1. No puedes. El Raid Femenino Toyota es un asunto de mujeres. Desde hace nueve años convoca a chicas de toda España para una ruta por caminos y carreteras de la Península. Conmigo han hecho una excepción. Nunca hasta ahora habían permitido a un periodista de mi género asistir a la cosa. Pronto me daré cuenta de que no me han hecho ningún favor.
2. Son tías duras. Las 20 chicas han pasado unas pruebas que ríete tú de MacGyver: construir balsas para llevar de una orilla a otra un todoterreno con diez de ellas a bordo, atravesar zonas más embarradas que un festival musical británico o subir y bajar por pendientes como las que conducen al cielo y al infierno. La organización dice que, de las casi mil pretendientes, se ha quedado con las que mostraron más capacidad de trabajo en equipo, simpatía y espíritu aventurero. La organización puede decir misa. Son tías duras.
3. No frenan. Me uno a la caravana en mitad de la primera etapa con un veloz todoterreno prestado. Primera impresión: tienen un ladrillo en el pie derecho. Es una ruta por asfalto pero es difícil seguirlas el ritmo. Como decía la canción de Ilegales, soy un macarra y soy un hortera, pero no voy tan a toda hostia por la carretera como ellas.
3. No te hacen ni caso. Paramos en el Parque Natural del Cañón del Río Lobos. Me bajo del coche pensando que, al ser la excepción, puedo ser la sensación. Pasan de mí. Pronto descubro que no es algo personal. Mientras el director del Parque trata de explicar sus virtudes (las del Parque), ellas hablan de sus asuntos. O están pasando también de él o es verdad que las mujeres son capaces de atender a varias cosas a la vez.
4. Son tías listas. Y no sólo por esa condición multitask. Son informáticas, abogadas, ejecutivas, profesoras y hasta una es piloto comercial. Son jóvenes y sobradamente preparadas y tienen soluciones para todo. Ya lo veré.
5. Ancha es Castilla. En seguida descubro que aquí el papel circula como en un concierto de Los Chunguitos. Sólo que éste es higiénico. Las chicas se desperdigan alegremente con su rollo por las tierras castellanas apropiándose de uno de los últimos valores masculinos: la libertad de mear donde sea.
6. Es duro ser sólo un hombre solo. Seguimos hasta el Parque de Aventura Pino a Pino. Allí hay cables que van de árbol a árbol, puentes de madera suspendidos a muchos metros de altura y gritos salidos de lo más profundo de la maleza. Antes de que mi intuición me diga que es hora de huir, me veo con un arnés que realza mi paquete frente a 20 mujeres dispuestas a todo. De momento, a hacer un circuito por todo lo alto del bosque. Soy un tío. No puedo quedar como una nenaza. Qué narices, me voy con ellas al más difícil.
7. Quedas como una nenaza. Mientras ellas desaparecen risueñas entre la espesura, yo trato de vencer mi vértigo en el primer puente bailante. Tengo ganas de abandonar pero no puedo. No hay salida. Dos horas y tres litros de sudor después, acabo el recorrido. Ellas llevan un buen rato sentadas.
8. No hay quien te rescate. Sólo una, Sonia, diseñadora gráfica del Poble Sec, lo ha pasado tan mal como yo. O quizás no. Ha abandonado y se ha dejado caer en los fornidos brazos de uno de los monitores del parque. No sé porqué, creo que ella lo ha hecho porque estaba él. No sé porque, creo que él no me habría rescatado a mí.
9. Te arrepientes de no haber sido boyscout. Hay que montar las tiendas de campaña en las que dormiremos por la noche. Mis vecinas de pasto me preguntan cómo se hace semejante cosa. Creen que soy el tío de Bricomanía, no saben que yo he aprobado mi examen copiando. Les respondo un par de vaguedades y me voy corriendo a cenar orgulloso de haber instalado mi primera tienda y con cierta preocupación por el futuro de la de mis vecinas.
10. Comen como limas. Tras un costillar a mediodía, la cena consiste en torreznos, chorizo y demás productos de la tierra (Soria). ¿Quién dijo dieta?
11. Beben como cosacos. Resulta que la chica de Indiana Jones no es la única que puede tumbar a vodkas a un explorador. Mis 20 compañeras se bajan un número equivalente de botellas de vino. Con Casera, eso sí.
12. Hablan de política. Tras semejante festín, me las prometo muy felices. Pero, en vez de hablar de sexo, se ponen a discutir, entre madrileñas y catalanas, de política lingüística. Uf, creo que no es mi día.
