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Archive for the ‘Disidencia’ Category

El diario Público cabalga de nuevo con su cruzada antitaurina. Hoy dedica portada y sesudos* artículos en el interior contra las malas costumbres españolas**: que si el Toro de Coria, que si el Toro de la Vega, que si las corridas de toros… Servidor es de esos tíos raros que respeta tanto la libertad de cada uno a decir lo que le plazca que me parece estupendo que el señor Jaume Roures y sus secuaces inviertan su tiempo y su dinero en semejante cosa. Están en su derecho de pedir la abolición de todo eso que llaman maltrato animal y hasta de postular el veganismo para todo quisque (no exagero, se puede leer aquí). Del mismo modo, yo estoy en mi derecho de descojonarme vivo de textos como el que sigue y que firma un tal Javier Rada:

¿Qué ocurre en la psique humana cuando uno percibe este tipo de espectáculos, cuando es perseguido por un becerro, cuando ve como ejecutan a un toro?

Todo se encuentra dentro de un proceso de ritualización, un proceso en el que mediante diferentes estímulos se consigue que primen las partes más primitivas del cerebro, y en donde la razón y la lógica, nuestro cerebro más evolucionado, ceden ante a la selva instintiva.

“El ritual incide en la parte del sistema nervioso más animal, relacionado con el sistema límbico. Estos rituales estarían creados para no pensar. Mientras tienen lugar, el cerebro se haya [la falta de ortografía es de Público] hiperactivado, ya sea por la sangre, el peligro físico, el sacrificio, la música o las drogas (como el alcohol). Entonces deja de intervenir la parte del córtex cerebral, relacionada con la razón y la ética”, explica Luis Muiño, psicoterapeuta. Se deja de sentir empatía, la capacidad de ponerse en la piel del otro.

“No es necesario que uno sea violento o que no tenga un código ético. Cualquier persona en esas circunstancias haría lo mismo”, explica. Según Muiño no existe mucha diferencia en la hiperactivación que se produce en estos ritos, y en los utilizados en las guerras y religiones, y hasta en el exótico vudú [el subrayado en negrita es mío]. Los procesos de inmersión en rituales de estas características logran que se merme la escala de valores.

Así, gracias al diario Público, ya entiendo porqué soy capaz de ir a un montón de corridas en las que nunca pasa nada: es que no pienso, me quedo alelado, soy como un haitiano en manos de su hechicero vudú. Por cierto, no me termina de quedar claro si el hechicero es el torero, el ganadero, el empresario o el que dirige los pasodobles. Igual escribo una carta a ver si me lo explican.

(Las fotos son de un tal Patrick Andre Perron, una, y de Temps D’oci la otra).

* Lo de «sesudos» va con todo el retintín del mundo. A ver, uno es pesimista y cree que está más cerca que lejos el fin de la Fiesta, pero esperemos que no sea por campañitas tan poco argumentadas como ésta. No estoy en contra de los antitaurinos ni de que haya un debate al respecto, pero que sea un debate de nivel, porfa. Que la otra parte se intente informar de qué va todo esto y pregunte a la gente que sabe y sabe argumentarlo. No sé, si buscan a un catedrático, que acudan a Victor Gómez Pin, por ejemplo, y luego pregunten al que dice lo del vudú, si quieren. Da la sensación de ser un combate de boxeo de pesos desiguales, no sé, como entre el Tigre de Chamberí y George Foreman… Ay, perdón, que tampoco les gusta el boxeo a los de Público.

** En su afán por tocar la marrana, con perdón, los de Público insisten en asociar «toros» y «España». Como que son dos conceptos que no parecen gustarles. Hombre, cierto es que son dos asuntos impepinablemente ligados por la Historia y tal. Pero si hablan de corridas de toros, hace mucho que ha quedado claro que no son patrimonio español. Me extraña que no se hayan informado, porque siendo un tema de portada… Por cierto, a veces es tan ridículo el antipatriotrerismo como el patrioterismo.

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Para describir el [sistema] que domina el planeta, la palabra no debería ser ya «capitalismo» sino «plutocracia deseísta». Siglos de humanismo europeo han sido pulverizados por una utopía colectivista seguida de una utopía comercial».

Lo escribe Frédéric Beigbeder en «Socorro, perdón» [Anagrama, 2008].

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Zapatero lleva una semana insistiendo en eso de que «la crisis es opinable».

A mí me llamaron hace unos días desde uno de los medios en los que colaboro para avisarme de que me bajan un 33% el precio de mi trabajo. Inopinadamente.

¿Y yo? Yo no sé qué opinar. Creo que tengo una desaceleración existencial.

