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Archive for the ‘Internet’ Category

Antes, mi referencia intelectual durante mis estancias en el baño era el Super Humor. Ahora miro el Twitter. Mi sistema digestivo no se ha visto afectado por el cambio. Yo sí. Echo de menos a Mortadelo.

Suena La caca de colores, Siniestro Total.

La portada es de aquí.

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Antes (hace cinco minutos), Internet era un lugar lleno de contenido copiado y pegado de otras fuentes mejor formadas e informadas como escritores, intelectuales y demás bibliomaniacos. Y el ejemplo más palmario (¿se dice así, Fundéu?) era la Wikipedia. Ahora, desde que parece que han pillado a Houellebecq, resulta que son los escritores e intelectuales los que copian de la Wikipedia para llenar de contenido sus obras. Lo cual, por otra parte, es como muy natural y orgánico, ¿no? El ciclo de la vida en versión cultureta.

Suena I’ll Be Your Mirror, The Velvet Underground.

La imagen es de la Wikipedia, de aquí, y es la segunda que aparece al poner en Google “wiki”. Por eso la pongo, claro.

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Cuando los medios de comunicación tradicionales se quejan de que los online son “piratas y depredadores” como decía ayer Bill Keller, director de The New York Times, que dice Rupert Murdoch o protestan porque “a veces reproducen tanto de nuestro artículo que ya nadie necesita hacer clic en el enlace a nuestra página”, como también declaraba el mismo hombre a El País, ¿no estarán viendo la paja en el ojo ajeno? ¿O soy yo el que veo la viga en su mirada cuando leo hoy en todos los medios tradicionales lo de las filtraciones sobre la guerra en Afganistán descubiertas por Wikileaks -un medio online, por cierto- y contemplo que extraen lo principal y lo convierten en noticia? ¿No se ha hecho eso toda la vida, incluso antes de que existiese Internet y hasta la imprenta? ¿Hasta cuándo van a seguir echando la culpa de sus males a otros sin reconocer los errores propios?

Y, ya que estoy, otra cosa: ¿de verdad piensan que es creíble justificar la supervivencia del pago porque, si no, no se podrán sostener las investigaciones periodísticas? ¿Qué es exactamente lo que andan investigando los medios españoles ahora mismo? ¿Cómo combinar los tirantes con el pañuelo en el vestuario de los directivos? ¿Cómo reducir plantillas y aumentar precio de venta al público bajando en páginas y calidad los contenidos para mantener los sueldos del consejo de administración?

Suena Discharge, Hear Nothing, See Nothing, Say Nothing.

La foto la encontré aquí.

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Antes una primera dama era noticia cuando inauguraba un hospital. Ahora basta con que escriba su primer comentario en Twitter.

Suena Presidents of USA, Video Killed The Radio Star.

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Lo mismo que uno no debería alimentar a su barriga todo el rato con gominolas, patatas de bolsa, hamburguesas y cocacola, tampoco conviene llenarse la cabeza con una dieta exclusiva de chucherías. El otro día sacaba por aquí el consumo medio de información del personal (gringo) y hoy me encuentro en NextNature con una bonita entrada sobre la obesidad informativa. El autor, Armand van den Heuvel, viene a decir lo siguiente: que seguir a gente (y ser seguido) en redes sociales (él concreta en Twitter) se está convirtiendo en una suerte de adicción para muchos, que nuestros cerebros se acaban de adaptar a radios, televisiones, internetes y demás y ahora, encima, tienen que digerir esto. Esto es, dice el hombre, que la media de followers del personal está en 126 y, por tanto, la media de gente a la que se folla, perdón, se followea es también de 126. Y, si cada uno suelta otra media de 22 twitteos al día, eso consume 2,5 horas por jornada. Sigue el autor citando al número de Dunbar, una teoría de un antropólogo del mismo nombre que jura que el máximo de gente con la que se puede tener una relación plena es de 150 (o algo así). Y acaba recomendando adelgazar seguidores si se pasa de ahí.

Añade también un link a una entrada sobre el tema de la dieta informativa de Knowledge is social en el que se cuenta, entre otras cosas, que es bueno alimentar el cerebro pero que es peligroso darle de comer nada más que vídeos chorras de YouTube y teleseries. Dice este otro autor, Tim Young, CEO de Socialcast, que es estupenda la convergencia de herramientas y vehículos de información de los que disponemos actualmente pero que el empacho de datos puede provocarnos un cólico. Y anhela el momento de que estas herramientas comunicativas vengan con los valores nutricionales incorporados, como en las cajas de galletas, para ayudarle a decidir que se mete entre frente y nuca.

Pues eso, que me ha parecido digno de mención.

Suenan los Caramelos podridos de Ilegales.

La foto de las chuches la he sacado de aquí.

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Un estudio de la Universidad de California, en San Diego, dice que los americanos (los gringos) consumen cada día 3,6 zettabytes de información. O sea, 36 elevado a 21 bytes. O sea, 3,6 millones de millones de gigas. Quiere eso decir que, cada día, un gringo normalito se mete en su melón el equivalente a 16 discos duros de los medianos entre TV, teléfono, radio, ordenador y demás. La ilustración de Rob Vargas que corona estas líneas lo explica bien y, viéndola, uno se da cuenta de cómo sería tal cosa en España. La diferencia sería escasa en horas de tele e incluso en su contenido (Belén Esteban en vez de Oprah) y puede que hubiese aún menos lectura (sí, a pesar del Marca y el Cuore). Lo que sí habría es un gran hueco en el melón del español para a la información capturada en el bar, origen y destino de nuestra sabiduría.

