Son las seis de la tarde y en la calle la gente empieza a terminar su jornada laboral. El Paralelo de Barcelona se llena de personas que suben y bajan de taxis y entran y salen de tiendas. Allí mismo, en uno de los más míticos locales del barrio, Melyssa también sube y baja y entra y sale. Pero ella acaba de empezar su día. Está bailando desnuda sobre la tarima de la sala Bagdad. Ha quitado las gafas a alguien del público y se las ha puesto de tanga después de frotarlas sobre su pubis depilado y tatuado. Luego, ha dejado las lentes y ha subido a un hombre. Un chico bajito con una camiseta de lentejuelas que le dura dos segundos sobre el cuerpo. Dos segundos menos que el pantalón. Melyssa le pone un condón con la boca y se dedica al sexo oral. El tío tiene los puños apretados y una mirada como de amor. Amor fugaz, en cualquier caso. Su erección dura tanto como su camiseta. Melyssa para de chupar y sigue bailando desnuda al ritmo de Bonnie Tyler hasta que encuentra otro enamorado, esta vez alto y ancho pero, por lo que se ve, no muy duro. Ni una risa, por favor. Melyssa está trabajando. Yo estoy trabajando. A los muchachos les gustaría trabajar (en esto).
“Mi sueño es ser actor porno y creo que puedo valer para ello”. Me lo dice después de bajar de la tarima Josef, el tipo grande al que se le quedó pequeña. “Estos chicos no valen, no tienen ni cuerpo ni expresión ni nada”. Me lo había dicho Juani de Lucía, la dueña de Bagdad, durante la actuación de Melyssa. Pero yo no digo nada a Josef, por no bajarle también la ilusión. Lo que acabo de ver es material para ser grabado y emitido en Internet. Recrea lo que ocurre cada noche pero con focos y público avisado. Y Juani aprovecha para hacer casting con tanta fe como con la que juega a la Primitiva. “Lo de Nacho Vidal fue un milagro, lo normal es que de estas cosas no salga nada”.
Todo el mundo sabe que Nacho empezó su carrera aquí y que debutó con gatillazo, como puntualiza Josef. Pero no ha sido el único. Sophie Evans, Toni Ribas y otros currantes estelares del porno han pasado por esta sala que abrió un mes después de morir Franco y que en febrero del 76 ya ofrecía sexo en vivo. “La cola daba la vuelta a la manzana”, recuerda Juani sobre aquellos tiempos. Los de ahora son otros muy distintos en los que uno puede acceder a todas las tetas, culos y coños del mundo con una mano en el ratón. Pero Bagdad sigue siendo la referencia. En su página web (www.bagdad.com), además de sus espectáculos, se puede descargar porno profesional y amateur, chatear a través de webcam con un montón de mozas y hasta bajar contenidos para móviles. Y Juani, que es muy lista, va a dar su siguiente paso: Bagdad TV, un canal porno interactivo para la TDT que ya tiene su versión para algunos hoteles.
Pero volvamos de lo virtual a lo real. Estoy en el camerino de la sala. Hablo con Kristhin X, conocida stripper que ha venido a echar una mano para la grabación. La mano se la ha echado a Juani pero, sobre todo, a su amiga Karyna, con la que se ha montado un bonito show en el que han empezado en plan geishas y luego han pasado a desnudarse a son de heavy metal para acabar haciendo una suerte de Twister lésbico. Yo, repito, hablo en el camerino con Kristhin. Intento concentrarme en sus palabras y no fijarme en su pelo, muy rojo, ni en sus pechos, muy grandes. “Dios me dio una misión, hacer felices a los feos, por eso los saco al escenario…”. Casi no puedo escuchar el final de la broma de Kristhin. No es culpa del excelente trabajo de su cirujano, es que Melyssa ha entrado como un ciclón, completamente desnuda, absolutamente cabreada. “¡No encuentro mi ropa! ¿Dónde está mi ropa?!”.