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Un Whopper con queso y patatas grandes

Lo de Rock in Río tiene casi nada de rock y nosequé de Río. El Rock in Río es un festival business class, como bien dice Goyo, pero ni de coña es un festival musical. Rock in Río es un centro comercial, un parque de atracciones y un negocio redondo pero la música no es más que subtexto y el rock, un pobre prefijo para redondear la marca. Ayer tocaba Neil Young y yo me preguntaba porqué. Supongo que lo mismo se preguntaría él. Y seguro que eso mismo se preguntaba la gente que hacía cola para maquillarse en la carpa L’Oreal, los que esperaban en la fila para comer en Burger King y en Telepizza o los que aguardaban para pillar una bolsa de promoción de El Corte Inglés. Ayer tocó Neil Young en Rock in Río y era como verlo tocar en el centro comercial Plaza Norte. O en el Plenilunio. O en La Vaguada. Delirante. El tío que compuso y cantó This Note’s For You para cagarse en la madre de los que vendieron su alma a los anunciantes estuvo tocando dos horas mientras seres humanos se dejaban caer por una tirolina, hacían snowboard o visitaban los pabellones de las marcas patrocinadoras. A ver, uno quiere y respeta a sus padres aunque se equivoquen y se contradigan. Pero también uno tiene ya una edad como para decírselo a la cara. Neil, machote, te has colado.

Ojito que su concierto fue la pera. Eléctrico casi todo. Ruidoso. Tierno. Crudo. El tío Neil vino con la gente de su última gira, tocó algunos cortes de su reciente Chrome Dreams II y también revisó parte de lo mejorcito de su repertorio. Lo que pasa es que uno tenía la sensación de estar en el momento justo en el sitio inapropiado. Será que uno es muy raro. O será que el lugar es un descaro. Ojito bis: hace mucho que tengo muy claro que el rock ya no genera revoluciones de ningún tipo, ni siquiera hormonales. Hace tiempo que soy consciente de que el Capital se traga todo y lo regurgita para que nos lo comamos, lo vomitemos y se lo vuelva a tragar en forma de beneficios. Hace rato que no soy ingenuo. Pero como que me sigue chocando ver a un hombre de Cromagnon aporreando convencido su Gibson ante un montón de Homo Sapiens que preferirían estar mirando tallas en Zara. El Rock in Río es un festival musical para gente a la que no le gusta la música y eso no es ni bueno ni malo. Es. El Rock in Río también es un bisnes perfecto en el que los números cuadran antes de abrir las puertas por la pasta que se han dejado los sponsors, los favores del ayuntamiento de Arganda del Rey y la labor de los medios que, otra vez, actúan de palmeros del dinero. Y esto tampoco es necesariamente bueno ni obligatoriamente malo. Es, aunque sólo sea asqueroso. Y eso sin entrar a valorar el lema ése de “salvemos el Planeta” ni la sostenibilidad ecológica de la noria o la pista de snowboard en julio, que el listón de comedia sobre conciencia planetaria está muy alto con el anuncio de Repsol animándonos a que protejamos lo que ha dejado de Tierra.

En fin, que yo siempre recomiendo ir a Las Vegas. Las Vegas mola. Es el lugar donde observar lo que puede llegar a hacer el hombre blanco con todo el dinero y el doble de mal gusto. El sitio donde darse una bofetada de realidad consumista. El ejemplo a seguir, aunque duela. Pues bien, si alguien no tiene pasta para ir a Nevada este finde o el siguiente, que se pase por Arganda del Rey y se llevará una sensación parecida. Claro que también puede darse un voltio por el centro comercial Plaza Norte o por el Ikea. Si acompaña el paseo con un iPod y musiquita de fondo, se sentirá como el Rock in Río. Business class.

(Gracias a elmundo.es por prestarme la foto y a Sandra por invitarme).


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Ayer volví a ver a miles de personas adultas comportándose como fans adolescentes e histéricos.

\La infanta Elena pidiendo fervorosamente la segunda oreja.\

La cosa tendría muchísima gracia si no fuera porque lo que les volvía tan locos, lo que jaleaban, lo que fomentaban, lo que disfrutaban, era esto:

Parando, templando y mandando

A mí eso no me parece torear, a mí eso no me parece parar, templar y mandar, a mí eso no me parece poder a un toro, a mí eso no me produce satisfacción, a mí eso no me emociona. A mí eso me parece tremendismo, a mí eso me parece una locura, a mí eso me parece tirarse a los pitones de un toro, a mí eso me produce desazón, a mí eso me conmociona. A mí no me gusta. Es mi opinión y vale lo mismo que la de cualquiera. Poco.

P.S.: Normalmente, este post se tendría que titular «Observaciones taurómacas (6)» pero, como he dicho, ayer, por mucho que observé, no encontre tauromaquia por ningún lado.

