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El amor puede engañar. El sexo, nunca».

La frase campea por varias estaciones de metro de Madrí. Pretende hacer publicidad de la última novela de Antonio Gala, de cuyo nombre no me da la gana de acordarme. El caso es que no sé si la habrá escrito el propio escribidor. O igual la ha editado algún hacha de la editorial. O incluso puede que sea copyrighteable a un ilustre copy de una agencia. Tampoco tengo muy claro si la entiendo o si hay algo que entender. Lo que no me extraña es que haya tanta gente que admire a Antonio Gala. ¿Por qué? Porque hay mucha gente.

Los compañeros de Retroriff informan: hay un tipo que se está dedicando a probar el software de Microsoft del que hablábamos aquí hace tres días, Songsmith. El tío importa clásicos al programa en cuestión y el resultado es… El resultado es… El resultado es, por ejemplo, esto:

Weezer + Songsmith, Buddy Holly.

Más, en el canal de YouTube de azz100c.

20 de enero de 2009

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Sigo haciendo sitio para mis padres en este sitio. Sigue siendo un honor. Ahora reproduzco un email que me manda, nos manda, mi querida madre sobre lo de Obama de ayer. Leyéndolo, se ve la importancia histórica del momento, la emoción que ha generado en todo el Mundo y la ilusión por el cambio que se contagia. Y también se aprecia que yo soy la excepción chorra a la norma inteligente y sensible que es mi familia.

Si Barack Hussein Obama hubiese sido blanco, rubio y con ojos azules y yo hubiese podido votar en USA, lo habría hecho por él. Sin ninguna duda. Me gusta lo que dice, como lo dice, su actitud, su aptitud… Pero es mulato, casi keniata y yo, que no soy norteamericana ni negra, recuerdo muy bien las imágenes en la prensa de niños negros apedreados a la entrada de las escuelas cuando se promulgó la ley por la que podían estudiar junto con los blancos. Y también recuerdo muy bien las imágenes de las marchas pidiendo los derechos civiles para los negros… Y las de las cruces ardientes… Tan sólo hace 40, 30 años. Obama ha podido ser presidente porque podía votar y ser votado porque se consiguieron esos derechos civiles.  Ha podido ser presidente porque ha podido estudiar -la igualdad de oportunidades-… Y por muchas más cosas, ya lo sé.

Porque me gusta lo que dice, como lo dice… Porque es un símbolo de que el color, la religión y el origen no deben hacer menos o más a las gentes… Porque en conjunto transmite una idea de esperanza… Hoy, 20 de Enero del 2009, me he emocionado y Julián y yo hemos brindado.

¡Ah! Y no creo que vaya a arreglar el conflicto israelo-palestino, ni la crisis económica, ni el calentamiento global… Me conformo con que tenga la sana intención de hacerlo, que algo conseguirá».

Uno entre Miles

Todo quisque habla del 50 aniversario de la publicación del Kind of Blue de Miles Davis y yo, que siempre he sido muy original, me uno al clamor. Escuché por primera vez a Miles en casa, que mi padre es aficionado al jazz y tiene unos cuantos vinilos de los gordos, y creo que fue Sketches of Spain (también del 59) y no Kind of Blue, que vino luego. De ahí pasé a Dizzy, a Trane y a algunos más. No es que sea una enciclopedia de jazz ambulante, pero me gusta. ¿Y qué?

Miles Davis Quintet, So What (de abril del 59 pero sin Bill Evans, que se había ido dejando al piano a Wynton Kelly).

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Cuba. Sí, similar y diferente».

Visto hoy en un par de carteles publicitarios de Sol y Son, touroperador oficial de allá, que colgaban de las paredes del Consulado Cubano en Madrid. A pesar de haber estado tres horas y pico esperando para una gestión, no he conseguido averiguar el significado profundo de la frase. Ni el superficial.

Queens Of The Stone Age + Los Teleñecos =

Visto en AudioPorn y dedicado a Chinasky, que supongo que le gustará.