Mientras, abajo, en la sala, unos pocos clientes disfrutan del espectáculo con seriedad de pornófilo sesudo (quizás por los 90 euros que cuesta la entrada), arriba, en el vestuario, el show es sólo para mí. Ellos ven a parejas practicar sexo a dos palmos de su nariz. Incluso puede que les invite a la tarima alguna chica para compartir fluidos. Yo me siento a charlar con Tara antes de su actuación. Tara es muy guapa y muy dulce. Lleva tres años trabajando en Bagdad. Hace show de contacto, como Melyssa. O sea, sube voluntarios para bajarles la bragueta. Me confiesa que tiene novio, que está enamorada, que su chico sabe que trabaja aquí pero que no le ha dicho lo que hace con el público. A Tara le gusta guardar secretos aunque a mí me los cuenta casi todos. Un rato después, en su show, saca a un cliente al que se le ve la mar de contento cuando le desnuda y se la chupa. Casi tan contento como sorprendido se muestra cuando Tara enseña su pene. Tara es transexual y, aunque a veces piensa que le gustaría operarse, sabe que el secreto del éxito de su espectáculo está en su entrepierna. Y en mantener el secreto.
Vuelvo al camerino. Melyssa ha encontrado su ropa pero mantiene el enfado. “Esta chica necesita un abrazo”, me dice Tony, el fotógrafo, mientras saca las poses más provocativas de Kristhin y Karyna. A mí me gustaría abrazar a Melyssa pero tengo una cita con Marina e Igor. Son pareja desde hace seis años, son de Siberia y llevan un año y medio copulando por motivos laborales. “Pensamos que si lo hacíamos en casa, porqué no ganar dinero con ello”. Pero no fue tan fácil, como sigue recordando Igor: “En casa era Rocco Siffredi pero aquí la primera vez perdí cinco kilos”.
La fama cuesta y se paga con sudor. Lo decía la señorita Grant y yo doy fe. Ahora estoy con Tony en un reservado. Él está haciendo fotos a Cristina y Musa. Ellas están jugando a quererse. Yo, por primera vez en todo el día, estoy sudando. No sé si es la fama o es Cristina o es Musa o la combinación de todo. Por si acaso, me quedo hablando con Cristina. Es musulmana, de una buena familia de Casablanca, no puede vivir sin bailar y se ha echado un “amigo” que conoció en la sala. Vaya.
Los ángeles de Juani vienen de lugares diversos y tienen formas de ser distintas. Melyssa es de Bahía y tiene una mala leche que termina siendo dulce. Joana es colombina y delicada y tímida desde el principio hasta el final. Es la mano derecha de Juani, la ayuda en la barra, en el pequeño sex shop que hay en la entrada y también baila. Karyna es argentina y algo distante. Pero ellas, y todas las demás, tienen al menos un par de cosas en común. Trabajan seis días a la semana, entre diez y doce horas, no sólo en Bagdad, sino en despedidas, peep shows y demás asuntos noctámbulos (se llevan entre 3.000 y 12.000 euros, según quién). Y respetan y siguen los consejos de Juani. La jefa es como una madre, capaz de regalar a una de las chicas un póster gigante de Jaime Cantizano (firmado, ojo) pero también de poner unas normas de comportamiento estrictas (la que llega tarde no trabaja). La sala Bagdad es como una familia en la que las hijas se pasean desnudas por la casa. No sé, quizás tendría que haber probado suerte en el casting. Igual me habrían adoptado.






Al porno de hoy en día le falta perversión. Encuentro pocas diferencias entre el Feria del automóvil y el Festival de cine erótico. Se llevan las gomas grandes y los cromados, la tropa se pasea con sus lumix y se hace la foto con el Corvette de turno o con la cara entre las tetas de cualquier pornstar de los balcanes. ¿Pero quién coño asesino al vicio?. La publicidad como siempre. Con el permiso de Ronald Mcdonald que según dicen las malas lenguas se lo monta mucho mejor que la mayoría de los porteros de discoteca pubirapados que se ganan el jornal repartiendo cachetes de nalgas.
Menos mal que nos queda la red.
Montemos un Disney Porno, en plan Hugh Hefner pero open people y open legs, nos forramos!
Molan las fotos!
esperando a los exógenos.
veranito,,,veranitooom,,,k me kemooooooo, ya no me kedan manos,,,,,jurrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrrveranito
Ç
Qué grande ese Peter…me gustan tanto tus reportajes que podría afirmar sin remilgos que ya he estado en la sala Bagdad. GRacias AmigO!