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#occupywallstreet

Se trata de ocupar el 17 de septiembre Wall Street, uno de los epicentros del problema o «la Gomorra financiera de América», según dice el newsletter de Adbusters por el que me entero. Una mezcla, también según ese comunicado, de lo sucedido en la plaza Tahrir y de las acampadas de aquí. «La belleza de esta nueva fórmula -sigue diciendo el escrito- es su sencillez pragmática: hablamos unos con otros en distintas asambleas físicas y online, apuntamos hacia lo que será nuestra demanda, demanda que despertará nuestra imaginación y que, si se consigue, nos propulsará hacia la democracia radical del futuro… Y entonces salimos a la calle, nos hacemos con una plaza cargada de simbolismo y sentamos nuestros culos hasta que ocurra». Y añade, además, una cita de Raimundo Viejo, profesor de la universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Ésta:

El movimiento antiglobalización fue el primer paso. Entonces, nuestro modelo era atacar al sistema como una manada de lobos. Había un macho alfa, un lobo que lideraba la manada, y otros que lo seguían por detrás. Ahora el modelo ha evolucionado. Hoy somos un gran enjambre de gente».

Parece difícil sacar sólo una demanda con la de cosas que hay que exigir (y exigirnos a nosotros mismos también) y quizá el orden de los factores no sea como imagina Adbusters. Incluso puede que Adbusters solo no sea quién para hacer tal movilización. Pero la idea es estupenda. Porque Wall Street es, efectivamente, la madre de todos los comportamientos inmorales de este maravilloso sistema de mierda. Y mola que se extienda todo esto.

Dicho lo cual, me meto en el agua.

Suena Chase The Devil, por Max Romeo.

Quién sabe (36)

Después de semana y pico de hablar del mercurio en atunes y peces espadas, de debates sobre si es conveniente el aviso o no, de escuchar a la industria pesquera y a médicos de la Seguridad Social, de hacer polémica rozando el larguero de las cosas, ¿por qué no ha habido nadie que haya explicado por qué los peces están llenos de mercurio y otros metales pesados? ¿Por qué no en vez de dejar de hablar de las consecuencias de los problemas no hablamos sobre el origen de ellos?

Suena Angry Samoans, Tuna Taco.

El jueves pasado estuve en la Bicicrítica. Por fin. Como he dicho antes por aquí, he ido bastante en bici por Madrí toda la vida y desde hace más de un año no me bajo. Pero, por lo que sea, no había montado nunca en estas quedadas de último jueves de mes. La cosa, para el que no lo sepa, es juntar una masa crítica de ciclistas para reivindicar su uso en la ciudad, caiga quien caiga y se pare el tráfico que se pare. El caso es que estuve el jueves pasado, con Manu y David Dale Pedales. Y me pareció bien y, también, me pareció mal. Estupendo lo de que el grupo acoja a gente a la que de otro modo le daría miedo ir en bici, fenomenal lo de reivindicar la lógica de la movilidad a pedales frente a la sinrazón del automóvil, genial lo del rollo festivo, la música y las pistolas de agua, muy colorido el tema con los mensajeros llegados de toda Europa para el campeonato EMC2011 del pasado finde…

Pero un poco de mal rollo la actitud beligerante de bastante ciclista ante el conductor y el peatón. Creo yo que de lo que se trata aquí es de que aprendamos a convivir unos con otros, que compartamos ese espacio que es de todos y que llamamos ciudad. Y espero que ese mal rollo no lo paguemos otro día cualquiera de los que vamos sobre sillín, a ver si se va a crear lo contrario que se busca y vamos a terminar de caer fatal a todo quisque los de las bicis. Algo así cuenta esta entrada de Muévete en bici por Madrid que me ha pasado por Twitter Lucía. Dicho lo cual, me acabo de dar cuenta de que me estoy convirtiendo en un moderado. Con lo que yo he sido.

Suena La cumbia de la bicicleta, de David Aguilar.

Yo voy al Cruïlla Barcelona, el 8 y 9 de julio. Y aquí abajo van algunas de las razones. Hay otra, se llama Tute y es un tío muy grande. Y hay una más pero esa me la llevo puesta.