P.S. 2: De todo lo que he visto por la Red, suscribo letra por letra lo que explica Manon (la foto del gladiador que cuelgo, y que cuelga, es suya, claro). También me parece interesante lo que dice Ramón Muñoz. Y, del otro lado, está muy bien escrito lo de Israel Cuchillo.

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– Papá, papá, ¡llévame al circo!

– No, hijo. Si quieren verte, que vengan a casa…

Aspiradoras

Esta foto la he pillado del New York Times de hoy. Un medio serio. De ésos que critican desde sus altas estaturas morales la información y el tratamiento de otros menos serios. De los que despreciaron en su día la idea del formato «Gran hermano» sin asumir que todos participamos, de uno u otro lado, en el concurso y que ellos son los emisores. Sin reconocer que, a estas alturas, la sociedad de la información es un zoo en el que nos asomamos (o nos asoman) a las jaulas de los personajes para ver con quién follan, cuántas rayas se meten y de qué humor están cuando bajan de un avión. La única diferencia es que, en este zoo, los animalitos pueden sacar rentabilidad de sus monerías.

La verdad es que me la sopla que el NYT se dedique a publicar el trabajo de foteros y plumillas que se meten bajo las alfombras de la gente. Si me pilla en el día superficial, me puedo reír con la imagen y pensar un montón de juegos de palabras drogotas relacionados con aspiradoras. O recordar esa historieta de los Freak Brothers de Gilbert Shelton en la que se dan cuenta de que tienen vacía la despensa de drogas y se les ocurre pasar el aspirador por la casa y, luego, esnifarse el contenido. Si me pilla en el día radical, reniego de la profesión y tal. Y si me pilla en el día tonto, le dedico una pajilla mental como ésta.

También soy consciente de que, si a mi me la sopla lo que haga el NYT, al NYT se la sopla mucho más lo que diga yo aquí. Y sé, desde hace mucho tiempo, que los medios no existen para contar la verdad, ni siquiera para dar información. Los medios existen para vender periódicos, acumular visitas, pillar audiencia, captar publicidad y, en resumen, llenar los bolsillos de sus dueños. Eso sí, quizás esperaba más ingenio que el que demuestra la tal Elizabeth Spiridakis que firma la columna donde aparece la foto: «¿Qué hay en la colmena? ¿De dónde la saca? ¿Hay un agujero? ¿Es realmente calva?». En fin…

Lo que de verdad me jode es que el NYT y el resto de los medios se hayan apropiado de uno de mis chistes preferidos. Y, aún peor, que se lo hayan tomado en serio.

(La foto la firma Bauer-Griffin. Ése es el tipo, o los tipos, cuyo curro consiste en esperar a la puerta de casa de esta moza a ver si pasa el aspirador o lo tira porque está roto, que parece que es la auténtica noticia… Con perdón).

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Buscando beneficios desesperadamente

Sobre Google y el Príncipe de Asturias, hoy escribe Enric González en El País:

Google es una empresa privada y tiene todo el derecho a pactar con las autoridades chinas. Sus dirigentes no sólo han puesto a disposición del usuario (fuera de China) una portentosa tecnología: además, han sabido explotarla comercialmente. Googleando un poco, encuentro que Google ganó el año pasado 4.203 millones de dólares. ¿No basta con ese premio? ¿Necesitan también un reconocimiento a su labor humanística?»

Y no puedo evitar citar otro párrafo de su columna:

Soy uno de esos rojos trasnochados que no acaban de entusiasmarse con la jornada laboral de 65 horas. Tampoco me parece que deban socializarse las pérdidas de los empresarios, si no se socializan sus beneficios. Estoy fuera de onda, claramente».

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Ésta es la entrevista completa con Wu Ming 1 con motivo de la publicación en España de su novela New Thing, de la que ya he hablado aquí. Es, pues, el todo de una parte que escribí para El País del 2 de junio. El colectivo de escritores y activistas italianos Wu Ming ha publicado en español 54 y Q (bueno, ésta bajo el nombre de Luther Blisset). Dos novelas muy majas (ambas en Modadori). Como New Thing (de Acuarela Libros).

Los chicos de Wu Ming no tienen cara, ni dura ni de la otra

Normalmente, el activismo de Wu Ming no se refleja en la forma narrativa de sus libros, pero el tuyo tiene una estructura diferente, más “revolucionaria”. ¿Por qué?

