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Posts Tagged ‘Putas’

elpais.750

Me da la sensación de que la mayoría de la gente que compra periódicos no lo hace para adquirir una visión del mundo, sino para reafirmar la que ya tiene. Es una de las pocas elecciones ideológicas en estos tiempos sin ideologías y, por eso, los lectores hacen bandera de su diario y atacan al de enfrente. Para los de ABC, El Mundo y La Razón, El País es el órgano oficial del PSOE (con permiso de Público), una herramienta progre para desgastar con infamias a la oposición y tal. Para los que son de El País, esos otros diarios son el colmo de lo tendencioso y, en concreto El Mundo, la cosa más amarilla desde el submarino de Los Beatles. También, muchos de los currantes defienden su medio como si lo dirigiesen y desprecian a los otros como si fuesen redactados por los muchachos y muchachas de Gran Hermano. Yo he trabajado o colaborado en todos ellos, soy lector habitual de El País y un poco menos de El Mundo y, más allá de mis costumbres lectoras y los amigos y enemigos que tengo aún en alguno, no tengo ningún lazo emocional con ninguno. Y pienso que son todos tendenciosos, cada uno a su modo y en su tendencia, eso sí. ¿Y amarillos? Pues, atención, frase hecha, depende del cristal con que se miren.

Cuando El País empezó a publicar el asunto de las velinas de Berlusconi, hubo un debate en mi entorno sobre si era apropiado sacar las fotos robadas de la vida privada del hombre éste. Unos defendían el derecho de Silvio a meterla donde y como pudiese y otros creían que, si eso involucraba tráfico de influencias, abuso de poder y demás, era noticia. En cualquier caso, un tipo de la calaña de Berlusconi no debería caer por irse de putas sino por las muchas putadas que ha hecho y hace.

Hoy, todos los periódicos ponen en portada la misma foto, más o menos. Y, más o menos, titulan con otra bobada berlusconita sobre las mujeres como el “mejor regalo de Dios”. Sólo uno da la noticia (o lo que sea) a cuatro columnas y con un titular distinto: “Nunca he pagado por sexo. Amo conquistar”. Ese uno es El País. Y yo, al verlo después de comer, me he llevado a la siesta varias preguntas sobre esta portada. ¿No había ninguna noticia más importante? ¿Si llega a confesar que toma Viagra le dan tres columnas y si dimite, portada y contra? ¿Es una batalla de la guerra entre El País y el primer ministro italiano o una escaramuza en su lucha contra la prostitución? ¿Es amarilla la portada o yo soy daltónico? ¿Me pillo las tazas de los Beatles?

Suenan Los Mustang y su Submarino amarillo.

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El barrio entero es un burdel y el Ayuntamiento nuestro proxeneta”.

Lo escribe Javier Calvo en El País, en un estupendo artículo llamado El Raval, un barrio prostituido, que cuenta de primera mano (él vive allí) cómo los intentos del Ayuntamiento de Barcelona por (re)convertir aquello en otra atracción para turistas se han encontrado con la realidad. Que a veces es muy puta.

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Ya sé que eres periodista pero no tienes que creerte lo que dice la prensa”.

Se lo dice Oliver Stone a Toni García, periodista de El País, en Venecia durante la presentación de South Of The Border. Se refiere al tratamiento que el periódico da a Hugo Chávez. Al tratamiento de choque, en concreto.

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Cualquiera que frecuente los canales History y National Geographic puede considerarse experto en nazis y tiburones. A veces emiten documentales sobre otras cosas, pero intentan incluir en ellos algún nazi o algún tiburón. Si algún día se descubre que los tiburones simpatizan con el nazismo, o que Hitler adoraba secretamente a los tiburones, ambos canales habrán resuelto su programación para siempre”.

Otra columna con puntería de Enric González sobre la serie Apocalipsis, de National Geographic. Acaba analizando las causas originales de la Segunda Guerra Mundial y haciendo con ellas una analogía preocupante: “Cinismo, resentimiento y buenismo: suena actual, ¿no?”.

Suenan Los Chichos, Ni más ni menos.

Las imagenes están sacadas de aquí, aquí y aquí. Hay días que da gusto leer el periódico, aunque no haya que creérselo todo.

