de plástico, sino de las botellas de plástico, los juguetes de plástico, los cepillos de plástico, los teclados de plástico y el casi todo de plástico que consumimos. Pero mejor no pensemos en esto, no vaya a ser muy incómodo.

Suena Fantastic Plastic Machine, Electric Lady Land.

La foto es de aquí. Y la entrada también se lee en ¿Y por qué no…?

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SPAIN TOURISM

De vuelta al tajo, nos damos de golpe con la ficción. Zapatero que sube unos impuestos y otros no, los del PP que no trajeron trajes, la familia real que se deja barba, los ayuntamientos que siguen despilfarrando nuestro dinero, el padre de la Campanario que dice que la Esteban tiene la nariz comida por la farlopa, la Liga Galáctica que estrena segunda parte (y gol de Toquero), la gripe A que nos devuelve a los tiempos de contar con los dedos, las bolsas que suben porque Francia y Alemania salen de la recesión… Mientras, la realidad sigue agazapada esperando a que nos la comamos con patatas. Que nos aproveche.

Suena el Dúo Dinámico y El Final del Verano… azul. (Ay madre, ¿qué había entre Pancho y Julia?).

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Si uno quiere poner a prueba su fe en la transformación necesaria no hay nada como darse una vuelta por los Estados Unidos. Yo me he pasado por el estado 50 de la Unión, Hawai, que lo será hasta que Michael (del que escribiré algo en breve) y los suyos no demuestren lo contrario. El lugar es bonito de cojones pero a veces da la sensación de estar en un McDonalds instalado en el paraíso. Eso es Honolulu, eso es Waikiki. Un asentamiento urbano tan excitante y exótico como pueda ser Jersey City pero con mejor clima. Por eso, el censo de pobres y homeless es aún más alto de lo normal en cualquier ciudad gringa. Y, como todo el que haya pasado por alguna debe saber, lo normal en cuanto a número de pobres y homeless en las ciudades yanquis es una cifra muy alta. ¿Paradojas de la economía más potente del mundo? No.

Lo dicho. Hawai está petada de gente que arrastra su casa en un carrito de la compra. Hay gente como Mark, al que conocí en la puerta de una tienda y al que le tuve que comprar una birra para que no le zurrase el guardia jurado del lugar, que viene de mainland (el continente). Yo supongo que por el calorcito pero él, que estaba bastante chalado, todo hay que decirlo, me dijo que para rezar al señor. Por otra parte, están los pobres locales, los hawaianos que llenan los beach parks de la costa Oeste de la isla de Oahu con tiendas de campaña. Un espectáculo que el sistema no puede soportar y que, por eso, hace todo lo posible por evitar. Estando yo por allí, los asentamientos playeros fueron tema de portada del diario local, Honolulu Advertiser, y de una carta al director del mismo medio tan delirante como acojonante. La tipa que la firmaba pedía a sus gobernantes que le impusieran (a ella y a todos sus compañeros pagadores de impuestos) una tarifa por ir a la playa. Así, con su aplastante lógica de consumidora fiel, se daría el resultado deseado: los pobres no podrían pagar por ir o estar en la playa y el resto de los ciudadanos y turistas se quitarían de la retina esa horrorosa visión a cambio, eso sí, de rascarse el bolsillo por disfrutar un bien común. Otra vez.

Al cierre de este jet lag, aún no se ha tomado la medida propuesta por la ciudadana en cuestión pero poco debe quedar. Vuelvo a Madrid y me encuentro (creo que en un link del Facebook de Bárbara, pero la cortesía de cita me la he debido dejar en algún cambio horario) con un artículo de opinión en el New York Times sobre el asunto de la pobreza en los Estados Unidos. Firmado por Barbara Ehrenreich y titulado ¿Es un crimen ser pobre?, cuenta cómo, precisamente ahora que el colapso de la economía está dejando a más gente en la calle, las cosas se están poniendo chungas para la gente que vive en la calle. Los ayuntamientos norteamericanos compiten por sacar la ley más absurda y asquerosa y ponen multas por estar tirado en la acera, prohíben la mendicidad y hasta se atreven a sancionar la indigencia (ay, modelos de pasarela). Y, por cierto, en esa carrera por ser la ciudad más cabrona para con los que no tienen nada, Honolulu está en el octavo puesto, según el informe citado en el artículo, el muy recomendable Home Not Handcuffs. O sea, que la misma estructura económica que deja al personal en la miseria criminaliza a los miserables. ¿Paradoja del sistema? Ni de coña.

