A este lado del espejo, veo a Alicia Tank en su cuarto. Moviendo las caderas al ritmo de la música, subiéndose la minifalda, bajándose el tanga, apretando sus pechos, abriendo sus piernas. Desnudándose para mí. Bueno, para mí y para un tal Josepo y un tal Sergio. Da igual. No soy celoso. Se lo digo tecleándolo en mi ordenador, en mi casa. Ella se ríe desde la suya y me contesta hablando a cámara. “¿Cómo está tu pollita?”. No tan bien como la de Alicia. Lo digo porque ha cogido un pene de látex y está jugando con él. Lo moja en un yogur y se lo pasa por los pezones. Uno más gracioso que yo, no sé si el tal Sergio o el tal Josepo, pregunta si el yogur es griego. Alicia vuelve a reír y contesta que no. Es de fresa. El pene de plástico y el yogur de fresa van de los pezones a la boca. Me permito sugerir que se lo deje probar a los otros labios y me hace caso. Todo un adelanto en mi vida sentimental. Descubro, descubrimos, un piercing colgando de su clítoris mientras Alicia gime y me hace otra pregunta: “¿Qué te gustaría hacer con él?”. Es entonces cuando mi teléfono se corta. He estado conectado a la webcam de Alicia Tank a través de Fisgonclub.com. Han sido 30 minutos a 1,51 euros cada uno, 45 eurazos. Eso es lo que cuesta ver a Alicia desde este lado del espejo.
Ese mismo día, ya por la tarde, llamo al timbre de una casa en Móstoles, Madrid. Alicia Tank me recibe sujetando a cuatro perros que se lanzan a saludarme antes de las presentaciones. Alicia Tank viste camiseta negra, mallas negras y botas militares negras. Alicia Tank no se llama Alicia Tank, es su nombre de guerra. Lo de Tank es por la chica del cómic, Tank Girl, y lo de Alicia, quizás, por ponerme a huevo la metáfora. Como en el cuento de Lewis Carroll, Alicia ha pasado al otro lado del espejo y se exhibe al mundo desde un pequeño cuarto en su casa, con un portátil y una webcam.
No es la primera vez que hace algo así. “Estuve trabajando en un teléfono 803. Me llamó la atención y decidí probar. Allí me dijeron que había un sitio que pagaban por emitir desde webcams y empecé”. También ha hecho una película porno amateur y ha trabajado de camarera. Además, es naturópata y acupuntora, pero no ejerce. Sólo se dedica a esto. Se pone frente a la cámara unas seis horas al día, por la mañana (“hay menos chicas y mucha gente que se conecta desde el trabajo”), de lunes a sábado. Se lleva entre 15 y 30 céntimos por minuto y por cliente. Unos 1.200 euros al mes. Le gusta lo que hace. Por el dinero, porque puede hacerlo desde casa y porque le gusta. “Claro que me pone hacer esto. Disfruto, incluso a veces llego al orgasmo”.
Estoy al otro lado del espejo con Alicia Tank. En el cuartito donde la he visto desnudarse esta mañana desde mi lado de la webcam. Entre libros de Poe y Benedetti y posters de los Dead Kennedys. Alicia se ha quitado sus ropas punk y se ha puesto el traje de faena. Una minifalda negra, un sujetador y un tanga rojos y un top azul. Su pelo y sus uñas también son azules. Como sus ojos, dos laberintos sin salida. Está preparada para trabajar frente a la webcam. Y frente a mí. Estoy donde los que pagan por ver a Alicia querrían estar. “Casi todos me proponen quedar. Se confunden. No es sólo que las normas de Fisgon Club no lo permitan, es que yo ya tengo mis relaciones. No estoy tan necesitada como para recurrir al trabajo”. Por cierto, mientras hablo con Alicia, la principal de sus relaciones, su chico, está en la cocina con los perros. “Está encantado, tenemos una relación liberal. Él se ha metido alguna vez a hacerlo conmigo, pero es difícil estar aquí con un tío”.
Y aquí estoy yo. Alicia se conecta. Pone música, The Specials, rellena un formulario obligatorio y ya. En seguida entra David a verla. “Hola, David, ¿estás calentito?”, le pregunta Alicia. David no contesta. No hace falta. Tiene su webcam conectada y de lo que enseña se podría colgar una bandera. Entra Hueso. No tiene audio y Alicia tiene que comunicarse con él tecleando. No importa. Habla, teclea, toca la cámara, se toca los pechos, se levanta, enseña el tanga, se baja un poco la falda, se da la vuelta, enseña el culo. Soy invisible. Alicia ha dejado de prestarme atención y se concentra en los que la miran desde el otro lado. Le pide a David que se toque, que quiere verle caliente. Y David desparece. Puede que por timidez, puede que por el ADSL o puede que porque ya no necesite más. Le sustituyen José, Manuel y Danzadar. Los clientes entran y salen sin parar. No sólo vienen a que Alicia les inspire en sus trabajos manuales. También usan sus servicios como psicóloga sexual, según me ha contado. “Preguntan de todo, desde cómo convencer a su chica para hacer sexo anal hasta si de verdad el tamaño no importa”. Y también tienen peticiones, digamos, diferentes. “Me piden que haga caquita delante de la cámara, pero eso no lo hago. Pis sí, en un vasito, pero caca no. Y a veces se me ha colado algún perro me han pedido que me chupe. Y eso tampoco”.
Esta tarde nadie pide nada raro. Bueno sí. José quiere que Alicia le enseñe la cara. Un pervertido. Ella lo hace y luego continúa con el espectáculo. Saca sus juguetes de una bolsita. Allí está el pene de plástico que esta mañana desayunó yogur de fresa. Y algunos artilugios más. Pero Manuel no tiene suficiente. Pregunta si no hay a nadie que ayude a Alicia. Y Alicia contesta que sí, que tiene a alguien. Uf. Por un segundo, me veo haciéndome visible. Por un instante, veo mi vida sexual pasar ante mí. Por dios, que el novio de Alicia está aquí al lado con cuatro perros llenos de dientes. Por suerte, Alicia contesta que eso que hay que prepararlo con tiempo. Y con alguien preparado, supongo. En fin. Este cuento se acaba. Alicia tiene que ponerse a estudiar para su examen del carnet de conducir y yo tengo que volver a mi lado del espejo. El de los que miran pero no tocan.
(Las fotos no corresponden a Alicia Tank, las he pedido prestadas por ahí. Si alguien tiene interés en conocer Alicia, que vaya a www.fisgonclub.com y prepare la tarjeta).





yo esk ya la konozko en persona y tal xD