Maika Makovski, Lava Love.

dEUS, Via.

Lee Perry, I am the Upsetter.

Fat Freddy’s Drop, Roady.

Los Tiki Phantoms, Vulcan.

Calle 13, Electro Movimiento.

Public Enemy, Shut’em Down.

Madness, One Step Beyond.

Es fácil. Me gustan las bicis. Me gustan las chicas. Me gustan mucho las chicas en bici. Esta de abajo también.

Este bonito vídeo de la moza refréscando su pedalada es de la revista Jacques Magazine, una versión actual de las clásicas revistas eróticas que recomienda vivamente el compañero Javi que para estas cosas tiene buen tino. Gracias.

Suena, porque también está lleno de lindas mujeres, Serpiente negra, de Guadalupe Plata.

 

Vuelve la serie Zona Prohibida a este blog porque ha vuelto a las páginas de la revista GQ. Y vuelve con este texto sobre una visita a un cuarto oscuro, al cuarto oscuro del Strong, en concreto. Podría ser una celebración anticipada del orgullo pero lo que es, lo que quiero que sea ahora mismo, es un homenaje a Javier Angulo, director hasta hace unos días de GQ España y el hombre que apostó por un servidor, esta sección y esta forma de hacerla en su revista. Por eso y porque es un tío de puta madre, larga vida, también profesional, a Javier.

“¿Sabes lo que he pensado?, que vas a entrar tu solo”. Mi amigo me dice esto justo cuando estoy traspasando el umbral, me lo dice mientras me da una  palmada en la espalda y me hace sentir como un astronauta al que empujan fuera de la nave para un paseo espacial en la entrada de un agujero negro. Peor y sin metáfora: como a un periodista hetero que se mete por primera vez y sin carabina en un cuarto oscuro. En el cuarto oscuro más grande de Europa, en concreto. En el cuarto oscuro del Strong, en Madrid.

Javi, ese amigo, me había contado que este darkroom es bastante más amplio de lo habitual, con diversas zonas, distintos ambientes, sitios donde sentarse y hasta una sala de cine. Yo, al oír eso, me había imaginado una especie de centro comercial, un lugar al que la gente va a pasar la tarde, ver una peli o en busca de algo de comida rápida. Supongo que imaginar tal cosa era una forma de quitarme el canguelo. Un alivio. Una paja mental.

Para un hombre heterosexual, un cuarto oscuro es un lugar con luces y sombras. Explico la paradoja: las luces, esa forma de practicar sexo sin compromiso, porque sí, tan supuestamente masculina. Las sombras, que ese sexo es, precisamente, entre humanos masculinos y plurales y, además, obligatorio una vez se está dentro. Vamos, que uno entra Pérez Reverte y sale Oscar Wilde tal que en una edición para adultos del programa Lluvia de estrellas. O eso suponemos desde fuera.

Yo ya estoy dentro. Y lo primero que percibo es que todo eso que me había imaginado era sólo eso, imaginación. Fin de la paja mental. ¿Un centro comercial? Una leche. Esto parece una película. Una de zombis, en concreto. Un pasillo en penumbra lleno de puertas a los lados y de tíos junto a esas puertas, esperando a algo, mirando, casi olisqueando a todos los que pasamos por allí. Porque yo paso por allí. Con bastante sustito, tratando de fijarme en todo pero sin fijar mucho la mirada en nadie no vaya a ser que se interprete como una invitación y no como un ejercicio periodístico. Me siento como en un capítulo de The Walking Dead y me hago gracia a mí mismo pensando en ello. Pero no me río. Nadie se ríe. Ni siquiera sonríen, aunque esto no lo puedo jurar por eso de que está oscureciendo y yo, como ya he dicho, me hago el despistado. Pero llego a percibir que todo el mundo está muy serio, como concentrado en algo.

Quizás sea en el ruido de mis pisadas. A cada paso que doy se me queda pegada media suela de zapatilla y se oye como si un grillo agonizase. Por alguna razón, recuerdo otro aviso de Javi: “Hay una mezcla de olores, a mierda, a Popper, a saliva, a semen”. Yo no huelo nada, me concentro en no caer al suelo.

