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Podemos…

… jugar como nunca y perder como siempre. O sea, hacer el ridículo de costumbre.

… practicar el tiquitaca sin meter un gol hasta que apaguen las luces del estadio.

… considerar que ese señor al que le gusta sacarse en público los mocos después de rascarse los sobacos es la persona capacitada para cambiar nuestra historia.

… permitir que el Ayuntamiento ceda a precio de puta un espacio público para la promoción de una empresa privada.

… incluso, ganar a Italia, merendarnos a Holanda Rusia y vencer de postre a Alemania. Sí, claro, hay probabilidades de ganar la Eurocopa. Como también las hay de que yo acabe emparentado con Rosario Dawson.

Pero lo que no podemos ni queremos ni debemos es aguantar la propaganda de los voceros de Cuatro. Al menos, yo. Joder, qué plastas que son.

Toda la Eurocopa en Cuatro

(La hermana de Manu Carreño pensando en lo poco que queda para que el muchacho vuelva a casa).

O eres de los Beatles o de los Stones. O te molan los Smiths o te ponen los Happy Modays. O te va Julio Iglesias o te tiras por Raphael. Pues con el rock industrial, lo mismo. O escuchas a Nine Inch Nails o te destrozas el sistema nervioso con Ministry. O aguantas las canciones barrocas y pretenciosas de ese tipo que presume de una triste adicción a la cocaína o se te pone dura con los trallazos directos a la entrepierna de un politoxicomano tragón y sin complejos. O eres fan del plasta de Trent Reznor o te cae bien el golfo de Al Jourgensen. Yo, por supuesto, me quedo con Al. Con Ministry. La opción b, siempre la opción b.

Como haya podido comprobar quien haya tenido narices de dar al Play y aguantar hasta el final, Ministry es un grupo furioso. Y curioso, también. Al contrario que el resto de sus congéneres musiqueros, Al Jourgensen empezó sacando un disco bien cursi y comercial (With Sympathy) para ganar dinero y gastárselo en montar un estudio en el que desayunar tripis en compañía de su nuevo amigo, Paul Barker, y dedicarse al terrorismo sonoro. En ese camino inverso, de adosado en el cielo al barrio más chungo del infierno, Al y Paul se han marcado algunos discos que explican por sí solos el reverso tenebroso de los 90 (The Land of Rape and Honey, The Mind Is a Terrible Thing to Taste, Psalm 69). El estilo, para quien no haya tenido agallas de darle al Play, es fácil de explicar pero difícil de comprender: una base rítmica tocada por una taladradora, riffs de guitarra robados de Killing Joke e interpretados con sobredosis de speed, un aullido enfermo al micrófono y unas letras de me-cago-en-la-puta-y-vomito-sobre-el-sistema pero con grandes dosis de sentido del humor y coñas de drogota jodido pero contento. Cito:

Pronto descubrí que esta cosa del rock era verdadera/Jerry Lee Lewis era el diablo/Jesús fue un arquitecto antes de su carrera como profeta/de repente, me encontré a mí mismo enamorado del Mundo/así que sólo había una cosa que pudiera hacer/y era ding a ding dang mi dang a long ling long» (Jesus Built My Hot Rod, Psalm 69).

Bastante incomprensible pero mucho más gracioso que eso de «quiero follarte como un animal», que es el novamás de la literatura Trentreznoriana.

En fin, que he escrito estas líneas por dos motivos. Porque el otro día encontré un vídeo en el que Al hablaba de Trent Reznor.

Dice algo así como que un amigo suyo dijo al salir de casa de Trent que era el tipo más miserable y depresivo que había conocido. Paul interviene para apuntar que eso es sorprendente, que ellos eran bastante miserables por aquella época. Pero lo bueno es el cierre. Al: «Me encantaría ver a Trent y Morrissey jugando a la ruleta rusa, a ver quién dispara primero…». Y el entrevistador apostilla: «Sería una competición de ganador contra ganador».

