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Posts Tagged ‘Música’

El mejor directo desde Za!

Vilos el sábado pasado y puedo decir dos cosas. La primera: conozco al CEO de Za! La segunda: esa que he dicho antes de la primera.

Za!, Casamance #1.

Za!, Casamance #2.

Za!, Nanavividedeñaña (un villancico, según me dijo el CEO)

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Esto es el retrato por sexo y edad de las músicas que gustan a los usuarios de Last.fm. Arriba están los artistas para los más machotes y abajo los más femeninos. Hacia la derecha va la cosa de las edades (para ver la imagen en todo su esplendor, haz click).

Analizando el cuadro en plan consultor de barra de bar, se ve que Radiohead, Prince, Beatles, ABBA, Diana Krall y otros son más o menos para todos los sexos, Camilo Sesto inclusive. Muse tiende, amigo Luis, a ser para nenas. Lady Gaga es para chicas pero menos que Anni DiFranco, claro, y que Lykke Li. Neil Young es, como el brandy Soberano y como Metallica, cosa de hombres. Pero no tanto como Slayer y Iron Maiden. Pero lo más para señores es esa especie que, preparados para una opinión personal, debería extinguirse: la de los virtuosos masturbadores de las seis cuerdas. Eric Sardinas, Steve Vai y el muy plasta de Chick Corea* son cosa de tíos tirando a talluditos, esos que van a los conciertos a tocar la guitarra imaginaria y con pinta de tener menos vida social que un secuestrado de las FARC.

Sintomático es también que, a medida que nos hacemos mayores, compartimos menos gustos con nuestros congéneres del otro género. Quizá por eso están en crisis el matrimonio y la familia tradicional.

Suena Slayer, Raining Blood. Machote que es uno.

*Mis cerebro estaba pensando en Pat Metheny, pido disculpas por la cagada a la familia Corea, tanto la del Norte como la del Sur.

Vía Good.

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Lo singular del caso es que se le ha dado la llave de la caja a la principal directiva de este sector que lleva más de 20 años intentando crear industria con un incondicional apoyo institucional, sin ningún éxito, y que el año pasado percibió más por subvenciones que por taquilla. Tal cual si al gestor de una de las constructoras quebradas se le nombrara ministro de Fomento, o al ex presidente de Caja Castilla-La Mancha se le hiciera ministro de Economía. Pocoyó, la verdad, ha hecho bastantes más méritos que González-Sinde, pero lamentablemente el presidente Zapatero aún no ha establecido una cuota para ministros de dibujos animados: quizá sería bueno que hicieran un lobby, visto el éxito obtenido por el que forma el cine”.

No lo digo yo, ojo. Lo dice Julián Díez en La Nueva Cultura, su blog para Cinco Días. Un éxito: tres entradas y ya circula por la Red como la buena yerba en octubre. Yo lo he encontrado vía el Twitter de Mario Tascón. El tío hace un análisis a veces certero y a veces exagerado de lo que le pasa al cine (español) con Internet que merece la pena ser leído (pinchando aquí, por ejemplo). También lo mezcla con la música… Por cierto, ayer lunes, la columna de Diego Manrique hablaba del eclipse musical en los medios españoles. La cosa no es de ahora, lleva décadas así, pero comparaba con el cine y:

Ahora intentemos un ejercicio mental. Imaginemos qué ocurriría si el cine se quedara sin acceso a las pantallas, si sólo se cubriera en los medios a los tres o cuatro directores estelares. Sólo saldrían adelante producciones de pequeño presupuesto, condenadas a la oscuridad por la ausencia de canales (es decir, películas para La Dos y similares). La irrelevancia industrial acabaría con el cine español, convertido en ocurrencia guerrillera.

No teman: antes de llegar a esa situación, la tropa del cine tomaría las calles y haría temblar los despachos gubernamentales. Se arbitraría una solución, con cuotas y ayudas. Cierto que el hecho cinematográfico no se corresponde al musical, que puede respirar en el directo. Pero me asombra que hayamos llegado a esta situación: la historia de la era Zapatero estará ilustrada musicalmente por… ¿Papito?

Pues eso, que Pocoyó for President.

Y ahora van unos minutos musicales a cargo de DJ Elli dedicados a mi sobrina Sol que no me estará leyendo porque no sabe pero que se partirá de risa con los bailoteos de Pato y Pocoyó.