Sigo adelante. Sigo esquivando sombras. No es literatura, es que estoy acojonado. El sitio impresiona y uno, además, no conoce las costumbres locales. No sé si en cualquier momento alguien se me va a tirar al cuello y me va a meter en una de las cabinas. Por suerte, me he traído un talismán, una botella de cerveza a la que voy dando tragos y con la que pienso que paso por uno que paseaba por aquí. En el fondo, mi susto no es sólo por lo sórdido del lugar ni porque alguien pueda meterme mano sino porque descubran que soy un turista que viene a hacer un reportaje. Pero muy en el fondo.

Atravieso la zona de cabinas siguiendo a tíos que van como yo pero no a lo que yo. Paso una salita con la misma luz casi inexistente y llego al cine. La pantalla es chiquitita pero juguetona. La emisión, porno gay muy hardcore. Hay tres hileras de sofás tapizados en plata y un pelín más de luz que en el resto de las estancias. Sólo un espectador. Se ve que aquí también afecta el tema de las descargas.

Sigo. Bajo la pantalla hay una puerta abierta a la oscuridad absoluta. He llegado al cuarto más oscuro del cuarto oscuro más grande de Europa. No veo un carajo pero percibo movimiento a mi alrededor. De repente, una luz que se enciende un instante, como un flash. Y otra. Y otra más. Esto también me lo habían contado, la gente prende mecheros para ver lo que hay, algunos también usan móviles, incluso creo ver a uno que lleva una linternita, un profesional. Cada flashazo me provoca sensaciones encontradas: por un lado me da un susto de narices; por otro, me permite ver. Me hago el experto y uso el móvil en el modo antorcha. Veo que hay una última estancia. Entro. Negro sobre negro. En realidad, creo que es blanco sobre blanco y otros dos de parecido color que se tocan y tocan a los otros. Hay una melé a mi izquierda. Intento asomarme por encima de los hombros de los contendientes. No sólo por curiosidad sino por dar información a mis lectores. No soy el único. Las otras sombras que merodean en la sala hacen lo propio. Nada, es un lío y no se ve un carajo con la luz de pantallita del móvil. Querido lector, por resumir, son cuatro tíos follando.

“Hay quien viene con su pareja, es un buen sitio para hacerse un trío”. Palabra de Javi. “También hay gente que ha encontrado aquí a su novio”. Uf, eso me sorprende más. No sé, a primera visita parece más romántico un Carrefour en fin de semana. Antes he escrito la palabra sórdido y he hecho la comparación con los vampiros. Son las impresiones de un cuartooscurista virginal y entiendo que no son más que vestigios de cuando este tipo de lugares eran necesarios. Nacidos en los 60 en Estados Unidos, la idea de los darkrooms era facilitar encuentros (homo)sexuales a gente a la que la sociedad impedía manifestar en cualquier otro lugar más luminoso su (homo)sexualidad. Eran las profundidades del armario.

En el Strong, fuera de la zona oscura, el ambiente es el de una discoteca gay normal. Bueno, en realidad la música, techno, es un poco mejor y las tribus se mezclan más que en otro sitios. Pero se ven grupos de amigos que vienen a bailar y tomarse algo y, calentón mediante, a meterse un rato en el agujero negro. Es sábado, son las tres e la mañana y el Strong se empieza a llenar. Su cuarto oscuro también.

Después de la elipsis, sigo en lo más oscuro del cuarto oscuro con cuatro tíos dándose duro a mi izquierda. El silencio es ensordecedor. Una de las cosas que más impresionan de la visita es la ausencia de ruido. Más allá del graznido de las zapatillos al pisar ese suelo pringoso, no se oye nada, ni gemidos, ni toses, ni saludos. Así que, callado como la perra en prácticas que soy, empiezo a desandar mi camino en este laberinto. Quizás sea por la hora o quizás porque ya le voy cogiendo el truco, pero veo más acción. Dos que se besan y se tocan en un plan adolescente que chirría, un par que descansan en unos asientos como quien lo hace en un museo, varios que se meten la mano en la entrepierna a mi paso por el pasillo de las cabinas, algunos que se meten con las entrepiernas de otros dentro de esas cabinas…