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prostitucionVoy a dar hacer una confesión que va a tranquilizar mucho a mis padres, a mi tío el cura y a mi uróloga: no me van las putas. Dicho esto, procedo a meterme en un jardín lleno de flores de incorrección política. Últimamente está en el debate público el asunto de la prostitución. El País ha dedicado una serie de reportajes a la explotación sexual en España, su defensora del lector se mostraba en contra de los anuncios de contactos en su propio medio, Arsenio Escolar aprovechaba ambos asuntos para seguir su cruzada contra la publicidad putera, Aleka ha tocado el tema de refilón en mi blog hermano, ¿Y por qué no…?… Es evidente que hay un montón de mujeres que son obligadas de alguna forma a prostituirse. También es evidente que hay otro montón que lo hacen porque les da la gana. Todas con las que yo he hablado, que son bastantes, son de éstas (se puede ver aquí, aquí y aquí). Quizás por eso no tengo tan claro es que sea bueno igualar prostitución a explotación ni negar su derecho a la publicidad. ¿Por qué?

Porque, puesto que parece que es una costumbre el ir de putas, lo que hay que intentar es que, más allá de las consideraciones morales de cada uno, sea un intercambio voluntario entre ambas partes en el que tanto el que da el servicio como el que lo recibe puedan hacerlo con toda la tranquilidad legal y sanitaria posible. Porque si se tiende a asociar prostitución con delincuencia y marginación sólo se conseguirá que la cosa sea más delincunte y marginal. Porque lo mismo que un fontanero que arregla voluntariamente tuberías como forma de vida tiene derecho a publicitar su negocio, una puta que se acuesta con tíos porque quiere ganar así su dinero debería poder hacerlo.

El camino debe ser regularizar y legalizar la actividad no criminalizarla más. Así se podría perseguir mucho mejor al cabrón proxeneta y cuidar de la salud, la seguridad y las condiciones de trabajo de las mesalinas. Incluso el Estado ingresaría pasta, que falta nos hace. No sé, a veces los progres se pasan y tratan de ordenar el mundo según sus criterios éticos sin tener en cuenta los derechos y las libertades de los otros. Por no hablar de lo hipócrita que es negar la publicidad de las putas por eso de la explotación y aceptar la de esos anunciantes que fabrican en India, China o Marruecos de aquella manera. No digo yo que no haya que sacar reportajes sobre tráfico de mujeres, explotación sexual y tal. Tampoco me meto en lo que cada uno haga con su forma de ingresar por publicidad. Sólo creo que, si de verdad se quiere mejorar la vida de las prostitutas, hay que apoyar la normalización de su actividad. Todo lo demás es una putada.

Suena The Pop Group, We’re All Prostitutes.

La ilustración es de El Roto, evidentemente.

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burning-man-aural-mouth

Porque me parece brillante, porque creo que puede interesar y porque hoy no tengo mucho más que decir, copiopego un comentario de mi amiga Aleka a la entrada de hace unos días llamada Manos a la obra. Así da gusto tener un blog.

Estoy contigo, quizá sería interesante que las personas que no tienen ni idea de la economía ni del dinero se pusieran (o nos pusiéramos, me incluyo, ya que no tengo el don) a pensar y a diseñar nuevos modelos… Porque está claro que los que se supone que saben no saben hacerlo.
¿Por qué no nos preguntan a las mujeres? Ya que nunca en la Historia se nos ha pedido nuestra opinión y, sin embargo, gestionamos las economías domesticas, parece ser que con resultados no tan malos… Eso sí, no a las ministras, ¿eh?, si no a las normalitas. Ya hay ejemplos, como la banca de todos en India y ciertas comunidades de mujeres en África, que pertenecen al womanism. Pero no digo que sólo a nosotras, igual habría que preguntarles tambien a los niños y a los viejitos, que tampoco cuentan, a los inmigrantes y a las putas… En fin, igual nos sorprendemos del sentido común que puede haber detras de aquéllos que que no cuentan.
‘Tú que no cuentas… cuéntanos qué hacer'”.

B.S.O. Patti Smith, People Have the Power.

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Hace cosa de una semana, el alcalde de aquí de Madrí se sacó una ordenanza de la chistera (que debe venir de chiste) por la que prohibía los hombres anuncio en las calles. Y lo justificaba explicando que tal actividad “ataca la dignidad de la persona”. Y un montón de gente se llevó las manos a la cabeza. Le sorprendía a esa gente que Alberto Ruiz Gallardón no preguntase a las personas afectadas si ser un sandwich publicitario les quitaba más dignidad que dinero les aportaba.

