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Posts Tagged ‘Good’

Esto es el retrato por sexo y edad de las músicas que gustan a los usuarios de Last.fm. Arriba están los artistas para los más machotes y abajo los más femeninos. Hacia la derecha va la cosa de las edades (para ver la imagen en todo su esplendor, haz click).

Analizando el cuadro en plan consultor de barra de bar, se ve que Radiohead, Prince, Beatles, ABBA, Diana Krall y otros son más o menos para todos los sexos, Camilo Sesto inclusive. Muse tiende, amigo Luis, a ser para nenas. Lady Gaga es para chicas pero menos que Anni DiFranco, claro, y que Lykke Li. Neil Young es, como el brandy Soberano y como Metallica, cosa de hombres. Pero no tanto como Slayer y Iron Maiden. Pero lo más para señores es esa especie que, preparados para una opinión personal, debería extinguirse: la de los virtuosos masturbadores de las seis cuerdas. Eric Sardinas, Steve Vai y el muy plasta de Chick Corea* son cosa de tíos tirando a talluditos, esos que van a los conciertos a tocar la guitarra imaginaria y con pinta de tener menos vida social que un secuestrado de las FARC.

Sintomático es también que, a medida que nos hacemos mayores, compartimos menos gustos con nuestros congéneres del otro género. Quizá por eso están en crisis el matrimonio y la familia tradicional.

Suena Slayer, Raining Blood. Machote que es uno.

*Mis cerebro estaba pensando en Pat Metheny, pido disculpas por la cagada a la familia Corea, tanto la del Norte como la del Sur.

Vía Good.

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Un estudio de la Universidad de California, en San Diego, dice que los americanos (los gringos) consumen cada día 3,6 zettabytes de información. O sea, 36 elevado a 21 bytes. O sea, 3,6 millones de millones de gigas. Quiere eso decir que, cada día, un gringo normalito se mete en su melón el equivalente a 16 discos duros de los medianos entre TV, teléfono, radio, ordenador y demás. La ilustración de Rob Vargas que corona estas líneas lo explica bien y, viéndola, uno se da cuenta de cómo sería tal cosa en España. La diferencia sería escasa en horas de tele e incluso en su contenido (Belén Esteban en vez de Oprah) y puede que hubiese aún menos lectura (sí, a pesar del Marca y el Cuore). Lo que sí habría es un gran hueco en el melón del español para a la información capturada en el bar, origen y destino de nuestra sabiduría.

A todo esto, ¿qué hace un gringo con 16 discos duros diarios de información adquirida? Pues lo mismo que un español: respirar, comer, cagar, mear, dormir… y poco más.

Suena You Suffer, de Napalm Death.

Vía Good.

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Cerca de un 90% de los grandes peces depredadores -atún, pez espada, bacalao, halibut- ha desaparecido desde mediados del siglo XX. Un estudio publicado hace dos años en Science predice un colapso mundial de los stocks de pescado en 40 años”.

Muchos expertos creen que los gobiernos han sido demasiado considerados con la industria de la pesca. La Unión Europea, China, Japón y los Estados Unidos gastan 20 mil millones de dólares anuales en subvencionar una industria de 90 mil millones. El número de barcos pesqueros en el mundo, que Naciones Unidas estima en 1,3 millones, debe reducirse en una tercera parte para llegar a niveles de sostenibilidad (algunas organizaciones elevan la cifra a la mitad)”.

Menos del 1% de los océanos tiene una alguna forma de protección mientras que más del 10% de la tierra ha sido apartada del desarrollo. […] Algunos expertos sugieren que hasta el 20% de los océanos necesitará ser protegido de la pesca, un número tan alto que parece políticamente imposible”.

Por nuestro papel como consumidores, nosotros no somos menos culpables que los pescadores del estado de los mares. El consumo de pescado se ha doblado desde 1973 y, justo ahora que se conocen mejor sus beneficios para la salud, está claro que tenemos que comer menos pescado y que el pescado que comamos debe ser más pequeño y estar más abajo en la cadena alimenticia, donde los efectos de la pesca son menos negativos. […] Y haríamos bien en en analizar por qué nos parece indignante pensar en un mundo sin lobos o elefantes pero miramos sin hacer nada cómo el atún rojo es pescado hasta casi la extinción”.

Éstos son algunos extractos de un reportaje llamado Fin, the last days of fish, escrito por Peter Alsop y publicado en una revista/website/comunidad muy maja llamada Good. Lo que dice no es especialmente derrotista. Es lo que hay. La situación de los mares es alarmante. Alimentarse a base de pescado salvaje a estas alturas de civilización es como si estuviésemos comiendo aún carne sacada de la caza de ciervos, elefantes y, no sé, leones. Aunque los medios no se ocupan mucho del tema y las cuotas de pesca se protegen como si fuesen la reserva de oro de los países, es fácil ver las consecuencias: la sopa de medusas de cada verano, el precio desorbitado del pescado y, si buceas, la ausencia de peces medianos y grandes en mares presuntamente protegido como el Rojo. El problema es que le cuentas todo esto a cualquiera y te escucha con cara de comprenderte mientras piensa en el sashimi de atún rojo que se va a cenar. Que le aproveche. A mí me tira del nabo. Yo no tengo hijos.

La foto de la medusita es mía, pero la cambio por un espeto de sardinas.

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