En ese país en el que aún se discute la necesidad de una sanidad para todos, en ese lugar en el que el ocio se desperdicia en ir a pasear (y comprar) a un mall, en esa tierra en la que una ciudadana prefiere pedir que le cobren por ir a la playa por no ver a los homeless que habitan en ella en vez de preocuparse por la situación de esos homeless, en los Estados Unidos de América es donde mejor se puede apreciar de qué calaña está hecho esta mierda de sistema en el que vivimos. Nacemos, crecemos y vivimos para alimentar el sistema. Trabajamos para consumir y porque consumimos somos ciudadanos con derechos. Si no consumimos, no contamos. Si no trabajamos, ya sea por enfermedad, porque nos han echado o porque no nos sale de los huevos, lo llevamos claro. El que se sale de la rueda es un proscrito, un delincuente. Lo único que es paradójico en todo esto es que observemos el percal y no encendamos un cóctel molotov.

Suena la banda sonora hawaiana, Somewhere Over de Rainbow, de Israel Kamakawiwo’ole, más conocido como Iz, algo así como el Bob Marley de allá.

La imagen corresponde a la campaña Kick It Over de Adbusters.

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mandela

La historia se sabe. Sudáfrica era un país dividido en el que la división la había hecho la minoría blanca. Un anacronismo vergonzoso que pudo ser porque el mundo andaba preocupado por telones de acero, guerras frías y esas cosas que nos entretuvieron la (larga) posguerra. La historia cambió, también se sabe, gracias a un hombre que supo transformar su rencor en visión de futuro y optó por la reconciliación frente a la venganza. Ese hombre es Nelson Mandela, claro.

Lo que no se conocía tanto es la importancia que tuvo, porque el propio Mandela se la quiso dar, el rugby en todo eso. Lo explica muy bien John Carlin en su libro, El factor humano, que cuenta desde la estancia de Mandela en Robben Island y sus posteriores traslados a otras prisiones hasta su salida, su llegada a la presidencia y la final del Campeonato del Mundo de rugby de 1995 en Johanesburgo. Pero el libro no se titula como se titula por capricho.

Todo este relato real está lleno de ejemplos para guardar. Y todos están protagonizados por el factor humano, por el hombre (y la mujer, aunque aquí hay pocas). Mandela es el principal. El líder inteligente, visionario y tranquilo que guió la evolución. Pero también hay muchos otros. De Botha, el presidente racista que no pudo negarse a aceptar lo inevitable y supo admitir la mejor manera de hacerlo, a Costand Viljoen, estandarte de los afrikaner radicales que reconoció que la paz era mejor para los suyos que la guerra, pasando por Justice Bekebeke, el negro que mató a un policía (negro) pero que acabó libre y celebrando, para su propio asombro, la victoria de sus odiados Springboks ante los All Blacks.

Ahi está. Un hombre que sabe cómo cambiar las cosas y que impulsa a otros a hacerlo. Y esos otros, que son capaces de rectificar y ponerse manos a la obra. Un montón de pequeños cambios individuales que se convierten en un enorme cambio común y que terminan por transformar un país entero de forma pacífica y admirable. No sé, llevo unos meses escuchando a todo tipo de gente que dice que no se puede hacer nada, que no podemos transformar las cosas, que la batalla está perdida. Igual deberían hacer este libro (y otros que cuenten historias similares) obligatorio en las escuelas. O igual sólo haya que esperar a que Clint Eastwood estrene Invictus, la película sobre el libro de Carlin, para que la gente se entere. Se puede.

Ojo: este texto también se puede leer en ¿Y por qué no…?

Suena Free Nalson Mandela, de The Special AKA.

La imagen es la usada en la portada del libro, en la que Mandela felicita al capitán springbok, Francois Pienaar, ante un Ellis Park lleno con miles de blancos que una hora antes eran tan racistas como un batallón de las Waffen SS y que en ese momento estaban gritando «¡Nelson! ¡Nelson!». Gracias, Paloma.

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Ni es ya fácil aceptar, en plenas webs sociales, que un político se apalanque cuatro años al frente de un ministerio o una presidencia haciéndolo rematadamente mal, ni puede aceptarse que un intermediario se lucre sin tasa. Nunca como ahora las innovaciones técnicas tuvieron tanto que ver con la comunicación, la información y la reunión interpersonal. La banca omnímoda, el político apalancado, el comerciante abusivo, aparecen hoy ante el cliente, el ciudadano o el consumidor, que lo mismo es, como figuras tan insoportables como mostrencas. ¿No sería ya hora de mandarlos al desván, desacreditarlos y, en efecto, dejarles sin el crédito insoportable que ahora contribuye perniciosamente a la indigencia y el deterioro de las vidas? Muerte, pues, a la muerte que imparte el sistema. Y vida más allá de esta Gran Crisis tan fatídica como irreversible del capitalismo funeral».

Último párrafo de lo de Vicente Verdú en el EPS, hoy.

Suena Motörhead, Killed By Death. Pedazo de vídeo, tú.

La imagen es de Goya, El entierro de la sardina y tal.

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