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Posts Tagged ‘Información’

Lo mismo que uno no debería alimentar a su barriga todo el rato con gominolas, patatas de bolsa, hamburguesas y cocacola, tampoco conviene llenarse la cabeza con una dieta exclusiva de chucherías. El otro día sacaba por aquí el consumo medio de información del personal (gringo) y hoy me encuentro en NextNature con una bonita entrada sobre la obesidad informativa. El autor, Armand van den Heuvel, viene a decir lo siguiente: que seguir a gente (y ser seguido) en redes sociales (él concreta en Twitter) se está convirtiendo en una suerte de adicción para muchos, que nuestros cerebros se acaban de adaptar a radios, televisiones, internetes y demás y ahora, encima, tienen que digerir esto. Esto es, dice el hombre, que la media de followers del personal está en 126 y, por tanto, la media de gente a la que se folla, perdón, se followea es también de 126. Y, si cada uno suelta otra media de 22 twitteos al día, eso consume 2,5 horas por jornada. Sigue el autor citando al número de Dunbar, una teoría de un antropólogo del mismo nombre que jura que el máximo de gente con la que se puede tener una relación plena es de 150 (o algo así). Y acaba recomendando adelgazar seguidores si se pasa de ahí.

Añade también un link a una entrada sobre el tema de la dieta informativa de Knowledge is social en el que se cuenta, entre otras cosas, que es bueno alimentar el cerebro pero que es peligroso darle de comer nada más que vídeos chorras de YouTube y teleseries. Dice este otro autor, Tim Young, CEO de Socialcast, que es estupenda la convergencia de herramientas y vehículos de información de los que disponemos actualmente pero que el empacho de datos puede provocarnos un cólico. Y anhela el momento de que estas herramientas comunicativas vengan con los valores nutricionales incorporados, como en las cajas de galletas, para ayudarle a decidir que se mete entre frente y nuca.

Pues eso, que me ha parecido digno de mención.

Suenan los Caramelos podridos de Ilegales.

La foto de las chuches la he sacado de aquí.

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Un estudio de la Universidad de California, en San Diego, dice que los americanos (los gringos) consumen cada día 3,6 zettabytes de información. O sea, 36 elevado a 21 bytes. O sea, 3,6 millones de millones de gigas. Quiere eso decir que, cada día, un gringo normalito se mete en su melón el equivalente a 16 discos duros de los medianos entre TV, teléfono, radio, ordenador y demás. La ilustración de Rob Vargas que corona estas líneas lo explica bien y, viéndola, uno se da cuenta de cómo sería tal cosa en España. La diferencia sería escasa en horas de tele e incluso en su contenido (Belén Esteban en vez de Oprah) y puede que hubiese aún menos lectura (sí, a pesar del Marca y el Cuore). Lo que sí habría es un gran hueco en el melón del español para a la información capturada en el bar, origen y destino de nuestra sabiduría.

A todo esto, ¿qué hace un gringo con 16 discos duros diarios de información adquirida? Pues lo mismo que un español: respirar, comer, cagar, mear, dormir… y poco más.

Suena You Suffer, de Napalm Death.

Vía Good.

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– Papá, papá, ¡llévame al circo!

– No, hijo. Si quieren verte, que vengan a casa…

Aspiradoras

Esta foto la he pillado del New York Times de hoy. Un medio serio. De ésos que critican desde sus altas estaturas morales la información y el tratamiento de otros menos serios. De los que despreciaron en su día la idea del formato “Gran hermano” sin asumir que todos participamos, de uno u otro lado, en el concurso y que ellos son los emisores. Sin reconocer que, a estas alturas, la sociedad de la información es un zoo en el que nos asomamos (o nos asoman) a las jaulas de los personajes para ver con quién follan, cuántas rayas se meten y de qué humor están cuando bajan de un avión. La única diferencia es que, en este zoo, los animalitos pueden sacar rentabilidad de sus monerías.

La verdad es que me la sopla que el NYT se dedique a publicar el trabajo de foteros y plumillas que se meten bajo las alfombras de la gente. Si me pilla en el día superficial, me puedo reír con la imagen y pensar un montón de juegos de palabras drogotas relacionados con aspiradoras. O recordar esa historieta de los Freak Brothers de Gilbert Shelton en la que se dan cuenta de que tienen vacía la despensa de drogas y se les ocurre pasar el aspirador por la casa y, luego, esnifarse el contenido. Si me pilla en el día radical, reniego de la profesión y tal. Y si me pilla en el día tonto, le dedico una pajilla mental como ésta.

También soy consciente de que, si a mi me la sopla lo que haga el NYT, al NYT se la sopla mucho más lo que diga yo aquí. Y sé, desde hace mucho tiempo, que los medios no existen para contar la verdad, ni siquiera para dar información. Los medios existen para vender periódicos, acumular visitas, pillar audiencia, captar publicidad y, en resumen, llenar los bolsillos de sus dueños. Eso sí, quizás esperaba más ingenio que el que demuestra la tal Elizabeth Spiridakis que firma la columna donde aparece la foto: “¿Qué hay en la colmena? ¿De dónde la saca? ¿Hay un agujero? ¿Es realmente calva?”. En fin…

Lo que de verdad me jode es que el NYT y el resto de los medios se hayan apropiado de uno de mis chistes preferidos. Y, aún peor, que se lo hayan tomado en serio.

(La foto la firma Bauer-Griffin. Ése es el tipo, o los tipos, cuyo curro consiste en esperar a la puerta de casa de esta moza a ver si pasa el aspirador o lo tira porque está roto, que parece que es la auténtica noticia… Con perdón).

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