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Posts Tagged ‘El Roto’

prostitucionVoy a dar hacer una confesión que va a tranquilizar mucho a mis padres, a mi tío el cura y a mi uróloga: no me van las putas. Dicho esto, procedo a meterme en un jardín lleno de flores de incorrección política. Últimamente está en el debate público el asunto de la prostitución. El País ha dedicado una serie de reportajes a la explotación sexual en España, su defensora del lector se mostraba en contra de los anuncios de contactos en su propio medio, Arsenio Escolar aprovechaba ambos asuntos para seguir su cruzada contra la publicidad putera, Aleka ha tocado el tema de refilón en mi blog hermano, ¿Y por qué no…?… Es evidente que hay un montón de mujeres que son obligadas de alguna forma a prostituirse. También es evidente que hay otro montón que lo hacen porque les da la gana. Todas con las que yo he hablado, que son bastantes, son de éstas (se puede ver aquí, aquí y aquí). Quizás por eso no tengo tan claro es que sea bueno igualar prostitución a explotación ni negar su derecho a la publicidad. ¿Por qué?

Porque, puesto que parece que es una costumbre el ir de putas, lo que hay que intentar es que, más allá de las consideraciones morales de cada uno, sea un intercambio voluntario entre ambas partes en el que tanto el que da el servicio como el que lo recibe puedan hacerlo con toda la tranquilidad legal y sanitaria posible. Porque si se tiende a asociar prostitución con delincuencia y marginación sólo se conseguirá que la cosa sea más delincunte y marginal. Porque lo mismo que un fontanero que arregla voluntariamente tuberías como forma de vida tiene derecho a publicitar su negocio, una puta que se acuesta con tíos porque quiere ganar así su dinero debería poder hacerlo.

El camino debe ser regularizar y legalizar la actividad no criminalizarla más. Así se podría perseguir mucho mejor al cabrón proxeneta y cuidar de la salud, la seguridad y las condiciones de trabajo de las mesalinas. Incluso el Estado ingresaría pasta, que falta nos hace. No sé, a veces los progres se pasan y tratan de ordenar el mundo según sus criterios éticos sin tener en cuenta los derechos y las libertades de los otros. Por no hablar de lo hipócrita que es negar la publicidad de las putas por eso de la explotación y aceptar la de esos anunciantes que fabrican en India, China o Marruecos de aquella manera. No digo yo que no haya que sacar reportajes sobre tráfico de mujeres, explotación sexual y tal. Tampoco me meto en lo que cada uno haga con su forma de ingresar por publicidad. Sólo creo que, si de verdad se quiere mejorar la vida de las prostitutas, hay que apoyar la normalización de su actividad. Todo lo demás es una putada.

Suena The Pop Group, We’re All Prostitutes.

La ilustración es de El Roto, evidentemente.

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Dicen que hoy es el Día Mundial de la Libertad de Prensa. Supongo que me alegro o hago lo que haya que hacer en estos casos. Anda la cosa revuelta en la Prensa, en cualquier caso. En cuanto a la libertad, no es sólo que haya una periodista iraní condenada a ocho años o que en Cuba no se pueda decir ni mu, es que aquí no estamos para presumir: esta semana El País silenciaba una columna porque había una frase que podía ofender a sus directivos. Paso de insistir en ese tema pero aprovecho la oportunidad para hablar de la Prensa en general.

Los medios de comunicación están en crisis. La caída de la inversión publicitaria los ha dejado temblando. Los medios de comunicación impresos están peor, ya casi ni tiemblan. Se toman en pulso y sienten que les quedan pocos latidos porque el futuro inmediato no pasa por la tinta y porque la crisis de inversión publicitaria no hace más que acelerar ese proceso irreversible. Lo peor es que los que mandan en esos medios están logrando hacer todavía más rápido el destino que quieren evitar. Como ir a merendar al Burger King para bajar el colesterol.

Claro que si uno lee la Prensa puede acabar convencido de que la culpa es sólo de las circunstancias. Por lo que se ve, estas crisis es malísima no sólo porque haya cuatro millones de parados y tal, sino porque amenaza a los medios de comunicación, con lo importantes que son para el mantenimiento de la libertad y la diversidad de opiniones y cual. No digo yo que no, pero para mí que aquí se están confundiendo las cosas. Se confunde la Prensa con las empresas periodísticas y se confunden las circunstancias con el tocino.

Ayer mismo, la presidenta de Reporteros Sin Fronteras España publicaba un artículo en El País en el que conseguía ocupar página y media sin decir casi nada. Trataba María Dolores Masana de defender la importancia de una profesión periodística libre de presiones, de amenazas y, se atrevía a sugerir, de condiciones laborales miserables. Después de un montón de líneas llenas de tópicos y vacías de contenido, acababa así: “La prensa es el baluarte de la democracia (…) En la tarea de defenderla es preciso concienciar a los agentes sociales, a las universidades y otras entidades culturales y, por su especial responsabilidad, a los Gobiernos e instituciones públicas. Porque dejar que la prensa se hunda o se prostituya es permitir que la sociedad pierda un medio esencial para su debida cohesión y conciencia en el ejercicio de sus derechos fundamentales”.

Toma ya. O sea, que si la Prensa se hunde la culpa es de los agentes sociales, las universidades, nosecuáles entidades culturales y, sobre todo y por supuesto, del Gobierno. Las empresas periodísticas son víctimas de la situación. Sus pobres dirigentes no han hecho nada para que estén las cosas como están. Total, ellos no son los toman decisiones, los que pagan poco y tarde, los que callan opiniones disidentes, los que, incluso con buena voluntad, se equivocan. Ellos no, por favor, son las circunstancias. No. Que una cosa son las circunstancias y otra es cómo se actúa ante ellas.

Las circunstancias son que el mundo económico está en plena transformación y que, además, alguien hace tiempo inventó una cosa llamada Internet que ha revolucionado la forma de comunicarse. Las reacciones de los mandamases de los medios antes estas dos circunstancias están siendo, en general, desastrosas. Tanto, que se están empezando a parecer mucho a las reacciones de la industria discográfica ante una crisis muy parecida (lo digital frente al soporte, lo gratuito frente al pago). Más tontos los directivos periodísticos por no haberse fijado y aprendido de los errores de los jefes discográficos.

Las circunstancias son las que son. Todos nos tenemos que adaptar a ellas. Las empresas periodísticas también. Si, por lo que sea, tienen que cambiar su modelo de negocio, que traten de hacerlo lo mejor posible y que procuren no lloriquear mucho durante el proceso. Yo soy periodista. Llegué a currar en una revista en la que las páginas se maquetaban a mano y los textos se escribían a máquina, se mandaban a fotocomposición y, tres correcciones después, a fotomecánica. He trabajado en periódicos, revistas, informativos y programas de tele, radio, Internet y lo que haya hecho falta. He aprendido a usar diversos programas informáticos, a manejar cámaras, a editar y un montón de cosas que ahora se me han debido olvidar. Y, como yo, tantos otros. Nunca hemos pedido ayudas al Gobierno. Tampoco nos hemos hundido. Nos hemos adaptado a las circunstancias.

(El Roto lo explica todo mejor y más conciso en esa ilustración sacada de El País de ayer también).

Suena Rollins Band, Low Self Opinion.

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