Estoy fuera. Superado el mito de la caverna, confirmo el supuesto: aquí, efectivamente, se viene a fornicar y alrededores. Hasta ahora, todo según lo previsto. Pero he aprendido cosas que no sabía y que quiero compartir con el lector: el sexo, en cualquier de sus variantes, no se produce de forma aleatoria entre los asistentes. Como dice mi amigo Javi, homosexual pero no practicante de este juego de las tinieblas, es como un mercado de ganado. La diferencia es que aquí el género se elige a la luz de un mechero. Sé que al lector, llegado a este punto, le surgen un par de preguntas. ¿Me metí en todo lo negro y me fui sin que me entrara ni el Tato? ¿O acaso caí en las garras de un chulazo que me dio lo mío y lo del inglés entre las sombras? Sólo puedo decir una cosa: estuve en un cuarto oscuro y no vi la luz.

Las fotos son de un reciente viaje a Toronto y la saco por aquí porque están fresquitas y porque algo hay que sacar y no hay manera de hacer fotos dentro de un cuarto oscuro.

Es curioso, se dice que Madrid es una de las ciudades más perras para ir en bici. Te dicen, cuando dices que vas en bici por Madrid, que es muy peligroso, que los conductores no respetan a los ciclistas, que no hay carriles bicis… Y seguramente tengan razón. Pero el caso es que te vas a otro lugar, mucho más preparado para la cosa del pedal, y te sientes tan torpe como la primera vez que lo hiciste sin ruedines. Toronto es una ciudad muy maja. Con gente de todos los colores, bastante buen rollo en el ambiente y perritos calientes bien ricos. Toronto es, además, una ciudad bien acogedora para el ciclista. Carriles bici en buena parte de las calles, respeto de los coches al pedaleador, un servicio de alquiler de bicis y mogollón de gente subida al sillín todo el rato. Vale. Pues yo también me he tirado todo el día subido al sillín y, aunque he sobrevivido sin mayores problemas, he estado torpón e inseguro.

Y me he puesto a pensar en los motivos y he sacado algunos. Que no iba en mi montura habitual, que no conocía las costumbres de los conductores, que en el fondo me gusta que me lo pongan difícil… Y la verdad es que ahora que lo pienso sin dar pedales a la vez, no lo tengo tan claro. He usado dos bicis. Una híbrida con millones de marchas, amortiguador delantero y, oh, frenos y uno de los armatostes que te alquilan en la calle bajo el nombre de Bixi, con cestita de palo, tres posibilidades de cambio y una postura como de ciclomotor. Cualquiera de las dos sería elegida por cualquier otro ser humano mil veces antes que mi Raleigh, un hierro a piñón fijo, sin posibilidad de cambiar de desarrollo ni de frenar con otra cosa que no sea el contrapedal. Lo de los conductores ya lo he dicho, son muy civilizados, aunque la costumbre obliga a ir a un lado de la calzada y no por el centro, como suelo hacer en Madrid. En cuanto a lo de que me lo pongan difícil, pues es una mentira como un templo, que soy el pequeño de la familia.

Así que este texto tiene toda la pinta de ir a la deriva, sin conclusión a la vista. Vaya decepción para el que haya llegado hasta aquí, con lo largo que me está quedando. Pero no, que viene el giro de última hora. Todo esto me vale para hacer una declaración de amor. Echo de menos a mi chica. Con mi bici, Toronto sería otra cosa. Una pista. Nena, sé que me estás leyendo, vente para acá y vamos a cabalgarnos esta ciudad de arriba a abajo, por delante y por detrás.

Suena, ya que me he vuelto completamente loco, un descubrimiento reciente cortesía de otra locura maravillosa (a la que aplico, por cierto, la metáfora), The Wave Pictures, I Love You Like a Madman.

