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Posts Tagged ‘Trabajo’

Lo fuerte no es que hayamos convertido las cosas que se dicen en redes sociales en noticia. Lo flipante no es que 140 caracteres provoquen dimisiones, despidos y reportajes de teles y periódicos. Lo heavy no es que los medios sociales sean como un bar lleno de opinadores en el que uno mete la pata desde Almería y el resto se escandaliza desde cualquier parte del mundo. Lo fuerte no es que se haya convertido la cosa en una especie de tribunal de porteros de lo socialmente correcto en el que si se responde malamente a un chiste de bilbaíno se le tira el personal a la yugular. Lo bizarro no es que Twitter se parezca a un gran hermano (el programa) global en el que los habitantes de la cosa piensan que son más estupendos que los de la casa porque protestaron por el cierre de CNN+. Lo extraño no es que gente que ni se ve ni se conoce se de los buenos días. Lo absurdo no es lo que es capaz de hacer alguno por un par de seguiodres más. Lo triste no es que lo que unos intentan usar para informarse, informar o cambiar las cosas otros lo usen para lo de siempre. No. Lo verdaderamente acojonante es que haya toda esa gente con todo ese tiempo para poder hacer todo esto. No ya por el trabajo y la productividad perdidos, que hay mucho parado y mucha gente capaz de hacer varias cosas a la vez, pero, ¿no ponen nada más interesante en la tele?

Suena Colour Television, de Eddy Current Supression Ring.

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Como un Cámera Café con menos chiste y más duro (por realista). Entonces llegamos al final es la primera novela de un tal Joshua Ferris. Una agencia de publicidad en Chicago en el tiempo en que el boom de Internet hizo crash. Un catálogo de miserias comunes a todos los curritos. Un retrato redondo pero puntiagudo del comportamiento del grupo, que se mueve como esas bolsas de plástico mecidas por las débiles olas de la orilla: sin voluntad, sin orgullo, sin ir a ningún lado. Mola cómo lo narra en una primera persona del plural que nos incluye a todos. Mola cómo aprovecha para colar pequeñas historias de cada personaje que te alivian de la gran historia grupal. Mola que, aunque ocurre igual en todas partes, pase en una agencia porque así lees el patetismo añadido de los que tienen que ser creativos cuando saben que no son muy capaces. En el fondo, o no tanto, éste es otro de los que se caga en la rueda. Cito:

Detestábamos no saber algo. Detestábamos no saber quién sería en próximo en ser despedido. ¿Cómo pagaríamos las facturas? ¿Y dónde encontraríamos un nuevo trabajo? Conocíamos el poder de las compañías de tarjetas de crédito, las agencias de recaudación y las consecuencias de la bancarrota. Estas instituciones carecían de atractivo. Introducían tu nombre en un sistema y, a partir de entonces, ciertas partes del sueño americano quedaban excluidas para ti. Una piscina en la parte trasera del jardín. Un largo fin de semana en Las Vegas. El BMW de la gama más baja. Tal vez éstos no eran unos ideales jeffersonianos, en conformidad con la vida y la libertad, pero en aquella época avanzada, con el Oeste conquistado y la guerra fría finalizada, parecían figurar entre nuestros derechos inalienables. Esto sucedía antes de la caída del dólar, antes del tormentoso debate sobre la externalización de servicios y el espectro de una masa de jóvenes chinos e indios que superaban nuestras ventajas en banda ancha”.

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