El otro motivo de esta historieta es que este jueves, en la sala Heineken, Al Jourgensen trae su ministerio a Madrid. Ya no es lo que era, ya no está Paul Barker y lo que suena es metal pesado, pero yo voy. Nos ha jodido mayo.

El Sol. 22.30… o así.

Y el jueves, más y peor…

Josetomástreet Boys

Ayer volví a ver a miles de personas adultas comportándose como fans adolescentes e histéricos.

\La infanta Elena pidiendo fervorosamente la segunda oreja.\

La cosa tendría muchísima gracia si no fuera porque lo que les volvía tan locos, lo que jaleaban, lo que fomentaban, lo que disfrutaban, era esto:

Parando, templando y mandando

A mí eso no me parece torear, a mí eso no me parece parar, templar y mandar, a mí eso no me parece poder a un toro, a mí eso no me produce satisfacción, a mí eso no me emociona. A mí eso me parece tremendismo, a mí eso me parece una locura, a mí eso me parece tirarse a los pitones de un toro, a mí eso me produce desazón, a mí eso me conmociona. A mí no me gusta. Es mi opinión y vale lo mismo que la de cualquiera. Poco.

P.S.: Normalmente, este post se tendría que titular «Observaciones taurómacas (6)» pero, como he dicho, ayer, por mucho que observé, no encontre tauromaquia por ningún lado.

P.S. 2: De todo lo que he visto por la Red, suscribo letra por letra lo que explica Manon (la foto del gladiador que cuelgo, y que cuelga, es suya, claro). También me parece interesante lo que dice Ramón Muñoz. Y, del otro lado, está muy bien escrito lo de Israel Cuchillo.

¡Amy la Legión!

– Papá, papá, ¡llévame al circo!

– No, hijo. Si quieren verte, que vengan a casa…

Aspiradoras

Esta foto la he pillado del New York Times de hoy. Un medio serio. De ésos que critican desde sus altas estaturas morales la información y el tratamiento de otros menos serios. De los que despreciaron en su día la idea del formato «Gran hermano» sin asumir que todos participamos, de uno u otro lado, en el concurso y que ellos son los emisores. Sin reconocer que, a estas alturas, la sociedad de la información es un zoo en el que nos asomamos (o nos asoman) a las jaulas de los personajes para ver con quién follan, cuántas rayas se meten y de qué humor están cuando bajan de un avión. La única diferencia es que, en este zoo, los animalitos pueden sacar rentabilidad de sus monerías.

La verdad es que me la sopla que el NYT se dedique a publicar el trabajo de foteros y plumillas que se meten bajo las alfombras de la gente. Si me pilla en el día superficial, me puedo reír con la imagen y pensar un montón de juegos de palabras drogotas relacionados con aspiradoras. O recordar esa historieta de los Freak Brothers de Gilbert Shelton en la que se dan cuenta de que tienen vacía la despensa de drogas y se les ocurre pasar el aspirador por la casa y, luego, esnifarse el contenido. Si me pilla en el día radical, reniego de la profesión y tal. Y si me pilla en el día tonto, le dedico una pajilla mental como ésta.

También soy consciente de que, si a mi me la sopla lo que haga el NYT, al NYT se la sopla mucho más lo que diga yo aquí. Y sé, desde hace mucho tiempo, que los medios no existen para contar la verdad, ni siquiera para dar información. Los medios existen para vender periódicos, acumular visitas, pillar audiencia, captar publicidad y, en resumen, llenar los bolsillos de sus dueños. Eso sí, quizás esperaba más ingenio que el que demuestra la tal Elizabeth Spiridakis que firma la columna donde aparece la foto: «¿Qué hay en la colmena? ¿De dónde la saca? ¿Hay un agujero? ¿Es realmente calva?». En fin…

Lo que de verdad me jode es que el NYT y el resto de los medios se hayan apropiado de uno de mis chistes preferidos. Y, aún peor, que se lo hayan tomado en serio.