La foto de arriba es de mi primer polvo de hoy, una Diamond Back (como mi otra chavala pero mucho más fea) de paseíllo que posa en una de las playas de las guapísimas Toronto Islands. La otra es la imagen de las bicis de Bixi, ciclomotores sin motor poco más o menos.

Comparto aquí la vuelta a la acción de una parte de nuestro pasado. Side Effects fue una aventura cojonuda que vivimos Luky, Berni, Nacho, Chiri, Manolo junto con colegas como Fernando, Paco, Gonzalo y muchos otros. Llevábamos tiempo rumiando volver a juntarnos algunos para hacer algo y hace un par de semanas empezamos. Todo lo que está pasando en España ha acabado de cerrar el círculo. Os dejo la canción y un mensajito que hemos escrito para acompañarla.

Hola,

Estamos en #acampadasol, estamos con la #spanishrevolution, gritamos y protestamos como y con todas las personas que están pidiendo y promoviendo un cambio en la Puerta del Sol de Madrid y en el resto de España y el mundo. Y también hacemos música. Hemos hecho esta canción porque nos lo pedía el cuerpo, lo mismo que nos pide estar en las concentraciones. Hemos hecho esta canción porque queremos que las cosas cambien. Hemos hecho esta canción porque nos la ha inspirado el comportamiento de todos los que exigimos una #democraciarealya.

Somos Side Effects, un grupo de música que tuvo su momento a mediados de los 90. Publicamos dos discos, tocamos en salas y festivales por toda España, nos lo pasamos en grande, luego lo dejamos. Después de muchos años sin hacer nada, la semana pasada nos juntamos para hacer un tema. Teníamos un sentimiento de hartazgo, teníamos ganas de hacer ruido, teníamos ganas de protestar. Y dimos con un estribillo. De repente, la vida nos trajo el #15M y todo lo demás: la ilusión, el movimiento, la acción, las pancartas, los carteles, las palabras de Cristina, las fotos de Cristobal… Y la canción.

Por eso, porque esta canción la hemos hecho entre todos, queremos compartirla con todos. No buscamos protagonismo, ni vender discos, ni nada parecido. Sólo queremos contribuir a todo lo que está pasando. Por eso, difundidla y compartidla todo lo que queráis y podáis. Que suene y que se vean las fotos, que quede claro que #nonosvamos.

Gracias a todos por todo.

Side Effects

https://www.facebook.com/sideeffectsmadrid

Jóvenes antisistema, perroflaútas, marginales… como se ve en la foto, eso éramos los miles de indeseables que estábamos ayer en Sol. Punto y aclaro: de la frase anterior, el único calificativo válido es el de indeseables. Como se está comprobando, ningún partido deseaba esto. Ni PP ni PSOE, ni siquiera ilustres perdedores como IU. Qué putada. Ellos celebrando su fiesta de su democracia y viene toda esta gente a hacer ruido. También se está viendo que los medios de comunicación convencionales no deseaban tal cosa. Han tardado en comunicar el asunto y lo han hecho mal y cada uno según su visión del mundo, muy objetivo todo. Los sindicatos tampoco parecen contentos. Ni, obvio, la patronal, la banca y todos aquellos poderes amantes de lo estático. También hay mucho ciudadano que ha expresado su disidencia: que si los cambios se hacen en las urnas, que si los que allí estábamos trabajábamos en empresas con intereses económicos contra los que protestábamos, que si no hay un mensaje claro…

Pues no. Los cambios, históricamente, se provocan en la calle y luego, a veces, suceden en las urnas. Los intereses económicos también pueden cambiar. Y deben, Para hacerse más justos, más responsables, más éticos. Y el mensaje es claro. El cabreo es el mensaje. Todos llevamos años quejándonos. Nos quejamos en el bar, nos quejamos en el curro, nos quejamos en bodas, bautizos y funerales. Nos quejamos con razón pero hasta ahora nos faltaba la oportunidad de pasar a la suiguiente pantalla. De la queja a la protesta. Aquí está esa oportunidad. Ir a Sol o cualquiera de las decenas de acampadas que se están organizando por toda España no es más que manifestar públicamente y en grupo un sentimiento común. No nos gusta el camino que han elegido para llevar la sociedad, no queremos ir por ahí, queremos algo mejor y queremos intervenir para que así sea. Corrupción, recortes sociales, beneficios astronómicos para empresas que despiden a miles, autismo de la clase política, ausencia de una política que fomente de verdad el emprendimiento, salarios miserables, ludopatía de los mercados… ¿Cuántas veces he hablado de todo eso con gente que no es ni marginal, ni perroflaúta, ni necesariamente joven ni presuntamente antisistema? Pues eso. En Sol, como en cualquiera de las acampadas, está el lugar para manifestarse contra todo ello. De eso se trata. Nada más. Nada menos.