A todo esto, ¿qué hace un gringo con 16 discos duros diarios de información adquirida? Pues lo mismo que un español: respirar, comer, cagar, mear, dormir… y poco más.

Suena You Suffer, de Napalm Death.

Vía Good.

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Esto sí que es techno de Detroit (bueno, de Toledo, Ohio, que es donde está la sede de Jeep). Dos semanas de ensayos y siete horas de grabación hasta lograr la toma buena. Obra de un tal Julian Smith que, mientras espera a rodar su primer largo, se gana la vida, dice él, como “director freelance y YouTubeador”. ¿Cuál será su epígrafe en el Impuesto de Actividades Económicas?

Vía AudioPorn Central.

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Todos ésos que están ocupando sus Facebooks, sus Twitters, sus blogs o sus comentarios cibernáuticos sugiriendo, primero, que Tertsch venía de un antro gay; luego mofándose de lo que se echa al coleto; y, en cualquier caso, alegrándose un poquito bastante de la patada dada y recibida por otro, ¿cómo se pondrían si la costilla rota fuese de un Gabilondo o una Torres? ¿Cuántos de ellos habrán defendido alguna vez la libertad de expresión en sus Facebooks, sus Twitters, sus blogs o sus comentarios? ¿Cuántos, por cierto, han dado o recibido una patada o un puñetazo en su vida? ¿Cómo podríamos calificarlos: progres de manual, tiranos con piel de cordero, valientes 2.0?

Suenan MC5 y su Kick Out The Jams… motherfuckers.

La foto está sacada de aquí.

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¿Quién dijo que la tecnología iba a acabar con la prensa? ¿Alguien se imagina un futuro sin Sports Ilustrated? ¿Tendremos que usar papel higiénico para pasar las páginas del Marca cuando lo leamos en el baño en el 2020? ¿El uso continuado de tablet PC nos ayudará a esculpir la tableta de chocolate o sólo a consumirla?

Gracias, sister.

Suena Tony Touch y Lisa M, Toca Me La.

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Tiene su chiste ver a los cantantes y cantantas manifestarse a la puerta de un ministerio exigiendo dignidad y derechos. Tiene su chiste, digo, no porque yo considere que no merecen esa dignidad y esos derechos sino porque creo que se están manifestando en el lugar incorrecto y en el momento inapropiado. No me voy a poner a analizar en profundidad el asunto porque el ordenador se está quedando sin batería y no me apetece enchufarlo. Sólo diré que es el modelo de distribución ha cambiado y que no estaría mal que todos tratásemos de adaptarnos a ello de forma moderadamente beneficiosa para todos y lo menos perjudicial para nadie: autores, músicos, sellos, editoriales, consumidores…

El caso es que los músicos han elegido un momento muy poco oportuno para dar la cara. Con el globo sonda de la ley de economía sostenible recién hinchado y el previsible anuncio de la futura persecución a las descargas, los ánimos internáuticos están calentitos, muy calentitos, y lo de dar la cara se puede convertir en ponerla. Porque, y aquí voy a lo del lugar, por supuesto que los músicos tienen que tener derechos y dignidad pero igual no deberían ir a un ministerio a buscarlos sino a las empresas con las que han firmado sus contratos. Vale, no todas las discográficas son malas, ya lo sé. Pero tampoco son los consumidores los que han estado sisando sistemáticamente royalties a los creadores. Ni los que lo siguen haciendo. Y es que, albricias, las cuatro grandes discográficas se están modernizando y ya se han metido en el accionariado de Spotify. Se llevan un 18% de un pastel que de momento no es rentable pero que promete y los artistas se quedan lo de siempre: las migajas. Hay una noticia reciente que decía que Lady Gaga había cobrado sólo 112 euros por 1 millón de escuchas de una de sus canciones. Uno puede creérselo o no. Pero hay literatura suficiente sobre el asunto como para pensar que si las grandes disqueras consiguen adaptarse al cambio de modelo no van a cambiar su costumbre de dejar muy poquito para ésos que les aportan la materia prima.

Así que cuando ayer se manifestaban Rosario, Chenoa, Aute, Loquillo, el de Mago de Oz y otros, no estaban más que trabajando para las empresas para las que trabajan habitualmente. O, para que lo entiendan más fácilmente, la canción protesta que estuvieron cantando estaba compuesta por EMI, Sony, Warner y Universal. Aunque ellos la interpretasen con mucho sentimiento, que para eso son unos pedazo de artistas.

En fin, no sé por qué todo esto me recuerda al nombre de una marca que primero estuvo relacionada con la producción discográfica, luego con la venta y que hace poco se metió a los directos.

Suena Master Of Puppets pero en versión de Apocalyptica, no vaya ser que Lars me mande a sus abogados.

* La imagen que ilustra todo esto lo ilustra del todo. Me explico. Francis Barraud pintó a su fallecido perro Nipper recordando lo flipado que se quedaba el can con el sonido del fonógrafo. El cuadro gustó al dueño de la Gramophone Company, que le pidió que pintara gramófono en vez de un fonógrafo. Lo hizo y le vendió el cuadro por 100 libras. Derechos de autor incluidos. O sea, que ha sido imagen y nombre de esa poderosísima marca durante más de un siglo por ese precio. Derechos, dignidad…

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