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Posts Tagged ‘Anarquismo’

Antes a las cosas se las llamaba por su nombre. Que Mateo Morral tiraba a los reyes un ramo de flores bomba, pues a eso se le llamaba atentado terrorista y a otra cosa. Ahora no. Ahora un tío se lía a tiros en Arizona durante un acto político, mata a un juez y a una niña, entre otros daños colaterales, al intentar asesinar a una congresista y se le califica de pistolero, se hacen comparaciones con el caso Columbine y se indaga en sus redes sociales en busca de cualquier rasgo de chaladura. Víctimas del caso son, pues, los muertos y los heridos y las palabras “atentado” y “terrorista”, que siguen en paradero desconocido. También antes se asumían más claramente las responsabilidades. Ahora no creo que lo hagan los que difunden los mensajes que animaron al muchacho a apretar el gatillo. Sarah Palin, el Tea Party y toda esa ralea de neoklaneros. Ellos dibujaron la diana y Jared Lee Loughner ha disparado. Trabajo en equipo, aunque nadie pueda demostrarlo. Así funcionan los lobos solitarios (lone wolfes) que crearon los supremacistas blancos gringos en los 90. Eso era Tim McVeigh, que mató a 168 en Oklahoma City. Eso tiene pinta de ser Jared Lee. La cosa es muy sencilla: hay un alimento ideológico que se difunde desde en un concierto de calvos hasta en un noticiero de la Fox. Y luego hay una serie de muchachos dispuestos a hacer lo que hay que hacer. No hay organización, no hay red, no hay nada más que una conexión intangible, la de un odio que se contagia como un virus con las ganas de cambiar el mundo (a peor, en mi opinión) de ciertos individuos. Una fórmula tan perfecta que ha sido adquirida por el enemigo, los teroristas islámicos a los que, vaya, sí se les puede llamar así a la primera.

Antes, por cierto, los que atentaban tenían más fácil apuntar. Los anarquistas tiraban a dar a reyes y banqueros. Los del otro lado, a líderes sindicales. Ahora, el tal Jared Lee ha cometido un atentado terrorista, con perdón, de inspiración ultraderechista dirigido contra una mujer que no es que sea el diablo rojeras. Leo que la congresista era favorable al derecho a portar armas (toma lección de karma) aunque es verdad que estaba en contra de la ley racista de la gobernadora de Arizona, lo cual no es ser de izquierdas sino ser humano. Es miembro, en cualquier caso, de un gobierno que acaba de hacer otra de esas cosas a las que ya no se llama por su nombre. El departamento de Justicia de Estados Unidos ha pedido a Twitter información sobre usuarios de la cosa relacionados con Wikileaks. Julian Assange tiene razón cuando dice que “si el Gobierno iraní tratase de obtener esta información de los periodistas o activistas extranjeros, grupos de derechos humanos de todo el mundo se habrían manifestado”. En otros tiempos eso tendría un nombre, a elegir entre fascismo, dictadura, atropello de derechos… Ahora no, ahora a esto se le llama democracia.

Suena Little Man With a Gun in his Hand, de Minutemen.

La imagen recrea el atentado de Mateo Morral y está sacada de aquí.

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Conocido de la guerra: expresión desdeñosa puesta en uso por los comunistas durante la guerra civil española. Cuando éstos creían hallarse ante un anarquista, al saludo ‘¡salud, compañero!’, contestaban displicentemente: ‘Conocido de la guerra nada más’. Éste parece haber sido el origen, pero la frase se divulgó después como chascarrillo entre los combatientes del frente, alcanzando inclusive a la retaguardia”.

Leído, en mi propio cuarto de baño, en un librito llamado Diccionario del anarquismo, de José Peirats. Impreso por Comesa, distribuido, creo, por Llibreteria.org y encontrado en la estupenda librería The Watergate Bookshop, de Barcelona. Salud, compañeros… Huy, por cierto:

Compañeros: trato personal que usa la familia anarquista y anarcosindicalista con anterioridad a la guerra civil. Antes de ella, los anarquistas españoles se trataban indistintamente de ‘compañeros’ o ‘camaradas’. Pero cuando los comunistas monopolizaron este último de manera sistemática, los anarquistas optaron, para no confundirse con ellos, por llamarse ‘compañeros’, no menos sistemáticamente. Esta distinción se acentuó durante la guerra civil, al chocar ambas corrientes aparatosamente. A partir de entonces, resulta sospechoso oírse llamar ‘camarada’. Lo mismo ocurrre, se supone, en el campo contrario al oírse llamar ‘compañero’. Por lo que se refiere a los demás países, el trato de camarada o compañero, indistintamente, ha prosperado”.

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