Nueva entrega de la serie de reportajes Zona Prohibida para la revista GQ. Esta vez va de las fiestas rollo la de “Eyes Wide Shut” que se organizan por todo el mundo (aquí, una noticia de El Mundo, precisamente, de ayer). Esta vez, yo no fui. La revista compró unas fotos que molaban y no quedó dinero para pagarme un billete a Milán. Así que el texto es un poco más coñazo. Y, como tampoco tengo las fotos, la parte gráfica tampoco es como para tirar cohetes. Una vez espantados todos mis posibles lectores, aquí va la lectura.
Tres mujeres con máscaras recitan pasajes de los relatos de Delta de Venus, de Anaïs Nin, en el segundo piso del patio de un castillo del siglo XVII. Caminan, cada una con su libro en la mano, las tres desnudas salvo por los antifaces venecianos. Finalmente, se encuentran y cambian la literatura erótica por el erotismo a secas. Se tocan, se besan. Juegan. El espectáculo es contemplado por unas 200 personas, todas vestidas de forma impecablemente elegante, todas también enmascaradas. El espectáculo es una señal. Cuando acaba, los espectadores empiezan a distribuirse por las estancias del castillo y se convierten en protagonistas. Se tocan, se besan. Juegan. Practican sexo. Lo hacen con su pareja o con la pareja de otro. Lo hacen entre mujeres o en combinaciones diversas. Incluso los hay que prefieren no hacerlo de ninguna forma.
Su suele decir que la realidad supera la ficción. Pero a veces empieza por imitarla. La escena descrita en el párrafo anterior es real y ha sucedido en un castillo italiano, en una villa de París o en una hacienda de Sâo Paulo. Y, sin embargo, recuerda demasiado a esas secuencias de la película póstuma de Stanley Kubrick. En Eyes Wide Shut, Tom Cruise se mete en una mansión en la que hay un montón de señores cubiertos por capas y máscaras y otro puñado de mujeres despampanantes a las que les restaron las capas. Aquellas imágenes no pasaron desapercibidas para nadie. Tampoco para Madame “O”.
“Lo que se ve en el film es un ritual oscuro, masónico y peligroso. Las fiestas libertinas que organizamos están enfocadas a la diversión a través de la sensualidad”. Hablo con Madame “O”, la misteriosa mujer que ha montado una de las sociedades que recrean ese ambiente en todo el mundo. La próxima cita será el 14 de marzo en París. La siguiente, el 18 de abril en Brasil. Pronto, promete, habrá alguna en España. “Madame ‘O’ es una filosofía, un estilo de vida. Históricamente, todos los grandes artistas han trabajando con el erotismo. Hoy en día, el sexo y el erotismo son considerados como algo sucio. Normalmente, la gente que trabaja en estos campos no tienen un nivel cultural elevado y el ambiente acaba siendo cutre y poco atractivo”.
La idea de la sociedad libertina Madame ‘O’ es atraer a gente guapa y con posibles que esté interesada en experimentar con su pareja en un atmósfera adecuada. Elevar el concepto de los locales de intercambio y ambiente liberal. Darle glamour a una experiencia con la que muchos (y muchas) fantasean pero que no tantos llevan a la práctica quizás porque los contextos no son los ideales. Los que genera Madame “O” sí lo son. Lo mismo que los de otra organización similar, Castle Events. Con siete años de historia y fiestas realizadas por toda Europa, esta red con sede en Suiza tiene los mismos objetivos y se dirige al mismo público. Un público exclusivo.
Aquí no puede entrar cualquiera. Para acudir a uno de estos eventos hay que pasar un filtro dirigido personalmente por los responsables de cada sociedad. Incluso si llegas recomendado por otro miembro, tienes que ser elegido. No basta con tener dinero. Hay que demostrar educación y belleza. El resultado es un ambiente distinguido de parejas cultas y atractivas entre los 25 y los 50 años. También algunas mujeres solas. Incluso algún masculino singular. Todos vestidos de forma elegante. Todos dispuestos a invertir entre 150 y 600 euros por pareja por disfrutar de una noche que empieza como tantas otras: con un DJ poniendo algo de lounge o de house, unas copas de champán y unos canapés y algunas conversaciones insinuantes.
La diferencia está en la segunda parte. La que empieza después de una lectura de Anaïs Nin, de un espectáculo de bondage light o de la aparición de un hermafrodita. Cada habitación tiene una decoración y un ambiente. Una es sólo para mujeres, otra es estilo boudoir, en una se emite una película, en todas se practica sexo. “Es sexo normal para gente que vive una sexualidad normal”, explica Madame “O”. La normalidad es relativa, ya se sabe. Ella se refiere a que en sus fiestas libertinas no hay lugar para prácticas extremas. Se pueden llegar a ver actos con leves toques fetichistas pero nunca sesiones de BDSM ni nada difícil de digerir. En Castle Events se abre un poco más la mano. O se cierra, según se mire. Los hay que dicen haber visto ejercicios de fist fucking de categoría. En cualquier caso, en ambas redes se fomenta que los visitantes decidan lo que quieren hacer, si es que quieren hacer algo. Hay, además, normas muy estrictas que excluyen las drogas, la prostitución, los comportamientos violentos y vulgares y hasta fumar cigarrillos. Se puede aspirar, eso sí, el humo de una pipa de agua (con tabaco, ojo). Y la privacidad de los asistentes está garantizada.
En el fondo, es otra forma de hacer eso tan de moda que es el networking. De hecho, Madame “O” dispone de una red social para que los miembros (y miembras) que se quieran apuntar mantengan contacto con ésos con los que tuvieron contacto carnal. No sé, puede que después de mezclarse en el sexo sea más fácil hacer negocios. Lo que es seguro es que, de haber ido a una de estas fiestas, Tom Cruise no habría salido corriendo de la mansión. Incluso habría llamado a Nicole Kidman para que se sumase al asunto.