13. Son tías muy duras. Aprovecho para charlar con Carme, la médico de la organización que también lo es de la selección de waterpolo. Me cuenta que, aunque hay de todo, las chicas se quejan menos que los chicos. Una vez el rally se hizo con hombres y los tenía a todos llamándola a cada rato.
14. No van preparadas… ¿O sí? Pregunto a Carme por lo que lleva en el botiquín: aspirinas, antinflamatorios, Tampax, aguja e hilo por si hay que coser. ¿Anticonceptivos? “No, que cada una se las apañe”.
15. Yo tampoco. Pero creo que va a dar igual. Estoy en el campo, bajo las estrellas y a la vera del río Torralba. Es de noche y a mi alrededor hay 20 chicas excitadas por el vino y la normalización lingüística. Otra vez estoy en el momento y el lugar en que el lector desearía estar. Pues que venga el lector. Yo sólo quiero dormir. Estoy hecho puré.
16. No duermen. Entro en mi tienda, cierro los ojos y otro descubrimiento: las mujeres prefieren hablar a dormir. Incluso prefieren hablar a que durmamos los demás. Pienso en alistarme en la Legión. No puede ser más chungo que esto.
17. Y, sin embargo, se orientan. Por la mañana decido integrarme y me meto en uno de los coches con Sonia, la diseñadora gráfica que cayó en brazos del monitor, y Raquel, la piloto. Resulta ser la pareja perfecta. Mientras Raquel conduce siguiendo el procedimiento, Sonia copilota perdida en sus pensamientos. Cuando le toca a Sonia el volante, Raquel vuelve a seguir el protocolo y se maquilla y se da cremas sin atender a la hoja de ruta. “Hemos montado un spa en un segundo”, dice. Lo curioso es que no nos perdemos. Y no es fácil. Los caminos, muy chulos, son de arena y barro. Algunos están ocultos por la yerba. Los desvíos sólo se encuentran siguiendo al detalle la hoja de ruta. Otro mito que cae: las tías se orientan. A su manera, pero se orientan.
18. Tocan demasiado el pito. Puede que para algunos nunca sea demasiado, pero yo no soy taxista. Dejamos un momento el territorio 4×4 con motivo de un acto oficial. Nuestra entrada en Soria es de las triunfales, escoltados por la policía municipal de camino al Ayuntamiento, repartiendo folletos con información sobre el cáncer de mama (el Raid sirve de plataforma de comunicación a la Asociación Española Contra el Cáncer) y tocando el claxón sin piedad. Todo muy femenino. A la salida, Raquel y Sonia tiene algo que contarme: “Hemos ligado con el de prensa”. Qué bien, ya soy una más.
19. Pierdes tu autoestima. Seguimos por la Ruta del Cid aunque no me imagino a un campesino mirando las piernas al campeador. Paramos para pasear el papel higiénico y un lugareño nos recuerda que por esos caminos no se puede ir rápido sin quitar ojo del culo de las chicas. Me siento mal. A mí nadie me mira.
20. Salvo que seas el maillot amarillo. Otra vez en el camino, las chicas deciden sincerarse. Por fin hablan de sexo. De gustos. A una le van los hombres de uniforme: de militares a guardias jurados. Es curioso pero lo había oído antes. Lo bueno viene ahora. A otra le tiran los ciclistas. “Tienen el mejor cuerpo”. Mi imaginación se llena de esforzados de la ruta subiendo el Alpe d’Huez, con sus gemelos afilados como navajas, sus bracitos de muñeca y su bronceado intermitente. Vaya, qué pena. Justo cuando estaba empezando a no entender absolutamente nada de las mujeres, tengo que marcharme. Yuhu.
21. Te sale caro. Sé que había prometido 20 razones, pero 20 días después de llegar a casa, se me ocurre una más. En realidad, se le ocurre a la Dirección General de Tráfico. Me llegan dos multas por exceso de velocidad. Ya sabes, si alguna vez te ofrecen ir en un rally con 20 mujeres, simplemente di no.




Me sigo descojonando igual que cuando lo lei por primera vez. Sará por el alzheimer y tu escritura, pero desde ahora, hasta parece que lo pasamos bien.
Lo mejor, desde luego, el viaje de ida y vuelta, multa a parte.
Ah, que era un refresco. Yo pensé que os habían engañado otra vez.
Te sales.
Eres un crack!
Me descojono…
Y te juro que te envidio por la experiencia y el viaje en sí -el cañón del Río Lobos tengo ganas de conocerlo- en todoterreno…
El tema es 100 veces más divertido que el de El País (para hip hop. el mío!)
Abrazo
Eres un pirata del alhambre! Grande Pedro…
me gustaria tenr informaciòn sobre las actividades a realizar