Vaya novedad. Que yo sepa, el legislador, Gallardón o no, nunca pregunta al legislado por la ley que le afecta directamente. Simplemente, decide por él. Decide por el hombre anuncio que es más digno quedarse sin curro que llevar dos tablas colgadas de los hombros. Decide por un huevo de gente que fumarse un porro o meterse una raya es tan malo para su salud que merece un arresto y una multa. Decide por todo el mundo el destino de sus impuestos, ya sea para educación, gastos militares o salvar algún banco de la quema. Y últimamente está debatiendo si decidir por un montón de putas que han elegido libremente su actividad que su trabajo es esclavitud, violencia y nosequemás y que por eso hay que perseguirlo.

Así es la democracia. El legislador sólo se interesa por la opinión del legislado una vez cada cuatro años. Y el legislado, entonces, pone la ley en manos y al servicio del legislador. Con dos cojones. No sé, yo creo que así no. Que no cuesta nada intentar hacer las cosas bien: preguntar a los hombres anuncio, a los porreros y a las putas. Informarse y tal. Y creo, además, que a estas alturas tecnológicas se podría lograr fácilmente un sistema en que los ciudadanos pudiésemos participar más en las decisiones. Ser legislados pero un poco legisladores de nosotros mismos (y de los legisladores, tan impunes casi siempre). Pero es que también estoy convencido de que a ellos no les interesa hacer las cosas como es debido ni, desde luego, que participemos más. Los legisladores están bien como están. Y se deben echar una risas muy sonoras cuando oyen ese tópico que dice que “la democracia es el menos malo de los sistemas políticos” (¿Churchill?). La verdad es que yo también me parto. Me río tanto como me reiría, por ejemplo, si alguien dijese que “Operación Triunfo es el menos malo de los programas de búsqueda de talentos”. Me descojono y me acuerdo de una canción.

La Polla Records: El congreso de ratones.

(La foto del madelman anuncio la he pillado un curioso blog dedicado a esos muñecos).

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Betty y Jessica ilustradas por Delaverobum

El paraíso está a cuatro kilómetros de Oviedo, entre brañas, vacas, autopistas, un Carrefour y un Leroy Merlin. El paraíso no es un jardín con una serpiente y una mujer con una hoja de parra tentando con una manzana a un hombre vestido por el mismo diseñador. Al menos, ése no es el paraíso en cuya puerta acabo de aparcar mi coche. El paraíso es un club. El Paradise Club. Está en Lugones, Oviedo, y se asoma orgulloso a las carreteras con un neón que ilumina su nombre y la silueta de Jessica Rabbit que le sirve de logo. En realidad, cuando llego el neón aún no ilumina nada. Son las seis de la tarde de un jueves y sólo es de noche en la discoteca del Paradise Club. Allí ya hay una veintena de mujeres esperando a tentar a cualquier hombre que se les acerque. Veinte mujeres vestidas con poco más que una hoja de parra. Veinte mujeres y ninguna manzana.

Por cierto, el Paradise Club no es un club. Es un hotel. Dos estrellas y dos plantas, 20 habitaciones, cocina, comedor y discoteca detrás de los muros pintados de rosa y debajo del techo a dos aguas y el neón con la figura de la Rabbit. Que quede claro desde el principio. Las chicas alquilan las habitaciones por 40 euros al día y pensión completa. Lo que hagan dentro de esos cuartos es cosa suya. Y, hoy, un poco mía. Tengo reservada la 15, en la segunda planta. Dos camas, dos posters inofensivos, suelo de linóleo y una tele que se puede ver dos horas a cambio de un euro. Limpia. Sin lujos. Sin decadencia. No es habitual que un hombre se aloje solo en una de las habitaciones, pero tampoco es habitual que un periodista visite un hotel como éste para tratar de contar lo que pasa más allá de la copa y el servicio a 60 euros la media hora.

Así empieza el reportaje sobre la visita al Paradise Club de Oviedo publicado en el número 126 de la revista GQ. El texto completo se puede leer pinchando aquí. Ya que estamos, se lo brindo a El Pana y a su brindis. Y a Sousa, claro.

La ilustración la he tomado prestada de Delaverobum.



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