Aclaración final: realmente, el caballero de la foto sí es un joven antisistema. Antisistema porque se manifiesta contra un sistema que no considera justo y que no considera suyo, sino cada vez más impuesto. Y joven porque tiene el espíritu de un chaval, paseando por la Puerta del Sol, cantando, gritando y protestando.

Suena My Generation, The Who.

Hagamos política

La política es, dice Wikipedia, «la actividad humana que tiende a gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad. Es el proceso orientado ideológicamente hacia la toma de decisiones para la consecución de los objetivos de un grupo». La política  es, según una de las acepciones del Diccionario de la RAE, la «actividad del ciudadano cuando interviene en los asuntos públicos con su opinión, con su voto o de cualquier otro modo». La política es, pues, cosa de todos. Nosotros somos política, nosotros podemos hacer política. No debemos dejar que la política sea cosa de los políticos porque los políticos han demostrado poco o ningún interés en el «beneficio de la sociedad» o en la «consecución de los objetivos de un grupo». En esta época electoral está más claro que nunca: los partidos nos invitan a participar en la «fiesta de la democracia» con el único interés de ganar las elecciones. No se dan cuenta, o sí pero pasan de todo, de que a nosotros nos da igual quién gane, lo que queremos es ganar todos. Todos juntos, todos a la vez. Que esto no es fútbol, que esto es política.

Lo mismo pasa con la economía. Que es todo aquello que no hacen los economistas ni los accionistas ni todos los que buscan el mayor beneficio en el más corto plazo. El Capital, tal y como está planteado y como bien está quedando demostrado, es un billete de ida a la ruina de casi todos. ¿Y la justicia? Pues no es necesariamente lo que administran los jueces. Y así con todo.

Nosotros somos política, somos economía y somos justicia. Nosotros podemos levantarnos y decir basta. Nosotros podemos ir esta tarde a la Puerto del Sol a mostrar nuestro rechazo a su forma de actuar y a reclamar nuestra política, nuestra economía y nuestra justicia. Nosotros no tenemos por qué ser jóvenes, ni perro flautas, ni punkies, ni altermundistas, ni black blocs ni nada. Nosotros somos todos. Todos los que creemos que nos están llevando por un camino que no es el nuestro, todos los que creemos  que se pueden hacer las cosas de otra manera, todos los que pensamos cosas diversas pero estamos de acuerdo en lo esencial.

Ayer pasé por la acampada en Sol. Vi a gente corriente y muy tranquila, bien organizada y con ganas de provocar cambios. Vi algo absolutamente pacífico pero en absoluto inofensivo. Vi algo que podía ser el principio de algo más gordo. Por eso entiendo que haya habido ese desalojo nocturno. Porque los políticos tienen miedo de la política. Por eso creo que hay que seguir insistiendo, porque ese miedo es señal de que vamos por el buen camino. Pero hay que insistir. Hay que hacerse presente. Hay que manifestarse. La redes sociales están muy bien. Yo me enteré ayer por Twitter del asunto. Pero hay que ir, hay que estar, hay que mostrarse. Los políticos tienen miedo de la calle porque la calle es la realidad. La calle es política, la calle somos nosotros.

Por eso, hoy martes 17 de mayo, a las 20 horas, otra concentración el a Puerta del Sol

Porque ellos son culpables de todo lo que han hecho, pero nosotros seremos responsables de todo lo que no hagamos.

Suena Susheela Raman, Raise Up.