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Posts Tagged ‘Cine’

Vuelve el FIBABC, el Festival Iberoamericano de Cortos de ABC. Vuelve el cortoactivista Pedro Touceda, director, creador, motor y gasolina del festival. El corto que se ve en pequeño aquí arriba se llama Los 4 McNifikos y es de los preferidos, de momento, del público. Normal. Hay muchos más cortos esperando a ser votados. Una elección mucho más divertida y útil que las primarias del PSOE. Dónde va a parar.

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Lo singular del caso es que se le ha dado la llave de la caja a la principal directiva de este sector que lleva más de 20 años intentando crear industria con un incondicional apoyo institucional, sin ningún éxito, y que el año pasado percibió más por subvenciones que por taquilla. Tal cual si al gestor de una de las constructoras quebradas se le nombrara ministro de Fomento, o al ex presidente de Caja Castilla-La Mancha se le hiciera ministro de Economía. Pocoyó, la verdad, ha hecho bastantes más méritos que González-Sinde, pero lamentablemente el presidente Zapatero aún no ha establecido una cuota para ministros de dibujos animados: quizá sería bueno que hicieran un lobby, visto el éxito obtenido por el que forma el cine”.

No lo digo yo, ojo. Lo dice Julián Díez en La Nueva Cultura, su blog para Cinco Días. Un éxito: tres entradas y ya circula por la Red como la buena yerba en octubre. Yo lo he encontrado vía el Twitter de Mario Tascón. El tío hace un análisis a veces certero y a veces exagerado de lo que le pasa al cine (español) con Internet que merece la pena ser leído (pinchando aquí, por ejemplo). También lo mezcla con la música… Por cierto, ayer lunes, la columna de Diego Manrique hablaba del eclipse musical en los medios españoles. La cosa no es de ahora, lleva décadas así, pero comparaba con el cine y:

Ahora intentemos un ejercicio mental. Imaginemos qué ocurriría si el cine se quedara sin acceso a las pantallas, si sólo se cubriera en los medios a los tres o cuatro directores estelares. Sólo saldrían adelante producciones de pequeño presupuesto, condenadas a la oscuridad por la ausencia de canales (es decir, películas para La Dos y similares). La irrelevancia industrial acabaría con el cine español, convertido en ocurrencia guerrillera.

No teman: antes de llegar a esa situación, la tropa del cine tomaría las calles y haría temblar los despachos gubernamentales. Se arbitraría una solución, con cuotas y ayudas. Cierto que el hecho cinematográfico no se corresponde al musical, que puede respirar en el directo. Pero me asombra que hayamos llegado a esta situación: la historia de la era Zapatero estará ilustrada musicalmente por… ¿Papito?

Pues eso, que Pocoyó for President.

Y ahora van unos minutos musicales a cargo de DJ Elli dedicados a mi sobrina Sol que no me estará leyendo porque no sabe pero que se partirá de risa con los bailoteos de Pato y Pocoyó.

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¿Por qué en las películas y en los libros dicen (o traducen) cosas como “tómame” y “hazme tuya” que aquí fuera nos suenan tirando a raro?

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El siguiente texto apareció en el número de junio de la revista Calle 20. Cuenta la peripecia de Daniel Lavin, un madrileño con ganas de hacer cine que se ha pagado y dirigido su primer largo. Hay un pequeño detalle que lo hace todo más… acrobático: el tío lo ha hecho en la ciudad en la que vive. Tokio. El reportaje, convenientemente maquetado y eso, se puede ver dándole al siguiente link: acrobats.

Un madrileño de 28 años decide ir a Tokio a pasar unos meses. Le gustan el manga y el cine japonés, le atrae la cultura de allí, siente que el viaje puede ser una experiencia decisiva en su vida. En Tokio, una ciudad en continuo movimiento que captura almas inquietas, conoce a una japonesa. Ikuko es amiga de una compañera de hostal. Quedan a tomar unas copas y pasa lo que tiene que pasar. Tres meses después, Daniel vuelve a Madrid con una experiencia decisiva y una futura esposa.

Ikuko y Daniel piensan dónde vivir juntos. Ella tiene trabajo estable en Tokio. Él ha estudiado cine y anda buscándose la vida en el audiovisual español sin mucha suerte. Deciden que será él quien se embarque en la aventura. Decide Daniel que va a aprovechar el impulso para cumplir un sueño. Se planta en Tokio con una cámara de vídeo, un ordenador, poco dinero, ningún conocido en el sector y un objetivo: rodar un largo.

Esta historia no es el argumento de una película. Es la historia del rodaje de una película. Es el relato de una acrobacia. La que ha hecho falta para finalizar Acrobats. “El mayor miedo no era realizar la película en un país y en una lengua diferentes, sino el no realizarla en absoluto”. Daniel Lavin habla con Calle 20 desde Tokio y por Skype. Lo hace despacio y con una seguridad en sí mismo que se antoja necesaria para meterse en semejante jaleo. “Si me hubiera quedado en Madrid, a lo mejor habría entrado en el rollo burocrático eterno de buscar una subvención. Preferí hacerlo por mi cuenta, sin medios pero con ilusión”.

Calcula que la peli ha costado 12.000 euros, incluyendo la cámara y los micrófonos. Nadie ha cobrado un yen. Se ha rodado en plan guerrillero. Sin permisos. Casi siempre en fin de semana, por eso de que hay que currar para comer. Acrobats es producto de la fe ciega de su director pero también de la del resto de los participantes. De los técnicos, coreanos, americanos, ingleses, un neocelandés y un chino, y de los seis actores, todos japoneses. Por cierto, ¿fe ciega o inconsciencia? “Las dos cosas”.

El resultado es sorprendente. Acrobats es un film de autor. Hiperrealismo crudo y minimalismo expresivo rodado cámara al hombro. El retrato de un momento de las vidas de tres funambulistas sin futuro ni presente que hacen equilibrios sin avanzar y sin red. Tres historias que se cruzan, pero poco, de tres personas solas en una ciudad de trece millones de habitantes. “El hecho de que haya muchos exteriores -explica Daniel- acrecienta esa sensación de soledad. En un interior siempre tienes más impresión de estar atrapado, pero en una ciudad como Tokio, un tanto claustrofóbica, se produce el mismo efecto”.

Que nadie espere un Lost In Translation o un tercio de Babel. Daniel no ha visto Tokio con los ojos de un gaijin, como se les llama allí a los guiris. “No quería ser el típico occidental, quedarme con los tópicos, sino ser fiel a la historia. Imagínate que yo fuera japonés y rodase en España: huiría de toros y flamenco”.

(Sigue leyendo, no seas así, pincha aquí. También puedes leer el blog de Daniel).

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