Mi carta a Obama

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Querido Obama:

he sido bueno toda esta legislatura y prometo ser bueno la que te viene encima y la otra, si es que sales reelegido o no te matan cuando te bajes de tu coche blindado contra meteoritos. Te habría votado, pero los meses que pasé viviendo en tu país no fueron suficientes para que me diesen la ciudadanía. No te voté, pues, pero te apoyé y me alegré mucho cuando saliste elegido. En cualquier caso, como es tu coronación como rey mago del Mundo Libre, perdón, tu juramento como presidente de los Estados Unidos, no quiero dejar pasar la oportunidad para hacerte llegar mis peticiones, que sé que eres magnánimo y generoso y muchas otras cosas más.

Allá van:

· La paz en el mundo, el cambio del cambio climático y la justicia social, aunque como esto te lo han pedido todos los demás, no me lo apuntes a mi lista, ¿vale?

· Salud y amor para mi familia. Yo me conformo con salud y mujeres.

· Que RBA se decida de una vez a publicar mi novela.

· Que la gente vuelva a comprar periódicos y revistas y que los periódicos y revistas vuelvan a ser medios interesantes para leer y trabajar en ellos. Por cierto, no me vendría mal que me trajeras redactores jefe que contestaran mis emails y que aceptasen los temas (chulísimos, por otra parte) que les propongo. Todo esto sin que descuides Internet, que sé que te ha hecho mucho bien y que es muy entretenido a la par que informativo.

· Una casa chula y barata. Con la que tengo me vale, pero dile a mi casera que me baje el alquiler a la mitad, anda.

· Un Ayuntamiento de Madrid que se preocupe por fomentar, o al menos por no frenar, la cultura de verdad, la de la gente normal, no sólo la de la ópera y las exposiciones de postín.

· Unos bares y garitos que den buenos conciertos a precio razonable sin adulterar la bebida, ofreciendo sonido estupendo y tratando a sus clientes con respeto y delicadeza. Y llenos de tías estupendas, claro.

· Que Neil Young toque todos los años en Madrid hasta que se muera. Y que se muera tarde.

· La legalización de todas las drogas. No porque yo sea usuario, ojo… Pero por si acaso me da por ahí.

· Una Liga para el Athletic de Bilbao. Y, si ves que tal, una Champions League ganada en la final al Madrí.

· Un Mundial de fútbol para España. Hombre, a los gringos os la sopla el soccer y a nosotros nos hace ilusión. Si eso, te lo cambio por las Olimpiadas para Chicago, que en Madrid no estamos para más obras.

· Un entrenador para Estudiantes (no un señor de traje que vaya a los partidos, que eso ya lo tenemos).

· Toros bravos para todas las ferias y corridas. Matadores que se crucen, paren, templen y manden. Un poquito de suerte y técnica con la espada para El Cid (para que veas que soy generoso y no pido sólo para mí). Ah, y un abono de delantera de grada (no me importa que sea de sol) para San isidro.

· Una rodilla derecha en condiciones, a ver si puedo volver a jugar al fútbol, aunque sea de lateral.

· Un mar limpio y lleno de peces y permiso para mis amigos buceadores y casados para que lo disfruten conmigo.

· Trabajo para el que quiera trabajar y huevos para los que quieran dejar el trabajo y largarse por ahí.

· Que todos los que te han votado y apoyado se den cuenta de que son ellos los que han hecho posible el cambio, que no depositen todas sus esperanzas en ti y que se mantengan activos para seguir generando cambios para que esto mejore. Si me traes esto, casi que me conformo. No sé, igual puedes sumar el abono o algo así no muy caro.

Bueno, ya te dejo que estarás muy ocupado con tu discurso y aguantando a Bono y a los demás. Espero que seas muy feliz en la Casa Blanca y que Bush no te haya hecho ninguna pirula dejando sin pagar el gas o cambiando los retratos de Lincoln por posters de Rambo. Dale saludos a Michelle de mi parte y felicitalá, que sé que ha sido su cumple.

B.S.O. Stevie Wonder, We Can Work It Out.

Para Paquirrín, para la Obregón, para Ja y Pe, para la duquesa, para Paris, para Britney, para Bisbal, para Busta, para Letizia, para Piqué, para Ortega, para el Duque, para el novio de Falete…

Es el nuevo viral de Nike, protagonizado por una famosa gringa, Taylor Momsen, pillada por la típica horda de paparazzis a la salida del gimnasio. La muchacha se libra gracias a sus zapas y a unos movimientos de parkour de lo más espectáculares (vía Brandlife).

