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Posts Tagged ‘Logroño’

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Logroño es una de esas ciudades de las que se vuelve con jet lag. Se duerme poco, se come mucho y se bebe demasiado bien. Y más cuando empieza el año, cuando el Actual, cuando toca mi tradicional visita navideña. Medianamente recuperado del cambio horario y esas cosas que tienen los viajes transriojanos, he de decir que he asistido a un acontecimiento que será legendario para la historia de la música de la nación. El domingo 4, en una coqueta sala del añejo Círculo Logroñés, 200 afortunados y un servidor vimos la puesta de largo de JM y los Magníficos. O sea, del nuevo conjunto Jorge Martínez, el sátrapa que lleva guiando desde el 81 a sus Ilegales a una muerte segura sin conseguirlo. Lo de Logroño fue su primer concierto. Y la primera vez que se calzaron un traje. Y no es baladí el asunto. Porque Jorge se anunció a sí mismo y a sus cuatro magníficos como un grupo “contra el envilecimiento de las orquestas de baile”. Y después se tocaron un acojonante repertorio lleno de tangos, boleros, guarachas, chachachás y ronckandrolles de los 50. Bésame mucho, Volver, Popotitos y otros clásicos, más algúna canción propia. Y todo con el respeto y la reverencia que se merecen semejantes tonadas. Por eso trajeron traje.

Les dejo con una magnífica versión del Despeinada de Palito Ortega.

Y añado que también vi a Joe Bataan cantar (casi) con gorra de requeté, a Tony Allen tocar ante la indiferencia de los logroñeses y a Café Tacuba hacer otro concierto del año y conquistar a un público que no se suele quitar el muermo ni a base de petacas de pacharán. Por cierto, aprovecho para saludar a Manuel, Nano, Sergio, Willy, Quique y al resto. Y a las madres que les parieron.

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En los remotos e inexplorados confines del arcaico extremo occidental de la espiral de la Galaxia, brilla un pequeño y despreciable sol amarillento.

En su órbita, a una distancia aproximada de ciento cincuenta millones de kilómetros, gira un pequeño planeta totalmente insignificante de color azul verdoso cuyos pobladores, descendientes de los simios, son tan asombrosamente primitivos que aún creen que los relojes de lectura directa son de muy buen gusto.

El planeta tiene, o mejor dicho, tenía el problema siguiente: la mayoría de sus habitantes era infeliz durante casi todo el tiempo. Muchas soluciones se sugirieron para tal problema, pero la mayor parte de ellas se referían principalmente a los movimientos de pequeños trozos de papel verde; cosa extraña, ya que los pequeños trozos de papel verde no eran precisamente quienes se sentían infelices”.

Así empieza Guía del autoestopista galáctico, de Douglas Adams. Descacharrante. Tanto, que su lectura impidió mi asistencia a la cabalgata de reyes de Logroño.

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