(La foto la firma Bauer-Griffin. Ése es el tipo, o los tipos, cuyo curro consiste en esperar a la puerta de casa de esta moza a ver si pasa el aspirador o lo tira porque está roto, que parece que es la auténtica noticia… Con perdón).

Buscando beneficios desesperadamente

Sobre Google y el Príncipe de Asturias, hoy escribe Enric González en El País:

Google es una empresa privada y tiene todo el derecho a pactar con las autoridades chinas. Sus dirigentes no sólo han puesto a disposición del usuario (fuera de China) una portentosa tecnología: además, han sabido explotarla comercialmente. Googleando un poco, encuentro que Google ganó el año pasado 4.203 millones de dólares. ¿No basta con ese premio? ¿Necesitan también un reconocimiento a su labor humanística?»

Y no puedo evitar citar otro párrafo de su columna:

Soy uno de esos rojos trasnochados que no acaban de entusiasmarse con la jornada laboral de 65 horas. Tampoco me parece que deban socializarse las pérdidas de los empresarios, si no se socializan sus beneficios. Estoy fuera de onda, claramente».

Ésta es la entrevista completa con Wu Ming 1 con motivo de la publicación en España de su novela New Thing, de la que ya he hablado aquí. Es, pues, el todo de una parte que escribí para El País del 2 de junio. El colectivo de escritores y activistas italianos Wu Ming ha publicado en español 54 y Q (bueno, ésta bajo el nombre de Luther Blisset). Dos novelas muy majas (ambas en Modadori). Como New Thing (de Acuarela Libros).

Los chicos de Wu Ming no tienen cara, ni dura ni de la otra

Normalmente, el activismo de Wu Ming no se refleja en la forma narrativa de sus libros, pero el tuyo tiene una estructura diferente, más “revolucionaria”. ¿Por qué?

La verdad es que todas nuestras novelas están escritas en una prosa altamente experimental. Las cinco novelas que hemos escrito los miembros individuales son todavía más extremas pero las colectivas, como Q, 54 o Manituana, son el resultado de muchas pequeñas intervenciones para secuestrar el lenguaje y usar todas y cada una de las palabras de una forma poco convencional. Desgraciadamente, mucho de este esfuerzo se pierde en la traducción. 54 estaba muy fraccionada y era muy polisémica, pero la primera traducción al español homogeneizó los estilos e hizo el libro más plano. Creo que esto ocurre cuando nuestros libros se confunden y se entienden como ficción. No lo son. Nuestros libros son parte de un complejo cuerpo de trabajo realizado por varios autores italianos durante los últimos 15 años, algo que hace tiempo propusimos calificar como “nueva épica italiana”. Es un tipo de literatura que quiere ser tan popular como experimental.

New Thing retrata un momento histórico, finales de los 60, en que la música y la cultura juvenil en general todavía resultaban peligrosas para el sistema. ¿Crees que ahora ocurre algo similar?

No, no hay nada como eso hoy en día. La producción de subjetividad rebelde sigue otros caminos completamente diferentes, la contracultura es distinta, Internet ha cambiado la naturaleza del juego. Eso sí, la forma en que la gente escucha y accede a la música puede ser un grano en el culo para las corporaciones, como hemos visto en estos años, ya sabes, las infracciones al copyright y eso.

¿Cómo puede un italiano controlar tanto de cultura negra? ¿No serás un italiano negro?

No, no lo soy. Pero el libro es también una alegoría de la represión de los movimientos sociales en los 70 en Italia. Lo que pasó a los Black Panthers también pasó a miles de militantes radicales italianos. Programas secretos como el Cointelpro del FBI eran el pan de cada día en Italia. Y, desgraciadamente, aún lo son. Lo mismo que en España. Europa no es tan diferente. En el libro, estoy describiendo América, pero estoy hablando de casa.

Quizás todos somos negros, como señalas de alguna manera en tus ensayos sobre la negritud del punk. ¿Es negra la cultura popular, nos guste o no?