O debería. Porque los hachas de Microsoft han sacado un programa que compone en un ratín musiquilla para la letra que entones a tu ordenador. Se llama Songsmith y es un invento de cuya existencia sospechaban desde hace años los oyentes de radiofórmula y que no le vendría nada mal a Melendi. Los interesados, que hagan click aquí.

Vía AudioPorn, otra vez.

Desde la esquina

Aprovecho que Iván Pozo acaba de ganar el título europeo (con polémica decisión de los jueces) de los pesos mosca para colocar otro de mis reportajes para la Zona Prohibida de la revista GQ. Éste apareció en el número 135. Iván Pozo peleaba por el título mundial contra el argentino Omar Narváez y yo viví el combate en su vestuario, en su esquina. Ya escribí algo sobre el tema aquí, pero éste es el texto original. Gracias a Sousa y a Paco Amoedo por permitírmelo.
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Queda una hora para que empiece el combate por el Campeonato del Mundo del peso mosca de la Organización Mundial de Boxeo (OMB) y en los vestuarios del pabellón As Travesas de Vigo tiene lugar un rito curioso. Paco Amoedo debe vendar las manos de su pupilo, el aspirante Iván Pozo. Normalmente lo harían a solas. Pero ésta es una pelea por el título mundial. Por eso viene alguien desde el vestuario de Omar Narváez, el campeón argentino. Por eso, uno del grupo de Iván se va hacia el otro camerino. Se trata de asegurarse de que haya una pelea limpia.

Iván está sentado mientras Amoedo cubre de gasa sus sus nudillos. Daniel Narváez, hermano de Omar y asistente de Marcelo, también hermano y entrenador del campeón nacido en Chubut, observa el proceso. «Tienes un aire al Kun», le dice Iván a Daniel sin conocerlo de nada. Los dos inician una conversación sobre fútbol la mar de distendida. Hablan de Agüero, de Messi y de Riquelme como si fuesen dos chavales en un parque y no dos hombres que, cada uno a su modo y en su esquina, van a partirse la cara en el ring. «Buena pelea», le desea Daniel a Iván cuando el vendaje está hecho y aprobado. Y se despiden con un abrazo.

Lo curioso no ha sido sólo el rito. Lo curioso ha sido comprobar que la visita del enemigo ha supuesto el momento más relajado del aspirante en toda la noche. Iván ha llegado al pabellón a las ocho y media desde su casa. Lo ha hecho camuflado bajo una gorra blanca con su nombre y un chándal verde. Ha entrado en un vestuario que ya hervía con boxeadores calentando, preparadores con las muñecas embadurnadas de vaselina y gente que pasaba por allí. El Club Polideportivo Saudade sube hoy al ring a cuatro púgiles además de Iván. Todos comparten la misma sala. Y el mismo preparador. Francisco Amoedo está cerca de los 65 y es una institución en Vigo. Aquí los taxistas saben tanto de guardias y ganchos como de remates al larguero. En los bares se comentan las posibilidades de Iván entre las penas del Celta. La ciudad vibra con el boxeo, un deporte injustamente proscrito por la modernidad, y muestra un respeto sincero por Franciso Amoedo, el Angelo Dundee gallego.

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En el vestuario del Pabellón As Travesas no están calentando ni Muhammad Ali ni Sugar Ray Leonard. Son César Martínez y Jesús García Simón pero Amoedo los trata como uno se imagina que Dundee se ocupaba de sus campeones. César tiene 18 años, es peso pluma y gemelo de Alejandro, finalista de Fama, el reality bailarín de Cuatro. Suso tiene un año más y es peso ligero. Los dos abren la velada con dos combates programados a seis asaltos. Están tranquilos. Hablan conmigo de cualquier cosa mientras en una esquina Iván bebe agua a pequeños sorbos y guarda silencio. Se ha puesto a calentar nada más llegar pero Amoedo le ha dicho que no se mueva tan pronto. Hay buen ambiente. Se oyen bromas. Entran colegas a saludar. Saltan flashes desde las cámaras. A veces parece más el camerino de un grupo de rock que el lugar de concentración de un aspirante a un título mundial. Amoedo pone orden hasta que se tiene que ir con César para el primer combate.

