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Derecho a ir en bici, Pedro Bravo, www.la.opcionb.com

Hasta ahora, yendo en bici por algunas ciudades españolas como la mía, Madrid, uno se ha podido sentir de muchas maneras: extraño, con miedo, solo, intoxicado, olvidado, despreciado, entretenido, esforzado, agotado… En general: jodido pero contento… Si todo va mal y se aprueba en nuevo Reglamento General de Circulación (RGC) tal y como está redactado en este borrador, hay un sentimiento que predominará sobre cualquier otro en todos los ciclistas que se atrevan a ir en bici por su ciudad. El sentimiento de persecución.

En vez de adaptarse al presente y preparar el futuro, el citado borrador plantea el uso de la bici como una excentricidad en las ciudades. Y, así, margina, arrincona y penaliza a los ciclistas. Más allá de algún momento cómico -“Los ciclistas circularán a la velocidad que les permita mantener el control de la bicicleta, evitando caer de la misma…”-, la cosa no tiene mucha gracia y su inconveniencia ha puesto de acuerdo a todos los ciclistas. Los motivos son, principalmente, éstos:

· “En vías con límite de velocidad igual o inferior a 50 km/h, que dispongan de al menos dos carriles de circulación por sentido, los ciclistas circularán por la calzada y por el carril derecho, favoreciendo el tránsito del resto de vehículos que circulen a mayor velocidad. Podrán circular por los otros carriles cuando vayan acambiar de dirección, o cuando lo precisen. En las que dispongan de un carril de circulación por sentido, los ciclistas circularán preferentemente por la parte derecha del carril en la medida en que su seguridad y la de los otros usuarios lo permitan, favoreciendo el paso a otros vehículos.

· “Los ciclistas, y en su caso los ocupantes, estarán obligados a utilizar cascos de protección homologados o certificados según la legislación vigente. Los ciclistas en competición y los ciclistas profesionales en entrenamiento o en competición, se regirán por sus propias normas”.

Enviar a los ciclistas al lado derecho de la calzada es llevarlos, llevarnos, a la extinción. Allí, cerca de donde se abren las puertas de los coches aparcados sin mirar, de los retrovisores, de los peatones que cruzan la calzada despistados y, sobre todo, a merced de los coches que pasan a nuestra izquierda sin contemplaciones, es donde los ciclistas somos más frágiles. Siempre que alguien me dice que va a empezar a coger la bici le doy un único consejo: vete por el centro del carril, donde te vean y donde puedas ver, donde tengas tiempo de reacción, donde nadie en coche piense que puede adelantarte sin poner en peligro tu integridad, donde tienes derecho porque eres tan ciudadano como el conductor. Si todo va mal y aprueban este borrador de DGC, seguiré dando ese consejo pero será un consejo ilegal.

Ahora, lo del casco. Aquí hay opiniones y estudios que caen para ambos lados. Es difícil convencer a alguien que cree que el Estado debe intervenir en asuntos de libertades individuales por eso de la presunta seguridad o salud pero hay un hecho incontestable. Obligar al uso del casco para la bicicleta en ciudad es señalar tal actividad como un asunto de riesgo que las estadísticas dicen que no es. Por tanto, no es una política que fomente la bicicleta y es la política contraria a la que está adoptando desde Londres a Nueva York, pasando por París. Sólo en Australia e Israel es obligatorio el casco y, ojo al dato, sólo ahí baja el uso de la bici.

Los que estéis leyendo esto y no vayáis en bici podéis pensar que no es cosa vuestra, que no os afecta. No os equivoquéis. Más bicis hacen mejores ciudades. Ciudades más amables y limpias, más seguras y respirables, más cercanas. Y también mejores ciudadanos. Ciudadanos que comparten y saben convivir, que se comunican, que se respetan, que sonríen y disfrutan. Marginar al que va en bici es, ahora mismo, la decisión más estúpida en materia de movilidad que un legislador puede apuntarse. los ejemplos internacionales de antes, hablan.

Pero hay algo más. España no se divide entre ciudadanos que van en bici y ciudadanos que no. Del mismo modo que todos somos siempre peatones, todos podemos ser cuando queramos ciclistas. Y deberíamos tener derecho a ello. El mismo derecho. ¿Por qué yo, si decido coger mi coche, puedo ir por cualquier carril sin que nadie me diga nada y si decido ir en bici tengo que arrimarme a la derecha, donde estoy más indefenso y corro más riesgo? ¿Por dónde voy si, como es lógico, no puedo ir por la acera pero casi no puedo ir por la calzada? ¿Por que pierdo derechos cuando me subo en un vehículo que no contamina y puede difícilmente provocar un accidente mortal?