La verdad es que todas nuestras novelas están escritas en una prosa altamente experimental. Las cinco novelas que hemos escrito los miembros individuales son todavía más extremas pero las colectivas, como Q, 54 o Manituana, son el resultado de muchas pequeñas intervenciones para secuestrar el lenguaje y usar todas y cada una de las palabras de una forma poco convencional. Desgraciadamente, mucho de este esfuerzo se pierde en la traducción. 54 estaba muy fraccionada y era muy polisémica, pero la primera traducción al español homogeneizó los estilos e hizo el libro más plano. Creo que esto ocurre cuando nuestros libros se confunden y se entienden como ficción. No lo son. Nuestros libros son parte de un complejo cuerpo de trabajo realizado por varios autores italianos durante los últimos 15 años, algo que hace tiempo propusimos calificar como “nueva épica italiana”. Es un tipo de literatura que quiere ser tan popular como experimental.

New Thing retrata un momento histórico, finales de los 60, en que la música y la cultura juvenil en general todavía resultaban peligrosas para el sistema. ¿Crees que ahora ocurre algo similar?

No, no hay nada como eso hoy en día. La producción de subjetividad rebelde sigue otros caminos completamente diferentes, la contracultura es distinta, Internet ha cambiado la naturaleza del juego. Eso sí, la forma en que la gente escucha y accede a la música puede ser un grano en el culo para las corporaciones, como hemos visto en estos años, ya sabes, las infracciones al copyright y eso.

¿Cómo puede un italiano controlar tanto de cultura negra? ¿No serás un italiano negro?

No, no lo soy. Pero el libro es también una alegoría de la represión de los movimientos sociales en los 70 en Italia. Lo que pasó a los Black Panthers también pasó a miles de militantes radicales italianos. Programas secretos como el Cointelpro del FBI eran el pan de cada día en Italia. Y, desgraciadamente, aún lo son. Lo mismo que en España. Europa no es tan diferente. En el libro, estoy describiendo América, pero estoy hablando de casa.

Quizás todos somos negros, como señalas de alguna manera en tus ensayos sobre la negritud del punk. ¿Es negra la cultura popular, nos guste o no?

La cultura popular de hoy no habría sido posible sin la esclavitud ni la diáspora africana. No hablo sólo de jazz, rock, reggae, ska, blues, samba, salsa y merengue. Hablo de toda la cultura popular: música, cine, literatura. El mundo sería extremamente diferente sin la contribución africana. Nuestra imaginación colectiva debe mucho a esos esclavos negros, lo cual es doloros de pensar. Estamos comerciando sobre un gran cementerio de esqueletos con cadenas atadas a sus tobillos.

La escena del free jazz que retratas en el New Thing es muy diferente del hip hop de hoy, con champán corriendo como si fuese agua. ¿Qué ha pasado?

Si no recuerdo mal, fue un tipo llamado Karl Marx el que dijo que, cuando la revolución se retrasa, toda la mierda empieza de nuevo. A veces, el hip hop comercial puede parecer agresivo y rebelde, pero en realidad es narcótico. Representa el triunfo de esos negros sumisos que Malcolm X llamaba negros domésticos (house negroes).

La entrevista completa se lee dándole aquí. Muy recomendable.

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El mundo es una barra americana

Lo bueno de tener una hermana que lee casi tanto como respira es que te filtra los libros. Los mastica y los digiere y te da sólo los que te pueden sentar bien. Gracias a Paloma, me leí ayer en tres estornudos (tiene 190 páginas) «El fundamentalista reticente» (Tusquets). Lo escribe Mohsin Hamed, un paquistaní que estudió en Princeton y trabajó en Nueva York pero que volvió a Lahore y ahora vive en Londres. Y lo escribe en forma de monólogo de un paquistaní, Changez, con un misterioso interlocutor gringo sin voz. Una elección narrativa arriesgada que consigue salir a flote por lo que cuenta. Aquí se habla de la identidad, del complejo de ser el otro, de fidelidades a amores imposibles que se contagian, de jenízaros y de ex jenízaros. Los jenízaros eran jóvenes cristianos apresados de niños por los otomanos y entrenados para destruir su propia civilización. Changez es jenízaro hasta que decide convertirse en ex. Y como ex jenízaro, dice lo siguiente:

Me sorprendió lo tradicional que parecía su imperio desde esa perspectiva. Guardias armados vigilaban el punto de control por el que yo debía entrar; siendo, como era, de una raza sospechosa, me llevaron aparte y me sometieron a una inspección adicional; no bien me dejaron pasar, alquilé a un auriga que pertenecía a una clase de siervos que no cumplía los requisitos para estar legalmente en el país y se veía por tanto obligada a trabajar por menos dinero; yo mismo era una especie de sirviente ligado por contrato cuyo derecho de estancia dependía de la constante benevolencia de mi patrón».

Por lo mismo que es interesante ver las noticias por Al Jazeera, es recomendable leer este libro. Porque está bien ver las cosas desde otros puntos de vista. Porque ya van quedando pocos.

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