El rugido del público se suma a la algarabía del vestuario. El pabellón aún no está lleno pero la gente alienta cada golpe de César. «Debe estar ganando», me dice Suso. «Pelear en casa es la hostia». Iván calla. Hace tiempo que ha desconectado. No importa que aparezcan dos compañeros, David Blanco y Pedro Fernández, que también combaten hoy. Da igual que estemos el fotógrafo y yo rondando a su alrededor. Tampoco le afecta la llegada de nuevos visitantes. Iván contesta con monosílabos y no atiende a nada que no sea nada. Concentración. Eso es todo.

Hoy es el fin de tres meses de preparación. Sesenta minutos de carera por las mañanas y tres horas de gimnasio por la tardes. Se ha alargado un mes más de lo previsto porque Omar Narváez tenía dañada la zurda, su mano buena. Los últimos tres días antes de la velada, los boxeadores casi no comen ni beben y hacen todo su entrenamiento envueltos en forros polares. Se trata de sudar hasta la última gota para perder hasta el último gramo y llegar al pesaje dentro del límite. La ceremonia fue ayer. Los dos dieron 50,5 kilos. Se decía que al argentino le había costado más dar el peso. También se decía que no estaba recuperado de su lesión. Que estaba bajo de forma. Iván nunca dijo nada de eso. Habló con nosotros tras el pesaje, tomándose un batido de proteínas e hidratos mientras el médico le hacía un reconocimiento. «No conocía a Omar y me ha parecido muy majete. Mejor. Prefiero pelear con un tío así que no con un cabrón con el que te obcecas».

Iván es un deportista de 28 años. Simpático, educado, discreto. Normal. «Vivo de esto. No gano como los futbolistas pero vivo bien». La bolsa de hoy es 30.000 para él y 75.000 para el campeón. Hablando de futbolistas, entra el rubio en el vestuario. El rubio es Míchel Salgado que, junto a Lorenzo Sanz, es mecenas de Iván. Le desea suerte y se marcha a su asiento a pie de ring. Vuelven César y Suso. Han ganado pero nadie lo celebra mucho. Amoedo les exige más que la victoria y ellos lo saben. Los nervios se están contagiando a todos los que estamos allí. Entra el árbitro del combate junto con un juez de la OMB para explicar las normas y darle los guantes a Iván. El aspirante se los calza y ya no para de moverse. Golpea las paredes. Salta a la comba. Hace guantes con Ermel Morales. Ermel es profesor de teatro y boxeador aficionado. Ayuda a Amoedo, se encarga del hielo, la vaselina y el agua. Pero, sobre todo, se ocupa de motivar a los púgiles, de tranquilizarlos, de tocarlos. «Veo lo que necesitan, les miro a los ojos y les doy unas palabras de apoyo». Es el cariño necesario en un deporte de tipos duros.

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Llega el momento. Iván, Amoedo, Ermel y los demás salimos al pasillo a esperar que el speaker anuncie al aspirante. Hay gritos de ánimo, humo y mucha oscuridad. Es ese momento tan emocionante de las películas pero vivido a la vera del protagonista y junto a una treintena de gaiteiros que nos anteceden. Por fin, los dos boxeadores están en el ring. Se oyen los himnos. Suena la campana. Empieza el combate.

En la pausa entre el séptimo y el octavo asalto, vuela una toalla desde la esquina del aspirante. Omar  Narváez ha vencido por KO técnico en su decimotercera defensa del título y está a una de igualar el récord del mítico Carlos Monzón. Ha dado una lección de boxeo. Ha esquivado todos los golpes de Iván y le ha llegado con series rápidas y largas. Amoedo no ha querido que su pupilo sufriera un daño innecesario, le ha protegido sabiendo que pronto le espera un combate por el Campeonato de Europa. Los argentinos celebran la victoria sobre el ring mientras la decepción se extiende por las gradas llenas de cinco mil aficionados. Ermel no puede contener las lágrimas. Iván mira al suelo. De repente, se le acerca Daniel. El chico que se parece al Kun levanta la mano de Iván Pozo y le da una vuelta por el ring. Estalla una ovación. Así es el boxeo.