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Archive for the ‘Disidencia’ Category

El comunismo o, mejor, el leninismo, fue una acción del dadaísmo. Lenin era Dadá. No lo digo yo, lo dice un libro llamado Lenin Dadá, de Dominique Noguez, con en el que me topé hace poco en el IVAM de Valencia. El autor expone -expuso en 1989-, a partir de documentos, referencias orales y una imaginación estimable, que no sólo Lenin estaba allí cuando nació Dadá (viviendo en la misma calle de Zurich del Cabaret Voltaire), sino que el pequeño revolucionario era aficionado a la juerga cabaretera, que intercambiaba autoría de versos con Tristan Tzara y que incluso las sangrientas ejecuciones posrevolucionarias no fueron más que una broma nihilista al más puro estilo dadaísta. ¿Absurdo? Sí, mucho, y por eso, y por cierto, muy Dadá. Pero no tan absurdo como pensar que una estirpe de reptiles humanoides y extraterrestres gobiernan el mundo en la sombra, que los Beatles y el rock en general fueron promocionados por el Club Bilderberg para desestructurar las familias occidentales o que el terremoto de Haití es producto de un invento maligno de la CIA para nosequé tipo de conquista gringa. En cualquier caso, este libro está mucho mejor documentado que todo eso y que cualquier documental de los que se traga el personal por Internet. Y tiene bastante más gracia. Y es mucho más revolucionario.

Suena Cabaret Voltaire, Do The Mussolini.

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Mientras la gente discute de cosas importantes, que si Pérez Reverte es un machista, que si Sánchez Dragó es un pederasta, que si la serie del Príncipe y Leti era una puta mierda…, yo sigo ocupado en lo esencial. Y lo esencial es que el jueves 4 de noviembre toca Bomba Estéreo en Madrid (en una fiesta del Eclecticlub, en Caracol).

El que se lo pierda es un Borbón, o sea, idiota.

Bomba Estéreo, Huepaje.

Bomba Estéreo, Fuego.

El fotón lo encontré aquí.

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Antes, la gente tenía muy claro que la sociedad (o sistema) en que vivía era una mierda pinchada en un palo pero creía en que dios era su salvación. Y cuando digo antes, me refiero a la edad de piedra, las invasiones bárbaras, la edad media, la revolución industrial, las primera guerra… Ahora el personal no sólo está convencido de que vive en la mejor de las sociedades (o sistemas) posibles, sino que tiene toda su fe puesta en que el sistema (o la sociedad) va a salvarle. Y dios, si existe, tiene que estar echándose unas risas.

Suena El himno de la bala de Triángulo de Amor Bizarro.

La imagen es ‘La construcción de la Torre de Babel’, de Brueghel el Viejo, que creo que jugó en el Inter.

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Antes, El País consideraba que la crítica a un sistema electoral debía ir en la sección de opinión. Ahora se moja y la incluye como noticia. Claro que no es lo mismo dudar de la democracia en España que hacerlo de la venezolana. Por lo demás, qué buenas las crónicas de Pablo Ordaz desde allá.

Suena Tiembla, de Desorden Público (gracias, Nat).

El chiste es de Quino, claro.

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No existe cambio climático, es que Al Gore se ha dejado la calefacción puesta.

Suena Faith No More, We Care A Lot.

La imagen ha sido vista aquí.

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Antes las canaperas eran señoras que miraban en el ABC la agenda de conferencias y presentaciones de libros para echarse unos tacos de jamón y un vino al coleto. Ahora es gente de todo tipo y condición que se viste de tiros largos, acude a la Vogue Fashion’s Night Out y hace cola para pillar un champancito. Dios bendiga a Anna Wintour.

Suena una versión de Vogue a cargo del mismísimo Satán.

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– ¿Puede usted comparar el estado de la profesión periodística en España con Europa? Por ejemplo, la radio. ¿Es mejor la radio en España que en Europa?

Reconozco que no he sabido responder, quizás por falta de información o quizás porque me cuesta comparar una unidad (con perdón) con un conjunto de cuarenta y tantos países. Ésta era una de las muchas preguntas delirantes de una encuesta telefónica que he respondido esta mañana sobre la profesión periodística. Un mogollón de cuestiones bobas que partían de una concepción plana, infantil y simplista de la cosa. Y el caso es que estaba encargada y diseñada por la Asociación de la Prensa de Madrid (APM) y no por los guionistas de la serie Periodistas.

Suena The Hurdy Gurdy Man en versión de Butthole Surfers.

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La economía nipona vive estancada desde hace casi 20 años, con el riesgo de caer en deflación (caída generalizada de precios). Se han llevado a cabo todas las medidas posibles: rescates bancarios, tipos de interés prácticamente planos, emisiones de cantidades ingentes de deuda pública… Nada funciona. La economía no crece.

Para combatir este riesgo, diversos economistas abogan por elevar el consumo y generar inflación a través de la imposición de tipos de interés negativos. A la gente se la penalizaría por depositar sus ahorros en una entidad financiera, por lo que solo les quedarían dos opciones. Consumir desaforadamente o acumular efectivo. Y para evitar esta segunda se optaría por suprimir el metálico y así operar únicamente con dinero electrónico».

Copiado y pegado de El País, de un reportaje llamado El dinero, de plástico, por favor. Pues nada, que espero que sea verdad que ya nadie lee periódicos, no vaya a ser que a alguien se sienta inspirado.

