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Archive for the ‘Disidencia’ Category

Más cornadas da el Photoshop

«La gente que se opone al toreo come carne y acepta la esclavitud industrializada de billones de animales bajo las más espantosas condiciones».

No lo digo yo. Lo escribe Michael Kimmelman, crítico de arte y columnista del New York Times, en un interesante reportaje sobre los toros en España: Bullfighting Is Dead! Long Live the Bullfight!

No sé si Alaska es vegetariana estricta, no usa maquillajes ni bebe líquidos con grasas animales, ni viste cuero ni nada de nada. En cualquier caso, está en su pleno derecho de estar contra las corridas de toros y de declararlo públicamente en esta campaña de PETA. Yo sólo he perdido diez minutos de mi vida en poner juntas dos noticias del día.

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Tras la que ha liado Santi Santamaría se me ocurren varias cosas:

· No sé si es consciente, pero este cocinero que ha salido en los medios para criticar a todos esos cocineros que salen en los medios ha expresado el sentimiento de la gente que, en general, está bastante harta de cocineros. Será porque no paran de salir en los medios.

· Lo malo no son los Adriá, Arzak y Aduriz. Lo peor son los cientos de imitadores baratos (pero muy caros) que han surgido por todas partes. Siempre pasa lo mismo. En música, por ejemplo. Lo malo no fueron los Smiths. Lo peor fue toda la ristra de grupos repipis, redichos y rimbombantes que nacieron inspirados por las cositas de Morrissey.

· A pesar de llevar relojes más caros que la mayoría, los cocineros han demostrado ser como todos los demás profesionales. Corporativos del copón. Han cerrado filas por eso de defender la-cocina-española. Me juego mi wok a que en el próximo Madrid Fusión a Santamaría le van a hacer el vacío y no le van a dejar probar sus nuevas esferificaciones.

· Digo yo que lo que los cocineros entienden por la-cocina-española es todo el chiringuito que se han montado: venta de libros, anuncios de hornos, cursos, conferencias, caterings y partidos de pinches contra chefs. Ojo, están en su derecho de sacar rentabilidad a la tendencia que han creado. Pero supongo que por mucho que hable Santamaría no está en peligro, como ellos dicen, la cocina española de verdad. No creo que desaparezcan las lentejas, el salmorejo, la merluza a la vasca y el pa amb tomàquet.

· Al final, todo es promoción. Santamaría habla porque quiere salir en la foto. Los otros, que no se cansan de posar para las fotos, responden no vaya a velárseles el negativo. Los que tendrían que reflexionar son los que hacen la foto. Los medios dan demasiada cobertura a las palabras de Santamaría lo mismo que dan demasiada cobertura a los experimentos de nitrógeno de los otros. Lo explicó ayer Enric González muy bien (qué coño muy bien, mucho mejor que yo).

· La pena es que hay tema. Los cocineros se han convertido -porque ellos han querido, ojo- en generadores de corrientes gastronómicas. Por eso, tienen una responsabilidad. Está bien que haya laboratorios como El Bulli, lugares donde comer sea como montar en un Fórmula 1, pero eso no tiene que ser la norma. No es sostenible. Los cocineros estrella deberían ser los primeros en recomendar una cocina hecha con productos de la tierra. No por una cuestión de patriotismo, sino por pura supervivencia. Porque el consumo excesivo nos está dejando sin materias primas. Porque si se sigue sirviendo tataki de atún rojo como si se pudiese sembrar, pronto nos tendremos que conformar con ensalada de medusa. Porque beber en Madrid un agua mineral embotellada en nosequé afluente de un río escandinavo es tan chorra como obsceno. Porque al final las tascas y las casas de comidas van a ser especies en peligro de extinción ante el acoso de los cuatro jinetes de la gastroenteritis: el diseño, lo neoasiático, la caramelización y el lounge.

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Bela Sandor y Suso Garc�a Simón

El boxeo es una de las cosas proscritas por la modernidad. Como los toros. Los correctos no quieren ver golpes y sangre. Como si ambas cosas no formasen parte de la vida. Los que tienen la razón por el mango no pueden ver la nobleza y la pureza de este deporte. Como si los gimnasios fuesen canteras de delincuentes y no lo que son: generadores de sudor y oportunidades, a veces únicas, de salir del arroyo de odio y tedio que encharca los barrios de todo el mundo. Yo estuve el jueves y el viernes en Vigo por eso del Campeonato del Mundo del peso mosca entre Iván Pozo y Omar Narváez. Fui a hacer un reportaje y porque me gusta este deporte. Y vi golpes y sangre. Pero, sobre todo, vi nobleza y pureza.

Omar Narváez escucha los himnos

Estuve encerrado en el vestuario del aspirante gallego esperando el momento de su combate. Estuve en capilla con Iván y con su entrenador, Francisco Amoedo. Y con los otros boxeadores del gimnasio Saudade de Vigo que peleaban en la velada. Con César Martínez, con Suso García Simón, con David Blanco, con Pedro Fernández. Todos eran tíos normales, más o menos simpáticos, más o menos habladores, más o menos listos. Deportistas que sólo se diferencian de ésos que dan patadas a un balón en que tienen la nariz un poco más rota y los ingresos mucho más escasos.

Iván Pozo se levanta de su esquina

Iván perdió. En frente tuvo a un boxeador superior. Omar Nárvaez sacó de la distancia al de Vigo. Le esquivó todos los golpes con una cintura eléctrica. Le dejó vaciarse de fuerza y de moral para aplicarle luego una series largas y rápidas que le llegaban por todo el cuerpo. Omar Narváez es, desde el viernes, trece veces Campeón del Mundo de la WBO con todo merecimiento. Los es desde antes del octavo asalto porque Paco Amoedo tiró la toalla. No tenía sentido que su pupilo siguiese recibiendo para nada. Iván aceptó la derrota con serenidad y analizó lo sucedido ante los periodistas con mucha cabeza.

Todo esto no se deja ver porque algunos han decidido ponerle un velo. Un burka. Resulta que hay unos cuantos que deciden lo que está bien y lo que está mal sin conocer nada ni de lejos. Son ignorantes y eso que muchos son periodistas. Yo también soy periodista, aunque a veces me duele el calificativo. En fin.

El boxeo es una de las cosas proscritas por la modernidad. Como los toros. Que le den por culo a la modernidad.

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