Siempre he pensado que en España, con tanto debate sobre la bici y tan poco uso de la bici, estábamos escondiendo miedos. Miedo a volver a ser los que fuimos de niños subidos a nuestras bicis, miedo a renunciar a esa presunta comodidad de cuatro ruedas, miedo a la convivencia entre peatones, ciclistas y conductores, miedo, incluso, a adaptarnos a los tiempos. Si todo va mal y aprueban el borrador de RGC, el miedo será finalmente impuesto por ley, extendido y difícilmente reversible.

Parece que quedan nueve días para que eso ocurra o no. Hay tiempo para manifestar nuestro rechazo. Luego, sólo nos quedará la desobediencia y esquivar multas.

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El jueves pasado estuve en la Bicicrítica. Por fin. Como he dicho antes por aquí, he ido bastante en bici por Madrí toda la vida y desde hace más de un año no me bajo. Pero, por lo que sea, no había montado nunca en estas quedadas de último jueves de mes. La cosa, para el que no lo sepa, es juntar una masa crítica de ciclistas para reivindicar su uso en la ciudad, caiga quien caiga y se pare el tráfico que se pare. El caso es que estuve el jueves pasado, con Manu y David Dale Pedales. Y me pareció bien y, también, me pareció mal. Estupendo lo de que el grupo acoja a gente a la que de otro modo le daría miedo ir en bici, fenomenal lo de reivindicar la lógica de la movilidad a pedales frente a la sinrazón del automóvil, genial lo del rollo festivo, la música y las pistolas de agua, muy colorido el tema con los mensajeros llegados de toda Europa para el campeonato EMC2011 del pasado finde…

Pero un poco de mal rollo la actitud beligerante de bastante ciclista ante el conductor y el peatón. Creo yo que de lo que se trata aquí es de que aprendamos a convivir unos con otros, que compartamos ese espacio que es de todos y que llamamos ciudad. Y espero que ese mal rollo no lo paguemos otro día cualquiera de los que vamos sobre sillín, a ver si se va a crear lo contrario que se busca y vamos a terminar de caer fatal a todo quisque los de las bicis. Algo así cuenta esta entrada de Muévete en bici por Madrid que me ha pasado por Twitter Lucía. Dicho lo cual, me acabo de dar cuenta de que me estoy convirtiendo en un moderado. Con lo que yo he sido.

Suena La cumbia de la bicicleta, de David Aguilar.

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Es fácil. Me gustan las bicis. Me gustan las chicas. Me gustan mucho las chicas en bici. Esta de abajo también.

Este bonito vídeo de la moza refréscando su pedalada es de la revista Jacques Magazine, una versión actual de las clásicas revistas eróticas que recomienda vivamente el compañero Javi que para estas cosas tiene buen tino. Gracias.

Suena, porque también está lleno de lindas mujeres, Serpiente negra, de Guadalupe Plata.

 

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Hace casi un año que he vuelto a moverme en bici por Madrí. Más allá de solución a la movilidad,  aporte contra la polución, ahorro en bonobús y beneficios para la salud, lo que me sube a los pedales cada día es algo muy simple: me hace feliz. Si leyesen esto un sueco, un holandés o un sevillano, se descojonarían. La bici es el único transporte urbano privado con futuro. Pero los familiares y amigos aún miran con cara de asombro, como si les acabase de decir que me muevo en submarino por Chamberí, y sueltan cosas como: “Pero, ¿no es peligroso?”, “¿y las cuestas?”, “¿llevas casco?”, “¿se puede ir borracho o te quitan puntos?”… Llevo tiempo pensando en escribir sobre la bici y ahora que lo que no tengo es mucho tiempo, lo hago. No para exactamente contestar a esas preguntas sino porque me sale de las narices. Pero, ojo, igual se cuela alguna respuesta.

Ayer iba por Concha Espina. Por la acera, porque pensaba que me evitaba el rollo de subir la cuesta a ritmo de piñón fijo por la calzada aguantando a los coches, porque iba en plan tranquilo y porque hay sitio. No contaba con que, al adelantar a un hombre elegantemente vestido, ha salido de su boca un lapo que, creo, sólo ha pasado rozando el dobladillo de mi vaquero. “Perdón”, ha dicho el hombre. Y yo, que soy un ciclista de bien, lo he perdonado. Pero mejor no olvidarlo. Anotado queda otro peligro para el ciclista. La saliva sobrante.

Suena, claro, Escupe, de Cicatriz.

La foto es de Cris y el pedal es de mi nueva vieja bici, una preciosa chavala preparada por David Dale Pedales.

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