Suena Agradable sobremesa con una japonesa, de KGB.

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Uno lee noticias como ésta que recoge hoy El País y se le vienen muchas imágenes cómicas a la cabeza. A saber: las grandes petroleras del mundo están metidas en una carrera a codazos por explotar yacimientos de petróleo y gas en el Ártico a los que ahora se puede acceder debido al calentamiento provocado, entre otras cosas, por la quema de combustibles fósiles como el petróleo y el gas por parte de las grandes petroleras. O sea, que ya es primavera en la costa oeste de Groenlandia por cortesía de una civilización basada en el uso de los hidrocarburos y a esta civilización no se le ocurre otra cosa que, en vez de cambiar de energía, ir a ver si acaba: a) con los pocos hidrocarburos que quedan y b) con el frío que pueda quedar allá. Pues vaya civilización, ¿no’

Y decía lo de las imágenes cómicas al principio porque es como un gol en propia meta decisivo y torpe, como un tiro en el pie de un pistolero en prácticas o como una bomba marca ACME preparada por el Coyote para atrapar al Correcaminos que acaba estallándole en los morros. Todo muy gracioso si no eres el equipo perdedor, el pistolero en prácticas o el Coyote. Que es lo que somos nosotros.

Suena Esta noche me voy a bailar, de Los Coyotes (¡sin entrada en la Wikipedia!).

La imagen la he encontrado aquí pero los derechos deben ser de allí. Y la entrada también se puede leer acá.

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Ninguna de las diez noticias más leídas en ElMundo.es y ElPais.es tiene que ver con Pakistán. Tampoco se han inundado los informativos con ríos de vídeos solidarios y emotivos. Ni han surgido por generación espontánea acciones de todo tipo y condición destinadas a recaudar dinero para el país. Esta vez no es culpa de los medios sino de todos, del desinterés general ante la noticia. La ONU no sabe qué hacer para conseguir pasta y nadie, ni gobiernos, ni instituciones, ni ONG, ni ciudadanos, parece dispuesto a levantarse de la siesta por cuatro gotas.

Bien, pues sentimos interrumpir las vacaciones del personal pero en Pakistán ya han muerto casi 2.000 personas. Ah, que la cifra de muertos no es muy alta. ¿Qué tal dos millones de personas que se han quedado sin hogar? ¿Nada? Bueno, pues probemos con 3,5 millones de niños en peligro de contraer enfermedades mortales. ¿Tampoco? Vaya, pues nada, supongo que 20 millones de afectados por el asunto será moco de pavo.

Hay varios motivos que pueden tener que ver con este pasotismo generalizado ante una catástrofe de las gordas. Los menciona casi todos David Jiménez, ese estupendo corresponsal que tiene El Mundo en Asia en este artículo llamado La tempestad y la indiferencia. Pueden ser las vacaciones, claro. Aquí no hay nadie y en las playas sólo escandalizan los precios de las paellas del chiringuito. También es verdad que una inundación conmueve menos que un terremoto, por poner el buen ejemplo de Haití. Y que 1.600 son pocos muertos comparados con los cientos de miles del tsunami.

Pero es que, además, la solidaridad es un ejercicio muy humano y, como tal, caprichoso de narices. Y resulta que Pakistán es, a nuestro occidental entender, un nido de islamistas radicales, cantera de terroristas, fábrica de armas nucleares, cuna de conflictos con la India por un pedazo de tierra… Tengámoslo claro, nuestro despiste, el pasotismo general y algún que otro quesejodan viene también de todas las cosas malas que pensamos que sabemos de Pakistán. Que no es lo mismo ayudar a un negrito que nunca ha tenido nada y que, quizás por eso, no ha hecho nunca nada malo a nadie (Haití) que dar la mano a un hindú que peleó por dejar de serlo y luego se dedicó a recitar el Corán en una madraza hasta que le salieron coches bomba por las orejas (Pakistán).

Lo de Pakistán, como lo del tsunami, es, a decir de muchos científicos y gentes que saben más que yo, una pequeña muestra de lo que se nos viene encima. Desastres naturales que provocan desplazamientos de millones de personas cambiando para siempre las formas de vida no sólo de los epicentros, sino de los lugares de recepción. Nuestra reacción ante estos sucesos también vale de modelo para lo que pasará después. A veces nos sentiremos solidarios pero cada vez menos y no con todo el mundo. La solidaridad tiene derecho de admisión, como las discotecas. Y eso no ayuda a generar distensión.

Por no hablar de lo que pasará si un día nos pasa algo así a nosotros. Imaginemos que se inunda España y hay 20 millones de desplazados que vamos, es un poner, a Marruecos. Y ahí nos quedamos, con la mano en el aire sin que nadie nos la coja porque somos esos blanquitos que con la Biblia en un sobaco y las obras completas de Friedman en la cartera invadimos Afganistán e Irak, cerramos nuestras fronteras a los trabajadores honrados, nos negamos construir mezqu¡tas en la Zona Cero y sopoticientas barrabasadas más que no me caben en ese texto. Ah, que tú no has hecho nada de eso. Pues tampoco los de la foto y otros millones más. Y ahí están. Esperando a que alguien les eche un mano.

Suena Solidarity, de Angelic Upstarts.

La imagen es de aquí y el texto también se puede leer acá.

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