La cultura popular de hoy no habría sido posible sin la esclavitud ni la diáspora africana. No hablo sólo de jazz, rock, reggae, ska, blues, samba, salsa y merengue. Hablo de toda la cultura popular: música, cine, literatura. El mundo sería extremamente diferente sin la contribución africana. Nuestra imaginación colectiva debe mucho a esos esclavos negros, lo cual es doloros de pensar. Estamos comerciando sobre un gran cementerio de esqueletos con cadenas atadas a sus tobillos.

La escena del free jazz que retratas en el New Thing es muy diferente del hip hop de hoy, con champán corriendo como si fuese agua. ¿Qué ha pasado?

Si no recuerdo mal, fue un tipo llamado Karl Marx el que dijo que, cuando la revolución se retrasa, toda la mierda empieza de nuevo. A veces, el hip hop comercial puede parecer agresivo y rebelde, pero en realidad es narcótico. Representa el triunfo de esos negros sumisos que Malcolm X llamaba negros domésticos (house negroes).

La entrevista completa se lee dándole aquí. Muy recomendable.

El mundo es una barra americana

Lo bueno de tener una hermana que lee casi tanto como respira es que te filtra los libros. Los mastica y los digiere y te da sólo los que te pueden sentar bien. Gracias a Paloma, me leí ayer en tres estornudos (tiene 190 páginas) «El fundamentalista reticente» (Tusquets). Lo escribe Mohsin Hamed, un paquistaní que estudió en Princeton y trabajó en Nueva York pero que volvió a Lahore y ahora vive en Londres. Y lo escribe en forma de monólogo de un paquistaní, Changez, con un misterioso interlocutor gringo sin voz. Una elección narrativa arriesgada que consigue salir a flote por lo que cuenta. Aquí se habla de la identidad, del complejo de ser el otro, de fidelidades a amores imposibles que se contagian, de jenízaros y de ex jenízaros. Los jenízaros eran jóvenes cristianos apresados de niños por los otomanos y entrenados para destruir su propia civilización. Changez es jenízaro hasta que decide convertirse en ex. Y como ex jenízaro, dice lo siguiente:

Me sorprendió lo tradicional que parecía su imperio desde esa perspectiva. Guardias armados vigilaban el punto de control por el que yo debía entrar; siendo, como era, de una raza sospechosa, me llevaron aparte y me sometieron a una inspección adicional; no bien me dejaron pasar, alquilé a un auriga que pertenecía a una clase de siervos que no cumplía los requisitos para estar legalmente en el país y se veía por tanto obligada a trabajar por menos dinero; yo mismo era una especie de sirviente ligado por contrato cuyo derecho de estancia dependía de la constante benevolencia de mi patrón».

Por lo mismo que es interesante ver las noticias por Al Jazeera, es recomendable leer este libro. Porque está bien ver las cosas desde otros puntos de vista. Porque ya van quedando pocos.

Aficionadas del tendido 5 pidiendo el rabo

Por si alguien ha pasado secuestrado las últimas 24 horas: ayer volvieron a torear los Beatles en Las Ventas después de muchos años.

Y, la verdad, torearon muy bien.

John Lennon en una de sus mejores canciones

(La foto de John Lennon es de Juan Pelegrín, claro)

Más cornadas da el Photoshop

«La gente que se opone al toreo come carne y acepta la esclavitud industrializada de billones de animales bajo las más espantosas condiciones».

No lo digo yo. Lo escribe Michael Kimmelman, crítico de arte y columnista del New York Times, en un interesante reportaje sobre los toros en España: Bullfighting Is Dead! Long Live the Bullfight!

No sé si Alaska es vegetariana estricta, no usa maquillajes ni bebe líquidos con grasas animales, ni viste cuero ni nada de nada. En cualquier caso, está en su pleno derecho de estar contra las corridas de toros y de declararlo públicamente en esta campaña de PETA. Yo sólo he perdido diez minutos de mi vida en poner juntas dos noticias del día.