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Archive for 1/09/08

Hace ya 20 días, de paseo por Tel Aviv, me metí en un garito de aires malasañeros llamado Bloom. Y me encontré con que había un grupo local tocando. Bueno, no exactamente un grupo. Hank and Cupcakes es una pareja, Sagit y Ariel, con una formación curiosa. Batería y bajo. Ella, Sagit, canta y toca la batería de pie. Y él, Ariel, se lo curra con un bajo lleno de efectos. La cosa sonaba bien. Distinta pero no mucho; reconocible pero no demasiado. Según me contó Ariel luego, se van a vivir a Nueva York a buscarse la vida, un poco hartos de la, dicen ellos, escasa monótona musical de Israel. Suerte.

El caso es que viéndoles me acordé de otra pareja con la misma formación. Bajo y batería. Death From Above 1979 es un grupo canadiense de Toronto. O era, que lo dejaron en 2006. Me compré su único largo, You’re a Woman, I’m a Machine, hace tres años en Nueva York. No los conocía de nada, pero me moló la portada. Acerté. Death From Above 1979 son (o eran) la polla. Qué manera de liarla sólo con esos dos instrumentos: música de baile, industrial, funk, punk y lo que sea. Qué temazos. Qué pena no haberlos visto nunca en directo. Uno de ellos tenía y sigue teniendo un proyecto más electrónico, MSTRKRFT, que también chana. Y hay un disco de remezclas también muy recomendable: Romance Bloody Romance. Hala, aquí van:

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Pasar el último fin de semana de agosto en el campo y leyendo La venganza de la Tierra, de James Lovelock, es una muy mala idea. Le entran a uno ganas de pedir la baja (permanente) por depresión. Lovelock es el creador de la teoría de Gaia, ésa que viene a decir que la atomósfera y la parte superficial de la Tierra forman una especie de organismo que se autorregula para mantenerse con vida y que la intervención del hombre abusando de los recursos y desparramando emisiones de todo tipo provocará una reacción de Gaia (la Tierra) que acabará con la civilización para que el plaenta pueda seguir existiendo tranquilamente.

Lovelock no es pesimista, es lo siguiente. Dice que ya hemos pasado el punto de no retorno, que más nos vale esperar subidas del nivel del mar de más de diez metros y desplazamientos de población del carajo de la vela. Lovelock, además, es un ecologista a su bola. Apoya con todas sus fuerzas de casinonagenario (que son muchas) la energía nuclear como solución inmediata para la reducción de emisiones, pasa de la eólica y la solar y despotrica contra la moda de los alimentos orgánicos. Por ejemplo.

Yo no sé si Lovelock lleva razón, ni si sus teorías y propuestas son verdad de la buena. Yo soy de letras. Desgraciadamente, cada vez estamos más lejos de una verdad absoluta en todos los campos y la ciencia tiene teorías para todos los gustos. Y digo desgraciadamente porque parece que en este asunto haría falta una certeza que nos llevase a la acción inmediata. Siendo un patán como yo, en este libro hay cosas que tal y otras que más bien cual.

En cualquier caso, cito un par de parrafillos que sí que creo son certeros:

Tanto los combustibles fósiles como los biocombustibles son cuantitativamente no renovables cuando se consumen al ritmo excesivo que requiere nuestra civilización hipertrofiada y adicta a la energía. Como siempre, regresamos a la inevitable cuestión de que, para vivir como vivimos, somos demasiados”.

Como en todas las crisis, regreso a mi amigo y mentor Crispin Tickell, y encuentro respuesta en forma de un discurso titulado “La Tierra, nuestro destino” […]: “La ideología de la sociedad industrial, basada en el crecimiento económico, niveles de vida cada vez más altos y la fe en que la tecnología lo arreglará todo, es insostenible a largo plazo. Para cambiar nuestras ideas tenemos que trabajar hacia el objetivo de una sociedad humana en la que la población, el uso de los recursos y el medioambiente muestren en términos generales un saneado balance. Sobre todo, tenemos que contemplar la vida con respeto y asombro. Necesitamos un sistema ético en el cual el mundo natural tenga valor no sólo en cuanto útil para el bienestar humano, sino por sí mismo. El universo es algo interno además de externo'”.

Vamos, que lo llevamos clarinete.

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