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Volando van

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En los tiempos que corren, para ser un enrollado audiovisual hay que proclamar que las series americanas son lo más, decir que el cine ya no interesa nada y recomendar un par de títulos de folletines gringos que nadie conozca. Incluso David Fincher, que es enrollado a pesar de hacer cine, jura que los personajes se desarrollan ahora mejor en las series que en las pelis, que lo he leído yo en El Cultural de Anson. Este blog no ha sido nada enrollado. No se ha escrito aquí ni pío sobre The Wire, ni sobre los Soprano, ni sobre Lost. Ni siquiera sobre Muchachada Nui, que también puntúa. Este blog no sido nada enrollado… hasta hoy. Porque voy a recomendar una serie bastante graciosa que he descubierto hace poco y cuya primera temporada acabé de deglutir el domingo. Se llama Flight of the Conchords y va de… Qué coño, lo cuenta mejor Dani, que tiene un blog muy majo.

Si yo no soy enrollado, a quién quiero engañar…

B.S.O. Flight of the Conchords, Hiphoppotamus vs Rhymenoceros.

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Diez millones de canciones de los trece millones disponibles a la venta en Internet no encontraron nunca un mísero comprador. Sólo 173.000 álbumes del 1.230.000 a disposición de los clientes fueron adquiridos. El 80% de todos los beneficios llega de sólo 52.000 canciones. Son datos de este 2008 servidos el otro día por The Guardian y que he encontrado gracias a un comentario en Jenesaispop. El estudio ha sido realizado por dos curritos de la MCPS-PRS Alliance (algo así como la unión de la SGAE y la AIE pero en Gran Bretaña) y, según The Guardian, viene a demostrar dos cosas: la ley de un tal Sturgeon, “el 90% de todo es una mierda”, y que la teoría de La Larga Cola -que dice que la suma de las pequeñas ventas de muchos productos puede superar las ventas de unos pocos grandes éxitos- falla más que una escopeta de feria.

Para mí, en cambio, estos datos demuestran otras cosas:

a) Que hay demasiadas canciones. Que se hace mucha música. Que sobra stock.

b) Que menos mal que nos hemos pasado al digital porque, si no, el mundo estaría lleno de la basura dejada por los discos y canciones huérfanas y sus correspondientes cintas de grabación.

c) Que es posible que los estudios patrocinados por la MCPS-PRS Alliance tengan un sesgo para justificar su reparto del dinero de los derechos de autor (no como aquí, que la SGAE lo hace muy bien… Fin del paréntesis sarcástico).

d) Que, en cualquier caso, los hábitos de consumo de música se han transformado de forma irreversible por mucho que las discográficas y muchos cantantes y compositores se empeñen en defender un modelo de negocio que ya era trasnochado cuando lo practicaba Sam Phillips allá por los 50.

e) Que se desconoce si los gobiernos del mundo están pensando en apoyar económicamente a los autores de esos diez millones de tonadas sin vender como están empezando a hacer con los fabricantes de los coches que no han salido del concesionario.

B.S.O. Tote King y David Bravo, Interludio.

La foto, muy buena, es de Tomás Castelaza y está publicada con licencia Copyleft en la Wikimedia.

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Hace 15 años, el panorama de los festivales en España era un desierto en el que sólo asomaba un espárrago. El Espárrago Rock de Granada. En seguida, florecieron el Festimad de Madrid, el Festival Internacional de Benicàssim (FIB), el Sónar de Barcelona, el desaparecido Doctor Music y algunos otros. Llegaron a coincidir unos seis eventos de nivel por temporada. Aquello, entonces, resultaba una barbaridad de oferta. Hoy, eso suena a broma. Este año hay más de 20 festivales programados. Todos con un cartel atractivo, la mayoría con presencia internacional, bastantes con grandes estrellas del rock o del género que toque. De hecho, tanta es la oferta que los hay que coinciden en fechas y/o en figuras.

Con la entrada en un puñoEs verdad que el negocio ha cambiado y que, ahora que todo es gratis por la red y no se compran discos, el público llena los conciertos y eso da de comer a los grupos y a la industria. Pero, incluso con eso, tanta oferta parece demasiada. Y tanta coincidencia no parece casual. Se habla de guerra de festivales. La cosa semeja también a una burbuja a punto de pincharse, como esa inmobiliaria que nos está estallando en las narices.

Nosotros hemos querido que expliquen la situación los protagonistas. Hemos hablado con representantes de Rock in Río, FIB, Festimad, Primavera Sound y Last Tour Internartional (promotora de Getafe Electric Festival, Bilbao BBK Live y otros, que ha respondido por escrito). Sólo Sinnamon, empresa que promueve hasta seis eventos, entre ellos el Summercase, y una de las principales responsables de dinamizar (o dinamitar, según a quién se pregunte) el mercado, ha rechazado contestar. También hay opiniones de otros implicados, como patrocinadores y ayuntamientos. A ver si así nos enteramos de qué pasa en el mercado del festival ibérico.

Así empieza el reportaje sobre el lío de los festivales aparecido, en versión reducida, en el número 133 de GQ. Ahora viene al pelo porque este fin de semana empieza la guerra. El texto completo se puede leer aquí.

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